sábado, 27 de abril de 2013

Larrosa (Huesca)

Hace unos meses estuvimos dando una vueltecilla con unos amigos por Larrosa, así que he recuperado este texto de mi anterior blog.  El texto original está sacado de “La Garcipollera, memoria de un valle”.  En él encontramos a Larrosa, un pueblo comprado por Patrimonio Forestal del Estado (para más datos, el DVD “de pinos y penas”).  

Acín, camino de Larrosa

Os pongo un resumencillo, porque da detalles que te hacen imaginar la forma de vida. Es una situación que parece muy lejana, pero que la vivía gente hace pocos años y que nos expone el porqué de las migraciones de mediados del s.XX.  En algunos casos forzadas, pero en otros muchos hechas en pos de una vida más fácil. 


Larrosa está en la Garcipollera, a 1050 metros de altitud, a 2 km de Acín y a 106 km de Huesca. El pueblo se organizaba en torno a dos calles en las que se alineaban las 18 viviendas. En el momento de la venta del pueblo, 11 estaban habitadas y 7 habian sido cerradas, bien porque sus propietarios emigraron a Francia o a Sabiñanigo, bien por extinción de los descendientes.


Las viviendas, en general, solían constar de 4 plantas. En la planta baja había un patio, bodega, trastero y cuadra. En el primer piso se encontraba la cocina, con hogar y fregadera, un comedor y una habitación. La segunda planta dormitorios y la tercera era la llamada "falsa”. Carecían de agua corriente y servicios higiénicos.

En cada casa, a ambos lados de la puerta de entrada, había bancos de piedra donde los hombres y mujeres descansaban al volver del trabajo y donde, en verano, solían "tomar el fresco". 

Cada “Casa” tenía otros edificios. Unos los dedicaban a granero, horno para cocer pan -había uno en cada casa- y depósito de herramientas agrícolas. Otros la destinaban a la estabulación del ganado vacuno, en invierno, y del lanar en las noches de lluvia o tormenta; y para almacenar el forraje, paja, alfalfa... para el ganado.



Vista de las casas de Larrosa

En el año 1950, cuando aún no se había marchado ningún vecino, contaba Larrosa con 57 vecinos. Los acuerdos se tomaban en concejo abierto, reunidos en asamblea en la Casa del Pueblo todos los vecinos. Las decisiones que se tomaban afectaban, sobre todo, al arreglo de caminos, acequias de riegos, corte de leña (con la que se hacían lotes iguales para cada vecino para el hogar)... El último alcalde y presidente de la Junta vecinal fue don Saturnino Calvo Cajal, hoy residente en Barcelona. 

En Larrosa existía, en 1925, una escuela vieja, lóbrega y humeda. El pueblo acordó construir una nueva en las afueras del pueblo, por lo que fue rehabilitada con la aportación de todos los vecinos. El local destinado a escuela se preparó en la planta baja, con aseos, y en la primera planta se habilitó la vivienda del maestro. 

La última maestra que estuvo al frente de la escuela fue doña Nieves Lucía Dueso, el curso 1957-58. Al cerrar la escuela ingresó como monja en la congregación de Santa Ana, en cuyo colegio de Sabiñanigo permanece en la actualidad. 
El invierno hacía especialmente duro el prestar el servicio sanitario a estos pueblos de la Garcipollera pues, excepto Borau y Aratorés, todos carecían de carretera. El médico debía utilizar en sus desplazamientos caballerías y caminos de herradura. Incluso los enfermos tuvieron que ser trasladados hasta Castiello, a través de la nieve, en improvisadas camillas hechas en el pueblo, a hombros de varios hombres. 

Los Bacunes, punto de referencia en el camino por la Garcipollera

El servicio de correos era realizado por un "peatón-cartero" que hacía el trayecto de Larrosa a Jaca, ida y vuelta, cada día. En aquella fecha en Correos tan solo se descansaba el día de Navidad. Era un recorrido de 30 kilómetros que se efectuaba a pie. Ni siquiera en invierno, con grandes nevadas, se interrumpía el servicio, pero el cartero debía ser acompañado de un pueblo a otro por dos hombres, hasta llegar a Castiello. 

En 1926 los candiles de carburo dieron paso a la luz eléctrica, procedente del molino propiedad del vecino de Villanovilla Don Prudencio Betrán, que daba luz a todo el valle.



Villanovilla, con el omnipresente pinar de fondo

Por ello, cuando en los veranos de mucha sequía no había agua en el río Ijuez (el que baja de Iguácel) tampoco había luz. La ermita de Santa María de Iguacel, perteneciente a la parroquia de Larrosa, fue fundada por el conde Sancho Galíndez, Señor de Larrosa, en 1072. 

  Imprescindible la visita a la ermita de Iguácel.


También había una Cofradía integrada por todos los vecinos mayores de 12 años. Tenía como finalidad atender las necesidades de los enfermos en los últimos momentos de su vida. Se llevaba un turno rigusoso entre los vecinos, los cuales debían hacer compañía a la familia del enfermo, por las noches, hasta su muerte.

En las fiestas patronales los actos civiles se centraban en las rondas por las calles y bailes. Había baile antes de comer, por la tarde y por la noche. Los músicos venían normalmente de Acumuer y tocaban sobre todo guitarra y violín. 

Iglesia parroquial de San Bartolomé, en Larrosa

Además, se organizaban pruebas y juegos para los jóvenes. El primer día por la tarde se celebraba una carrera pedestre consistente en dar 20 vueltas en una era alrededor de sillas. El ganador obtenía como premio dos pollos (las antecesoras de las actuales “carreras de pollos”).

LA VENTA DEL PUEBLO 

En 1955 el gobierno estaba decidido a desarrollar un plan de repoblación forestal en los Pirineos, por lo que se reunieron con los vecinos de todos los pueblos afectados y comprobar si estaban dispuestos a vender las propiedades amistosamente, o se debería llegar a la expropiación forzosa. 

Desde la primera reunión se pudo comprobar que más del 80% de los vecinos estaban dispuestos a vender amistosamente. Las circunstancias sociales en que se encontraban les hicieron vislumbrar en esta propuesta una posibilidad de reiniciar una vida con más futuro en otras ciudades: la emigración cada vez mayor de los jóvenes, el envejecimiento de la población, los escasos beneficios que reportaban las actividades agrícolas y ganaderas, la ausencia de medios de comunicación... El primer pueblo que dio la conformidad fue Yosa el dia 21 de marzo de 1956. Le siguieron Larrosa y Acín que vendieron todas sus propiedades. Villanovilla, que firmó el 25 de noviembre, y Bergosa se reservaron la propiedad de las viviendas y las fincas próximas a dichos pueblos. En Bescós sólo un vecino no vendió su vivienda y tierras. 

Los montes comunales fueron vendidos y su importe fue repartido a partes iguales entre todos los vecinos.
El ayuntamiento de Jaca facilitó viviendas a todos los que las solicitaron en el barrio de la Estación. Los inquilinos debían pagar una amortización módica durante 50 años para pasar en dicho tiempo a ser propietarios. También les fue facilitado trabajo en el ayuntamiento y en otras empresas. La mayoría de los que se instalaron en Jaca procedían de Bescós y Villanovilla. 

Sepultura de Juan Pedro Calvo y sus herederos

Una curiosidad, que encontramos en "Raíces del Alto Aragón", de Ricardo Galtier-Martí; es la historia sobre el inquilino de la tumba que podemos ver aún en la Iglesia de Larrosa.

Pertenece a Juan Pedro Calvo Iguácel, una de las dos familias infanzonas del lugar.  Juan Pedro nació el 24 de abril de 1733 y falleció, según podemos ver en la sepultura, en 1786.  Probablemente el suelo de la iglesia se cubrió con maderas, según las costumbres de la época, por lo que la tumba quedó oculta hasta el año 1985, cuando la Asociación Sancho Ramírez de Jaca la descubrió.

Otra curiosidad, de la que ignoro los protagonistas, la encontré en una noticia publicada en el semanario "El Pirineo Aragonés", de Jaca; publicada el 17 de diciembre de 1904:

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“Noches pasadas se hallaban en el cercano pueblo de Larrosa varios muchachos entretenidos en hacer una hoguera junto a las casas y, para ahuyentarlos de diversión tan peligrosa, un vecino les lanzó una piedra, con tanta desgracia, que dio a uno en la cabeza y de sus resultas murió al día siguiente.  El agresor se halla en la cárcel de este partido, en expectativa de la responsabilidad que pueda (…) el sumario.” 

lunes, 15 de abril de 2013

Gratal (Huesca)


La Hoya de Huesca esconde pueblecitos tan cercanos y tan desconocidos como Gratal.  Su existencia, en la falda sur del pico, queda delatada únicamente ya por las ruinas de una pequeña iglesia y unos cuantos muros espaldados.  Para encontrarlos, hay que meterse en la pista que va a unas granjas justo enfrente de la entrada de Puibolea o Pueyo.  Siguiendo dicha pista está el antiguo pueblo.

No se encuentran casi datos de Gratal, pero su existencia siempre estuvo ligada a la de Puibolea, por lo que atendiendo a la historia de Pueyo podemos descubrir algo de este pequeño lugar.
En la historia de Pueyo y de Gratal encontramos un capítulo muy curioso, que relata Antonio Durán Gudiol.

Los lugares de Puibolea y Gratal fueron reconquistadas definitivamente en 1101, pero su población musulmana no emigró.  De hecho, fueron fieles a su religión islámica hasta 1526, en que fueron obligados a bautizarse.
Aún después de bautizados, fueron finalmente expulsados  en 1610, por lo que estos lugares quedaron despoblados y cerradas las casas. 
Puibolea y Gratal fueron donados al Monasterio de Loreto.  Así, consta que el entonces prior de Loreto, el Padre Osca, toma posesión de la iglesia de Puibolea, el horno de cocer pan, el molino de aceite y el granero.   Y del “término y pardina llamada Gratal, con las salinas, tejar y calcinera”.

Después de expulsar a los habitantes, todos moriscos, se repuebla el 8 de diciembre de 1611 con 15 familias de cristianos viejos, procedentes de Biescas, Arguis, Apiés, Poleñino, Used, Secastilla, Huesca, Barrachina, La Almolda, Lierta, Aniés, Igriés y Bolea.
Así, el notario Juan Crisóstomo Canales, de Huesca, anota una a una las donaciones.  Por ejemplo:
“A Gaspar de Lanuza, de Biescas, (se le donan) los bienes del morisco Rodrigo de Castro: 1 casa lindante con la mezquita, 1 era, 2 suertes de olivar, 1 huerto, 1 viña, 1 viña tapiada, 15 cahizadas y 30 barcillas de tierra”.
Los nuevos repobladores tienen una serie de derechos y deberes, que quedan también reflejados en el escrito del notario, entre ellos:
-         Libertad de gozar de los riegos y leñas del monte de Gratal.
-         Facultad en dicho término de Gratal de hacer leña de coscojo y carrasca necesaria para vuestras casas y no en otra manera.  Para ello, cada casa dará a Loreto dos fanegas de trigo en agosto.
-         Licencia de hacer azudes en el término de Gratal, para traer agua al término de Puibolea.  Regarán desde el viernes al salir el sol hasta el lunes salido el sol en cada semana.
-         Si en tiempos venideros el convento de Loreto hiciera molino harinero en Puibolea o Gratal, los vasallos tendrán la obligación de moler en dicho molino.

Cuatro años más tarde también encontramos que, “el día 15 del mes de enero de 1616 se bajaron las campanas de la iglesia de Gratal y el rector de Gratal se quejó porque las habíamos bajado”.

Lo más curioso es que muchos de los derechos y deberes que se establecieron en aquella época continuaron hasta el siglo XX. Así, gente de Pueyo (conocida, por cierto, con el mote de moros) cuenta como en los años 40 aún tenían el derecho a coger toda la leña que querían del monte de Gratal, y a cambio, el dueño de dicho monte, entonces un tal Rufas, pasaba por las casas una vez al año y recogía una cantidad de trigo que tenían pactada.

Además, el agua de Puibolea es salada, por lo que también seguían yendo a Gratal a coger el agua.  En Gratal hay dos barrancos, uno con agua dulce y otro con salada, que se juntan; por lo que debían ir con caballerías a coger el agua dulce antes de que se juntase con la salada.
Ahora el agua ya baja entubada, pero entonces la recogían directamente, por lo que podía estar contaminada por el paso y las deyecciones de los ganados que había en Gratal.  Se decía entonces que “sabía a uñeta”.

En aquella época ya no había nadie viviendo en Gratal.  El antiguo lugar de Gratal era entonces conocido como “La Iglesieta" y únicamente había una familia, que tenía arrendada la llamada Casa de las Salinas de Gratal (más abajo del pueblo original), para explotación agrícola y ganadera, sin sacar la sal.  Con respecto a estla Casa de las Salinas, el único dato que conozco es la ocupación en 1807.  Ese año vivían Angelo Ascaso y Maria Paula Castán, que ya estaba enferma y finalmente muere, sin descendencia

Gratal aparece en el Fogaje de 1495 con un único fuego, es decir, una casa, habitada por la familia Carnoy.  Su población máxima no pasó de 38 habitantes (1857) y está ya deshabitada en 1940 (según Ubieto Arteta).


Agradecimientos a Cristian Laglera por su foto de Gratal.

martes, 9 de abril de 2013

Arraro. Sierra de Guara (Huesca)

Lugar bastante cercano a Huesca y excursión tan corta como poco frecuentada.
La existencia de lugares como Arraro hay que entenderla desde una perspectiva histórica, ya que conforme va avanzando la Reconquista, se van creando poblaciones y fortificaciones que afiancen el territorio, a lo largo de toda la sierra prepirenaica.  Todo ello preparando el asalto final al gran hito: La Conquista de Huesca.

Así, encontramos el Castillo de los Santos en Sevil, el Salto del Roldán, Ordás…
En este caso, Arraro es hoy lo que queda de una bonita ermita románica perdida entre la maleza. 

Para  llegar, recomiendo ir desde Santa Cilia de Panzano, siguiendo la subida a Ballemona. 

 Huellas de varios animales, camino de Arraro

 Actualmente está balizada con postes, por lo que solo hay que seguir éstos.  Hay un primer desvío al principio de la subida a Ballemona, marcado como un camino en los mapas, pero se pierde rápidamente por lo que es mejor seguir el camino balizado, que es el mejor conservado.
Ya desde la pista de Santa Cilia, y para tener claro donde vamos, hay que tener en cuenta un puntón de conglomerado que destaca entre un denso pinar de repoblación (como se ve en la primera foto).  Es justo ahí donde se levanta la ermita.

Arraro

 Una vez lleguemos, en un lugar para mi encantador, encontraremos un ábside semiderruido con unos muy bonitos sillares de arenisca roja y de caliza clara entremezclados, así como los restos de la planta de la ermita.
La iglesia, cuyo ábside está pegado al precipicio, estaba dentro de un recinto fortificado, cuya torre de observación estaba en lo alto del puntón y de la cual aún se pueden observar restos.
Y fuera de dicho recinto fortificado, más al sur, quedan restos de viviendas medievales, que hoy no son más que amontonamientos de piedras y restos de cerámica.
Es asombroso estar en un lugar tan desolado y comprender como hace más de mil años, hubo gentes que establecieron en estos lugares su vida, en condiciones tan difíciles, probablemente atraídos por la oferta de la explotación de los recursos circundantes, a cambio de establecer y mantener el núcleo.

 Vista del Cubilars desde la ermita

Como bibliografía de éste y de tantos lugares olvidados os propongo hoy “La Montaña olvidada”, de Arturo González Rodríguez; de donde he sacado información para este texto.

jueves, 4 de abril de 2013

El bosque esclerófilo mediterráneo. Sierra del Peco (Zaragoza)

El bosque mediterráneo está formado por árboles planifolios de hojas persistentes, con un porte más reducido que los de los bosques templados.  Principalmente son fagáceas (encinas y alcornoques).  Es el típico bosque que todos conocemos en nuestra zona como "carrascal".

Carrascal en la Sierra del Peco.   
Foto de Naturaxilocae

Una de las principales estrategias evolutivas de estos árboles para hacer frente al estrés climático, es su hoja esclerófila.  El estrés se debe principalmente a la sequía, que  para empeorar las cosas, coincide en el tiempo con las altas temperaturas estivales.  A ello hay que sumar la irregularidad en las precipitaciones y el frío invernal.

 Hojas de Quercus ilex (izqda: subsp ilex; derecha: subsp ballota)
El color grisáceo de la hoja se debe a la presencia de pelos muy cortos y densos

La esclerofilia consiste en unas hojas con una cutícula muy gruesa, protegida por cubiertas pelosas o céreas, tendentes a aliviar la transpiración.
Los estomas de estas hojas están concentrados en el envés, incluso en el interior de cavidades, para reducir el calentamiento que provocan las altas temperaturas.
Esta disposición de los estomas hace que tengan una baja eficiencia fotosintética, por lo que estos árboles tienen alrededor del doble de superficie foliar que un haya.
La eficiencia fotosintética también varía a lo largo del día, produciendose incluso un cierre de estomas al mediodía.
Todas estas protecciones reducen la absorción de CO2 y la fotosíntesis, pero al mantener la hoja todo el año, logra dilatar el periodo productivo.

De los múltiples bosques esclerófilos que podemos encontrar a nuestro alrededor, he elegido una excursión curiosa, para realizar en coche y con tantas paradas como queramos.  A realizar mejor en primavera u otoño, ya que tanto en invierno  como principalmente en verano, el tiempo puede no darnos tregua.
La excursión es una ruta circular Paniza – Aladrén -Vistabella- Herrera de los Navarros - Luesma – Fombuena – Autovía A-23 – Paniza; alrededor de 68 km.  Por supuesto, podemos hacer infinidad de rutas alternativas por la zona, ya que hay diversos senderos balizados que podemos realizar, si únicamente queremos conocer una zona determinada.

 Vistabella

Comenzamos en Paniza, saliendo por una pequeña carretera entre viñas.  Poco a poco vamos introduciéndonos en la sierra, hasta llegar a Aladrén.  Seguimos por la carretera hasta Vistabella.  Conforme pasan los kilómetros entendemos el dicho “Vistabella y Aladrén están juntos y no se ven”.

En Vistabella nos salimos de la carretera a Cerveruela y  escogemos el cartel de “Herrera de los Navarros”.  
Al salir de Vistabella pronto abandonamos el asfalto.  La carretera va subiendo internandose en la Sierra, entre carrascas y un sinfín de flores de carácter netamente mediterráneo: cantueso, madreselva, jaras y un largo etcétera.

 Cantueso (Lavandula stoechas)


 Jara (Cistus albidus)

 Ferula (Ferula communis)


 Acedera redonda (Rumex induratus)

 Madreselva

 Conforme avanzamos los kilómetros nos damos cuenta del aislamiento de la zona.  Por fin, comenzamos a bajar hasta llegar al cruce de la carretera de Herrera de los Navarros. 

 Paridera abandonada en mitad de la sierra

Antes de girar a la derecha, hacia Luesma; un buen sitio para parar es una especie de área recreativa que hay al lado de un bonito embalse, a 1 km aproximadamente dirección Herrera.

 Pequeña represa en Herrera de los Navarros

Continuamos hacia Luesma y Fombuena, pudiendo visitar cualquiera de estos dos pueblos, para constatar la despoblación de la zona.

 Campos en Luesma

 Serbal en Luesma

En Fombuena, al lado de la carretera, podemos ver un paisaje acarcavado  sobre pizarras paleozoicas.  En la vegetación predomina ahora el enebro y la sabina.   

Cárcavas en Fombuena




 Sabina

Y nada más pasar el casco urbano, en una bajada con curvas, podemos ver una más que curiosa encina, crecida en lo alto de una enorme roca.  Muy bonita.


 Carrasca de Fombuena


Por fin, y tras pasar unas granjas, a mano izquierda sale un sendero que nos lleva a “Datos”, los restos de un poblado celtibérico.  Poco queda de lo que sería el pueblo, pero te hace reflexionar de lo pequeñitos que somos.


 Poblado Datos

En pocos km estamos de vuelta en la A-23.  Una ruta interesante, en un entorno aislado a pocos km de Zaragoza.

martes, 2 de abril de 2013

Nasarre (Huesca)


Nasarre es otro de esos lugares amortaus que podemos visitar en la provincia de Huesca.  En particular, éste está en una de las zonas más bonitas y agrestes: la parte alta del Alcanadre.

El Alcanadre, en Bara

Para acceder a él hay varias rutas, pero la más cercana es una corta ascensión de 45 minutos desde Bara.   

Cara Norte de Guara, desde el Valle de Nocito


Bara, entre jirones de niebla

 Para ello hay que seguir la ruta de acceso a la cabecera del barranco de las Gorgas Negras, ya que Nasarre se encuentra en plena ladera de Sierra Lupina, justo en la cortada donde empieza uno de los mejores barrancos de la Península Ibérica.

 
 Nasarre, comido por los artos

Una visita en invierno a esta zona te da una idea del aislamiento en que vivían sus habitantes.  Sentado en la tapia de la Iglesia se puede observar la redolada: la Guarguera, el nacimiento del Mascún, el Cabezo de Guara, el valle de Nocito… Todo a nuestro alrededor es naturaleza.  Solo se observan buitres y algún ave rapaz revoloteando en lo alto.
Parroquial de San Andrés

En el suelo todo desolación, aunque se puede uno deleitar con la magnifíca Iglesia románica de San Andrés, restaurada en 1999 por el Gobierno de Aragón, y los edificios se encuentran relativamente conservados.  Y muy cerca del pueblo está la Pardina Bellanuga (o Pardina Villanúa), que merece también una visita.  Una buena ruta desde Bara sería salir de Bara hasta el molino, cruzar a Miz y de ahí Pardina Bellanuga, Nasarre y vuelta a Bara.  De todas formas, hay que tener cuidado, porque en los mapas salen caminos que en la práctica están perdidos.
En Nasarre había tres casas abiertas: Casa Campo (en la foto), Casa Laliena y Casa Español. En Casa Campo aún se puede observar una bonita flor esculpida en la dovela de la entrada, junto con la fecha de su construcción. 
El heredero de esta Casa, Pascual Campo, marchó con su madre y con su esposa a vivir a Barbastro, hace unos cuarenta y dos años.  Su hermano Leandro se fue de Nasarre a los veintisiete años a pastorear las ovejas propias, junto con las de Otal de Ola y actualmente reside en Huesca.
De niños acudían a la Escuela de Otín, junto con los de Letosa, Bagüeste y otros.  
En estas dos últimas fotos una curiosidad, el mismo motivo en la dovela de la puerta.  Una es de Casa Campo de Nasarre y la otra, Martín Escartín, en Bara.

Rebaño en Bara, acercándose incauto

Los datos están extraídos mayoritariamente del magnífico libro “La Montaña Olvidada” de Arturo González y del “Diario del Alto Aragón”