lunes, 24 de octubre de 2016

En un metro de bosque



Mi recomendación de hoy va sobre un libro tan interesante como extraño. Os hablo de “En un metro de bosque”, de David George Haskell.  Una formación de biólogo y unas aficiones propias de un budista dan como resultado una mezcla muy atractiva.

Su idea fue acudir a lo largo de un año a un bosque primario cercano (Tennessee), sentándose siempre en la misma roca y observando lo que ocurría en un pequeño círculo a su alrededor, lo que él llama el mandala.


 El resto de la realidad comienza a difuminarse y alejarse conforme nos concentramos

Siempre me provocó experimentar algo similar, así que aproveché este fin de semana que anunciaban lluvias por doquier, para sentarme en un pequeño vallecito, cercano y suficientemente tranquilo para probar su recomendación.

Cualquier bosque primario será más sugerente que las zonas que tengamos a mano, pero seguro que podremos intentarlo a nuestra escala.  Y seguro que nuestra percepción aumentará conforme perseveremos.

 El libro en cuestión

En este pequeño ejemplo, aprovecho que el otoño nos revela partes del bosque que muchas veces nos pasan inadvertidas.  Los pequeños bosquetes de galería y manchas de caducifolios, que en primavera se camuflan más fácilmente entre el pinar o el quejigar, se nos muestran ahora con todo su esplendor en tonos amarillos y rojos.  De hecho, justo enfrente y aprovechando el paco de una pequeña vaguada, las hayas han ido ganando el terreno a los pinos silvestres.  Cuando hayan desplegado su dosel de hojas, poco podrán hacer ya los pinos por recuperar su espacio.


 Estrecho vallezuelo donde me senté

Al sentarme reparo en una curiosidad.  Tras las lluvias un caracol ha salido a dar una vuelta y ha decidido pararse en una roca.  Rocas que en estas zonas de la sierra de Guara están llenas de nummulites, pequeños fósiles que delatan los tiempos en que todo esto era un mar.  Me resultó curioso el caracol parado sobre minúsculas conchas de otros que, como él, decidieron pararse ahí hace millones de años.


 Vaguada con manchas de hayedo


Pude diferenciar los cantos de diferentes pájaros (el número se incrementó conforme pasaba el tiempo) e incluso observé un grupo de cuatro o cinco carboneros que rebuscaban trepando y destrepando por los troncos de los pinos.

Por encima de mi observé un mostajo en fruto, así que rebusqué por entre el matorral, y enseguida encontré restos de estos y otros frutos, procesados por algún vecino del entorno.  Buitres y milanos sobrevolando, nubes lamiendo la ladera…. El listado de todo lo que puede llegar a nuestros sentidos es infinito.

 Mostajo

Por supuesto, todo aderezado por el intenso olor a tierra mojada que proporcionan ciertas esporas inofensivas que se desprenden con la lluvia.  Existe también una molécula llamada geosmina, que desprenden diversas bacterias con la lluvia y nos provoca esa sensación tan agradable a tierra mojada.  Se sospecha que es esta molécula la que detectan los animales que buscan agua, por lo que tal vez este olor recale en partes antiguas de nuestro cerebro, que guarden algún vestigio de cuando el hombre tenía que buscar su sustento igual que el resto de los animales.

 Restos de bellotas comidas

En definitiva, fijarnos en los pequeños detalles para poder comprender la complejidad del ecosistema en el que nos encontremos.  Este libro desde luego ayuda.

 Primer plano de musgo colonizando la corteza de pino silvestre

6 comentarios:

  1. Magnifica experiencia!!
    Voy a intentarla un día.... lo malo es que yo no me se estar quieto más de cinco minutos....

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    1. No te creas, que yo también soy un poco.. digamos, "movido". Pero si pruebas a concentrarte en los detalles, se te pasa el tiempo rápido. Saludos zagal!!

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  2. Geosmina.... Ya no se me olvida!!!

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  3. Hola! Ya puestos, según lo que he leído, las bacterias son Streptomyces coelicolor. Producen unas esporas y a su vez se desprende esa molécula, llamada geosmina (en griego "aroma de la tierra". Saludos!!

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  4. Yo también recomiendo encarecidamente la lectura de este libro. Además de ameno e interesante aporta un estilo de permanecer en la naturaleza. Yo hace años que practico el caminar pausado que sería una visión dinámica de la misma idea: Estar para ver, ver para comprender.

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    1. Gracias Juan Manuel! Viniendo de ti la recomendación, ya no puede quedar duda de que el curioso tiene que hacerse con un ejemplar... Gracias por tu comentario y saludos!

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