viernes, 30 de diciembre de 2016

Sacando a la luz

Si todo va bien, en 2017 saldrá a la luz algo que lleva dos años cocinándose a fuego lento. Tras un largo tiempo atravesando portales y escuchando historias creo que he logrado tener todos los ingredientes. Y la prueba ha gustado. 

Así que espero que cuando comience la primavera, como el oso que se despereza y sale a estirar las piernas, un nuevo libro atraviese esta portalada, en representación de los que durante siglos lo hicieron a diario, y os revele una historia que creo fundamental conocer, si queremos entender los paisajes y la idiosincrasia de nuestro Prepirineo.



jueves, 22 de diciembre de 2016

FELIZ ENTRADA EN 2017

Contaban que los indios Muclasse celebraban el cambio de año en su "busk" o "fiesta de los frutos" (1), donde realizaban un ritual que puede recordar a muchas otras culturas.

En este caso limpiaban casas y cuadras del poblado, arrojando todo lo viejo a una hoguera común que permanecía ardiendo durante tres días, en los cuales ayunaban.  Al cuarto día el chamán apagaba la hoguera, encendiendo un nuevo fuego del que se proveían todas las casas.

El nuevo año.  Renacer de nosotros mismos


La idea de empezar de cero en el nuevo año queda patente en la quema de lo viejo y el encendido de un nuevo fuego, además de la purificación mediante el ayuno.  En la actualidad creo que esta idea persiste, reducida a su mínima expresión, en los llamados "propósitos para el nuevo año".

Ello me recuerda una preciosa canción de los Grateful Dead titulada "Ripple" (bonita versión en este enlace), con una letra que nos cuenta más de lo que en un principio parece y que es perfecta para esta ocasión:

“Reach out your hand if your cup is empty
If your cup is full may it be again
Let it be known there is a fountain
That was not made by the hands of men”

(Es decir, que tanto si tu copa está vacía como llena, puedes estirar tu mano y rellenarla.  ¿Donde?.  En una fuente, no hecha por manos humanas)

Así que ésto es lo que os/me dejo de deberes para el nuevo año: Buscar esa fuente que nos llene.  No os extrañe si al encontrarla descubris que no es nada fabricado por el ser humano.

FELIZ 2017

Encuentra una fuente donde recargar


(1) "Travels through North and South Carolina, Georgia, East and West Florida and the Cherokee Country". William Bartram (1739-1823).  De "Walden", H.D. Thoreau.

martes, 13 de diciembre de 2016

En camino


Ojalá su sendero esté siempre igual de nítido.  
De momento me conformo con mostrarle los caminos que conozco, con la esperanza de que dentro de unos años, cuando esté frente a ellos y los encuentre más vestidos, recuerde la ruta y sepa desemboscarse sola.
Felices cinco, mi chica.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Cajico de Ayés

En la Pardina de Ayés existe un viejo cajico, un nombre con el que se conoce al roble quejigo (Quercus faginea, Quercus cerrioides) en el Altoaragón.  Se trata de un precioso ejemplar perteneciente al género más familiar y característico de nuestra piel de toro, los Quercus.

Pardina de Ayés, un faro en la sierra

La Pardina de Ayés la encontramos a medio camino entre Rapún y Abena, en el Prepirineo central oscense y a la vista de la omnipresente Oroel.  Afortunadamente, en este caso no ha sido relegada al abandono y actualmente podemos disfrutar de estos edificios, convertidos en Casa Rural.


 Rapún, emergiendo de entre las brumas como en un cuento de Tolkien

En cuanto al árbol, hay que aclarar que los distintos Quercus que colonizan la península son las respuestas de este organismo al ambiente que le rodea.  De esta manera, Quercus se transforma para afrontar desde las condiciones húmedas del norte (robles carballos, de hoja caduca) hasta las plenamente mediterráneas (encinas y coscojas, perennifolios), pasando por una amplia gama de intermedios (rebollos, melojos, quejigos y similares, en muchos casos marcescentes).  

El problema para nuestras clasificaciones es que en zonas de condiciones intermedias, donde se solapan distintas especies, podemos encontrar ejemplares conviviendo e incluso hibridándose entre ellos (el mismo Q. cerrioides es un híbrido).  El lío de los robles y estos híbridos (también conocidos como "Mestos") es tan inmenso que, al curioso, le dejo en este enlace una buena muestra de casuística.  

 Cajico de Ayés y Peña Oroel


El gran inconformista Thoreau, siguiendo un proverbio latino, nos contó el dicho "Ex oriens lux, ex occidente frux", es decir, "de oriente la luz y de occidente el fruto"; en referencia a los grandes maestros asiáticos de la ciencia y la filosofía.

Me vino a la mente esta frase al visitar al más que centenario cajico, ya que pude comprobar cómo esta maravilla me proporcionaba ambas a la vez, luz y fruto.

Cajico "en luz y fruto"

El suelo estaba muy removido por los jabalíes, que se debían haber pegado la noche foriconiando en busca de bellotas.  Pero aún quedaban muchas por las ramas y por entre la hierba, así que estuvimos un rato hablando sobre ese árbol y los frutos que nos ofrece, como bellotas, miel, leña o sombra.  Creo que debemos transmitir todos estos valores a las nuevas generaciones, intentando que la empatía y el respeto dejen de ser palabras en desuso.

Aunque solo sea porque no hay que morder la mano que te da de comer.  Que no es otra que nuestra madre tierra.

 Para respetar algo, el primer paso es conocerlo

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El Corro de las Brujas de Lizara

El Corro de las Brujas es un rodal de tejos que encontramos en el camino hacia Lizara, en Aragüés del Puerto; aunque para comprender por completo el significado de este pequeño rincón deberemos antes conocer la singularidad de la especie que lo forma.

Vida y muerte.  Así podríamos definir lo que representa el tejo o tacho (Taxus baccata) en la tierra.  Es un árbol que arrastra leyendas desde el inicio de los tiempos, tal vez por su infinita longevidad, su apariencia sobria, su tendencia a aparecer en solitario en el bosque, su toxicidad o por una unión de todo ello (como curiosidad, el hombre de Ötzi cazaba por aquellas montañas con un gran arco de tejo, junto al cual fue encontrado).

Viejas hayas acompañan a este rodal

Los pueblos celtas dejaron la herencia de veneración al tejo desde Britania a Bretaña y Normandía o, más cercanamente, en Asturias, Galicia, Cantabria o LeónDe hecho, cualquier acontecimiento importante (asambleas de los concejos, juicios, juramentos y rituales varios) se celebraba bajo su copa.

Su alta toxicidad también hizo que incluso fuera usado por los pueblos cántabros como método de suicidio.  Incluso se especula con que esta elección no fuera casual sino ligada a algún ritual, dado el mencionado carácter sagrado que tenía en todos estos pueblos.

Arilos (falso fruto) de tejo, la única parte no tóxica

A su llegada, el cristianismo trató de sacralizar los viejos puntos de veneración pagana construyendo templos a su lado.  Tanto lo intentó, que incluso podemos encontrar capillas construidas dentro del propio tejo, como la normanda Sainte Anne des ifs.


Sainte Anne des ifs (foto de wikipedia)

Es por ello que tradicionalmente se ha visto a esta especie unida a ermitas y cementerios (como pudimos ver en "Un monstruo viene a verme").  Incluso cuentan las leyendas que el tejo dirige una raíz hacia la boca de cada una de las personas enterradas en el cementerio donde se erige, haciendo así de puerta hacia el otro mundo.

Musculoso tronco de tejo

Pero también hay que destacar que, paradójicamente, está íntimamente a la vida.  En los años 60 se obtuvo el Paclitaxel (Taxol), un potente fármaco usado en el tratamiento del cáncer, a partir de la corteza de tejo.  Afortunadamente se ha podido sintetizar en laboratorio, ya que hacían falta 10 kg de corteza de tejo para obtener un gramo de Paclitaxel.

Sobriedad del tejo

En nuestra zona pirenaica ni de lejos podemos disfrutar de tejos como el de Bermiego (por tamaño) ni tejedas como el Teixadal de Casaio (por extensión), de marcado carácter atlántico (para saber más, podemos consultar el ingente trabajo de la Asociación A Morteira).  No obstante, el Corro de brujas de Lizara es un rodal más que suficiente para familiarizarnos con la especie.

Eléboro a la entrada del Corro de las Brujas.  Parece que estaban bien surtidas en sus reuniones.

Tal vez sea un rodal testimonial, pero la forma en que están distribuidos varios de estos árboles parece simular un corro, por lo que la leyenda estaba servida.  En mi visita incluso parece que el tiempo acompañó para imbuirme más de esta atmósfera, ya que no encontré un alma en toda la mañana y corrían grandes rachas de viento, lo que generaba un gran murmullo en las copas de los árboles.  Suelen ser muy ventosos todos estos lugares bautizados con nombres como "revuelta de las brujas", "corro de las brujas", etc; donde se supone que se reunían estas pobres mujeres en sus aquelarres.


El Corro da entrada a los Macizos de Bernera y el Bisaurín

Tras refitolear un buen rato por el Corro decidí completar la excursión viendo algo del camino que desde Aragüés del Puerto remonta el río Osia, pasando por Labati.  El aspecto sombrío del Corro de las Brujas se tornó en un derroche de colores de arces, tremoletas, avellanos, serbales, hayas, cajicos y un largo etcétera.

Precioso caballo hispano bretón


Bucólicos prados

El bosque mixto se abri en varios tramos a lo largo del camino, dejando a la vista numerosos prados de siega.  Todo un disfrute para los sentidos.  Resumiendootro lugar a tener en cuenta en nuestras visitas por Lizara.

Detalle de hojas de arce en el río Osia


Sendero de Labati


Bordas

 Foto aérea de localización del Corro de las Brujas.  A la izquierda, refugio de Lizara

lunes, 24 de octubre de 2016

En un metro de bosque



Mi recomendación de hoy va sobre un libro tan interesante como extraño. Os hablo de “En un metro de bosque”, de David George Haskell.  Una formación de biólogo y unas aficiones propias de un budista dan como resultado una mezcla muy atractiva.

Su idea fue acudir a lo largo de un año a un bosque primario cercano (Tennessee), sentándose siempre en la misma roca y observando lo que ocurría en un pequeño círculo a su alrededor, lo que él llama el mandala.


 El resto de la realidad comienza a difuminarse y alejarse conforme nos concentramos

Siempre me provocó experimentar algo similar, así que aproveché este fin de semana que anunciaban lluvias por doquier, para sentarme en un pequeño vallecito, cercano y suficientemente tranquilo para probar su recomendación.

Cualquier bosque primario será más sugerente que las zonas que tengamos a mano, pero seguro que podremos intentarlo a nuestra escala.  Y seguro que nuestra percepción aumentará conforme perseveremos.

 El libro en cuestión

En este pequeño ejemplo, aprovecho que el otoño nos revela partes del bosque que muchas veces nos pasan inadvertidas.  Los pequeños bosquetes de galería y manchas de caducifolios, que en primavera se camuflan más fácilmente entre el pinar o el quejigar, se nos muestran ahora con todo su esplendor en tonos amarillos y rojos.  De hecho, justo enfrente y aprovechando el paco de una pequeña vaguada, las hayas han ido ganando el terreno a los pinos silvestres.  Cuando hayan desplegado su dosel de hojas, poco podrán hacer ya los pinos por recuperar su espacio.


 Estrecho vallezuelo donde me senté

Al sentarme reparo en una curiosidad.  Tras las lluvias un caracol ha salido a dar una vuelta y ha decidido pararse en una roca.  Rocas que en estas zonas de la sierra de Guara están llenas de nummulites, pequeños fósiles que delatan los tiempos en que todo esto era un mar.  Me resultó curioso el caracol parado sobre minúsculas conchas de otros que, como él, decidieron pararse ahí hace millones de años.


 Vaguada con manchas de hayedo


Pude diferenciar los cantos de diferentes pájaros (el número se incrementó conforme pasaba el tiempo) e incluso observé un grupo de cuatro o cinco carboneros que rebuscaban trepando y destrepando por los troncos de los pinos.

Por encima de mi observé un mostajo en fruto, así que rebusqué por entre el matorral, y enseguida encontré restos de estos y otros frutos, procesados por algún vecino del entorno.  Buitres y milanos sobrevolando, nubes lamiendo la ladera…. El listado de todo lo que puede llegar a nuestros sentidos es infinito.

 Mostajo

Por supuesto, todo aderezado por el intenso olor a tierra mojada que proporcionan ciertas esporas inofensivas que se desprenden con la lluvia.  Existe también una molécula llamada geosmina, que desprenden diversas bacterias con la lluvia y nos provoca esa sensación tan agradable a tierra mojada.  Se sospecha que es esta molécula la que detectan los animales que buscan agua, por lo que tal vez este olor recale en partes antiguas de nuestro cerebro, que guarden algún vestigio de cuando el hombre tenía que buscar su sustento igual que el resto de los animales.

 Restos de bellotas comidas

En definitiva, fijarnos en los pequeños detalles para poder comprender la complejidad del ecosistema en el que nos encontremos.  Este libro desde luego ayuda.

 Primer plano de musgo colonizando la corteza de pino silvestre

lunes, 12 de septiembre de 2016

Pardina de Carcavilla

Os presento algunos detalles de un artículo que amablemente me publicaron en APIAC, la revista de Ayerbe y comarca.  Hablo de un lugar tan a la vista como desconocido, que podemos contemplar unos metros más abajo de la presa del Pantano de La Peña. 

Pantano de La Peña

La Pardina de Carcavilla es un enclave heredero de una larga serie de avatares en los que incluso los historiadores difieren; aunque lo que sí parece estar claro es que en el lugar donde ahora se levanta la central no debió haber ningún asentamiento medieval. Un poco más al norte, donde ahora encontramos un corral (Lat. 42º 22’ 34’’ N / Long. 0º 44’ 33’’ W) parece que descansan las ruinas de la iglesia de Cacabiello, de ahí probablemente que en los mapas del IGN y otros aparezca la denominación “Pardina de Cacabiello”. 


Carcavilla

La serie de edificios que vemos desparramados por la ladera, tal vez por confluir aquí distintas historias, crean confusión.

A finales del s.XIX, Carcavilla era una pardina propiedad de la familia Otal con uso principal previsiblemente ganadero, es decir, que no estaba habitada. Carcavilla pertenecía por aquel entonces al término de Ena, enclavado entre Riglos, Murillo y La Peña. 

Carcavilla, antiguo término de Ena.  Fuente: IGN


En 1887 y ya con una vivienda construida se instaló en la pardina el matrimonio formado Francisco Muñoz Campos, natural de Biel, y Plácida Lazcorreta del Buey, natural de Agüero; acompañados de al menos 7 hijos, todos ellos nacidos en Biel.

Podemos imaginar las condiciones de vida de la época siguiendo las vicisitudes de este matrimonio. Al poco de llegar, el 26 de abril de ese mismo 1887, falleció su hija Simeona con 8 años. Al año siguiente nac otro hijo, Cándido, que fallec pocos meses después, ese mismo 1888.  La desgracia no dejó de cebarse con la familia, ya que se repitieron las circunstancias con otros dos hijos, Consuelo (que nac en febrero de 1890 y falleció en diciembre de 1891) y Elodia (nac y falleció en 1891, con un mes de edad).

En primer plano, vivienda de la familia Lazcorreta.

Plácida Lazcorreta del Buey era la hija mayor de Mariano Lazcorrreta Luis, un médico-cirujano de Bolea y Simeona del Buey Lacasta, natural de Santa Eulalia de Gállego. Como en tantas otras casas, el primogénito varón de los Lazcorreta-del Buey, Pascual, continuó con el trabajo de médico-cirujano de su padre; mientras el segundo hijo, León, se hizo sacerdote, ejerciendo por Arbués y Javierrelatre y llevando como casera a su otra hermana, Gregoria.

En 1897 y pese a la mala suerte con la descendencia del matrimonio pardinero, Gregoria Lazcorreta del Buey, hermana de Plácida; decidió comprar la pardina a la viuda de Otal.

Por aquellas fechas ni siquiera estaba construido el pantano de La Peña, aunque la zona estaba bastante activa. Alrededor de 1860 se había finalizado la carretera de Zaragoza a Jaca, con lo cual ya podía circular el tráfico de diligencias y carruajes. Y en 1893, recién construida la línea del ferrocarril, pasó la primera locomotora con destino Jaca.


De izquierda a derecha: Capilla, edificio pardinero y venta. El resto de edificios de este enclave, como el que vemos detrás, están ligados a la central.

Los acontecimientos se sucedieron con rapidez y dos años después de la compra, el 14 de noviembre de 1899, los hermanos Lazcorreta-del Buey vendieron parte de la pardina al Conde de Gabarda por 750 pesetas. Concretamente el paraje llamado “La viñona”, donde el conde pretendía construir “una casa de máquinas para fuerza eléctrica”. Será el origen del aprovechamiento eléctrico de Carcavilla, que obtiene electricidad mediante el salto de un agua que, proveniente del río Gállego (próximo a su confluencia con el Garona), atraviesa el monte en una tubería enterrada y vuelve a caer al Gállego a los pies de la pardina (¡Recordemos que el salto de Carcavilla no tiene nada que ver con el pantano de la Peña!)

Como curiosidad, el 24 de agosto de 1904 se logró transportar energía obtenida en Carcavilla hasta Zaragoza, mediante una línea de alta tensión, siendo por muchos considerado como el primer transporte de energía eléctrica en corriente alterna de España.

Pese a estar conviviendo ya con la Central, la pardina siguió muy activa. De hecho, entre finales de 1906 y 1907 se construyó una casa adosada a la vivienda pardinera, con función más que posible de venta. Todo ello de seguro girará en torno al gran movimiento de obreros que había en la zona con motivo del inicio de las obras del Pantano de la Peña. 

La belleza también presente en lo pequeño

Con el paso del tiempo el primogénito del matrimonio, Federico Muñoz Lazcorreta, se casó con Trinidad Otín, natural de Gésera, y pasó a hacerse cargo de la pardina. Su hermano León se quedó de “tión”, aunque acabó también casándose.

Finalmente, la familia Muñoz-Lazcorreta vendió la pardina de Carcavilla a ERZ en 1928A partir de la venta a ERZ ya no hubo pardineros en Carcavilla, aunque los terrenos siguieron usándose, por ejemplo, como pasto para la dula (el ganado común) de Riglos.  Los antiguos edificios actualmente tienen todos uso como vivienda vacacional.