miércoles, 30 de marzo de 2016

In the naturehood

La primavera ha llegado a la ribera y los olmos, fresnos, sauces y chopos han comenzado tímidamente a sacar sus hojas a la luz.  Es un buen momento, con temperatura y luz suaves y los pájaros cantando a todo tren, para introducir a nuestros pequeños en la naturaleza.

Nos parezca bien o no, nuestra sociedad se vuelve cada vez más urbanita y la desconexión con el medio natural es cada vez mayor.  Reconozco que la desvertebración del territorio en Aragón bate todos los récords.  Casi podíamos llamarlo, al estilo de los lemas turísticos tan de moda, “Territorio invertebrado”.  

Pero en todas partes cuecen habas, y la población tiende a concentrarse en las ciudades y a olvidar que, queramos o no, formamos parte de la naturaleza. 



Hay iniciativas en algunos países como Discover the forest o muchas otras, ligadas bajo el lema “In the naturehood”, para tratar de conectarnos al medio natural que tengamos más cercano y que nuestros pequeños lo sientan, al menos, tan suyo como lo sentíamos nosotros.

Tal vez los años nos hayan dejado una pátina de urbanita o de seriedad, pero no es más que eso, una pátina.  Rascadla e intentad ayudar a que la naturaleza penetre en las nuevas generaciones por los cinco sentidos.


Tumbaos en la hierba para buscar tréboles de cuatro hojas, descubrid huellas en la orilla y contadles qué animales han podido ir a beber ahí por la noche, sentaos en silencio entre los chopos para diferenciar el canto de un carbonero del de un verdecillo o un mirlo, enseñad que las aliagas pinchan y que el tomillo huele.

Tal vez no podamos disfrutar de ir al monte tanto como queremos, pero con un mínimo de interés, podemos lograrlo.  Tened por seguro que la naturaleza nos devolverá con creces los cuidados.  


jueves, 24 de marzo de 2016

Pardina de Casablanca

La Pardina de Casablanca la encontramos en un magnífico paraje, semiperdida en esos desconocidos montes que se extienden por detrás de los Mallos de Riglos, hacia la sierra de Loarre.

Nuevamente subimos a Pequera desde Sarsamarcuello, pero al llegar a las ruinas de la pardina escogemos el camino de la derecha, que va a salir al saso de la Garoneta a través de la Foz.

Tras subir un colladito llegamos a esta recoleta hondonada, con todos los ingredientes de una sierra mediterránea.  Eso sí, el trajín que habría en este paraje hace unas décadas ha sido sustituído por el vuelo de los buitres y el silencio absoluto.

Pardina de Casablanca.  Al fondo Oroel


Al seguir el camino nos dirigimos hacia las únicas edificaciones que se divisan, un corral, un casetón y unas ruinas.  Y la inevitable pregunta, ¿como sería este lugar hace medio siglo?  Hasta las mismas ruinas parecen aquí querer escapar por el hueco de la puerta.  Porque la historia siempre es la misma; el expolio y alguna gotera que aprovecha una teja rota o robada acaban tirando por la borda siglos de historia.


Lo que queda de la casa

El motivo de este pequeño homenaje era contaros que hace medio siglo, estas míseras ruinas de las que os hablo, eran el lugar donde posan para la foto la familia Ena Lafuente.
  
Rafael Ena Artieda y Vicenta Lafuente Prado se habían casado en Anzánigo, de donde ella provenía.  Se fueron a vivir a Bolea y Rafael estuvo de guarda en el Castillo de Anzano, marchando posteriormente de pardineros a la serrana Casablanca.  Aquí vivieron con sus ocho hijos; trabajando los campos y con algo de ganado. 

La familia Ena Lafuente en Casablanca

La familia Ena eran gente alta.  Tenían que serlo, porque en Linás queda el recuerdo de ver a dos hombres muy altos que bajaban de Casablanca a bailar en fiestas.  Esos hombres altos eran Esteban y José Ena Lafuente, dos de los hijos del matrimonio.

Rafael, Vicenta y sus hijos estuvieron desde aproximadamente el año 1946 hasta 1960, cuando abandonaron la pardina y se fueron a Asturias.

Pequeño refugio de cazadores y restos de la casa

Ahora únicamente veremos en pie un pequeño refugio de cazadores rodeado de pastos y artos, pero en este desconocido paraje una vez se trabajó la tierra, se segó la mies, se trilló el grano y se vivieron muchas vicisitudes, ya que especialmente en la posguerra la redolada de Marcuello estuvo repleta de maquis.

Un joven Primitivo Ena Lafuente luciendo un precioso caballo


Pero esa es otra historia.  Espero que este pequeño esbozo sirva para que, al pasar, veáis con otros ojos este silencioso lugar.




Nota: Mis disculpas por posibles errores u omisiones y mi agradecimiento a José Luis Albacar Ena, por las fotos y la amable información.