miércoles, 25 de junio de 2014

Hippophae rhamnoides. Un triste testigo que nunca engañó.

Una ruta más que asequible para un día en familia es la subida al Ibón de Piedrafita, en el Valle de Tena (Pirineo oscense).  Hace poco estuve pasando el día por la zona y me topé con una planta de la que había oído hablar mucho.

Se trata de Hippophae rhamnoides, el espino amarilloUna planta de la familia de las eleagnáceas, es decir, pariente de Eleagnus angustifolia, un árbol muy usado en jardinería y que ha acabado siendo "invasor" en bosques riparios del centro peninsular. 

 
Hippophae rhamnoides en su ambiente

Nuestro arto (o espino) es una planta muy habitual en Europa pero muy rara en la Península Ibérica.  De hecho, solo se conoce en el Pirineo; y dentro de éste, únicamente en la Cuenca del Gállego y zonas adyacentes.

Es más, dentro de esta área tan reducida, únicamente podremos encontrar esta planta en suelos inestables de torrenteras,  ya que éste es su hábitat.

 Aquillegia vulgaris, una preciosa ranunculácea

Esta planta la había oído nombrar cuando sucedió la Tragedia del Camping de Biescas, ya que se dijo que el eminente botánico Pedro Montserrat, en un informe de 1987, avisó de la existencia de Hippophae rhamnoides en la ubicación del tristemente famoso camping.

Aspecto del arbusto

En el informe añadía que esta planta "compite con las sargas y rosales, penetrando en los conos de barrancos laterales como el de Arás. Es mata de mal agüero, de ambiente torrencial, de rambla indómita que algún día volverá por sus fueros; quisiera ser mal profeta".

Los bucólicos torrentes de alta montaña pueden transformarse en pocos minutos

Leerlo ahora pone los pelos de punta, pero el caso es que escrito estaba.

La tragedia de Biescas es una de esas típicas fechas que todo el mundo recuerda donde estaba o qué estaba haciendo, o al menos eso se me antoja a mi.  Recuerdo que estaba el cielo negro, tronando sin parar y pensé "la que estará cayendo en la montaña...".

 Arremolinados al borde de los cantiles calizos encontramos a los pinos negros

Al rato se empezó a correr la noticia, por compañeros que estaban entonces en la Cruz Roja, que habían empezado a subir todos a Biescas.  En pocas palabras, el 7 de agosto de 1996, una tormenta descargó en pocos minutos más de 200 mm sobre la cabecera del barranco de Arás.  La gran intensidad impidió que el terreno pudiera infiltrar, por lo que prácticamente toda la lluvia se transformó en escorrentía.  Toda esa agua provocó la rotura de casi 40 presas de retención de sedimentos que había diseminadas por la montaña y el resultado fue una inmensa riada de 130.000 toneladas de lodo y rocas, que se llevó por delante la vida de 87 personas.

Quiero únicamente presentaros al espino amarillo porque no quiero rememorar algo sobre lo que ya se habrán escrito ríos de tinta; aunque por otra parte, siempre tengo la impresión de que no aprendemos de los errores.  Lo digo pensando en temas como el recrecimiento de Yesa y similares. 

 A la izquierda trazado del Torrente de Arás antes de la tragedia.  A la derecha encauzamiento nuevo.  
Foto extraída del blog "Esmemoriáus".

A nuestro Hippophae rhamnoides, testigo triste de todo aquello, lo seguimos encontrando en los mismos sitios.  Yo al menos me lo encontré donde se supone que hay que encontrarlo, al lado de un torrente que baja del ibón de Piedrafita.

Es una planta muy poco habitual, aunque últimamente se le ha encontrado un curioso uso.  Sus pequeños frutos son usados para alimentar a los salmones de vivero, ya que así el salmón coge el color rosado habitual en los salmones salvajes, y que de otra manera el de vivero no adquiriría.

Sinceramente, lo único que he deducido de todas estas historias, es que la que nunca nos engañará es la planta. 


Bonitas aguas del Ibón de Piedrafita

jueves, 19 de junio de 2014

El enebro. Una ruta desde el Ibérico al Pirineo

Quería presentaros otro típico representante de nuestra flora mediterránea, que podemos encontrar en un amplio repertorio de paisajes.

El enebro, también conocido como chinipro o chinebro en aragonés (de donde provienen topónimos como Chinebral de Gamueta, en Ansó), pertenece al género Juniperus.  Este género, de la familia del ciprés (Cupresáceas), está compuesto por los enebros y las sabinas, las únicas especies que pueden formar bosquetes en estos ambientes mediterráneos semiesteparios.
 
 Dureza del paisaje serrano

Nos podemos encontrar con dos enebros: Juniperus communis y Juniperus oxycedrus.  Para diferenciar rápidamente las dos especies de enebros podéis clicar en este enlace.  Tiene una clave muy sencillita para reconocerlas y buenos primeros planos de las plantas, para reconocer los detalles.

El enebro de la miera u oxicedro, Juniperus oxycedrus, es la especie que podemos encontrar en altitudes más bajas, desde 0 hasta 1000 m.  Digamos que es el más mediterráneo de los enebros.
 
 Típico aspecto abierto de un enebral en estas zonas

Es la única especie de enebro que puede formar este tipo de bosquetes abiertos.  Bosquetes de los que no se tiene muy claro su origen y que, se cree, existen debido al abandono del pastoreo.  Es decir, que en muchas zonas el enebro de la miera coincide con terrenos que deberían estar ocupados por la carrasca, pero que han sido tradicionalmente pastados.  Al dejar de ser pastados, han sido colonizados por los enebros, dando este paisaje tan particular.

Las fotos las hice aprovechando una visita por una sierra que me sorprendió.  Es la zona del Santuario de Rodanas, en Épila y lindando con Tabuenca, a las faldas del Moncayo.  No es que sea una zona particularmente especial en cuanto al enebro se refiere, pero sí es la típica zona en la que podemos encontrarnos esta especie.

 Santuario de Rodanas, bonito lugar muy bien preparado para pasar un día de campo

Tal vez era el día; una mezcla de nubes bajas, lluvia y viento, que le dio un aire más particular a esta sierra.  El caso es que Épila tiene un término extenso, que pasa en pocos kilómetros de las llanuras semiáridas que se ven desde la Autovía a los paisajes más frescos del Sistema Ibérico.
 Precioso olivar, usado como aparcamiento (¿¿??)

Por cierto, que yendo de ruta por esta zona de Rodanas me topé con una sorpresa.  Eran las ruinas, un tanto fantasmagóricas con la niebla, de las instalaciones, edificios y galerías de la "Mina Esperanza".  La Asociación Mineralógica Aragonesa nos cuenta que esta mina se dedicó a la extracción de areniscas cupríferas hasta mediados del siglo pasado.  Por si queréis algún dato más, os pongo un enlace de una Ruta geológica a realizar en la zona y otras opciones de rutas a realizar en Rodanas.

Y en medio de este clima, con alta variabilidad de temperaturas y escasa precipitación, encontramos a este enebro.

 El poblado de la Mina Esperanza, prácticamente camuflado

Como habréis visto en las fotos del enlace que os he recomendado, el oxicedro se diferencia porque sus acículas tienen dos"rayitas" blancas en el envés, que son bandas estomáticas.  Además, sus bayas son de color rojizo (el nombre correcto es arcéstidas, ya que en realidad no son frutos)Tanto las arcéstidas del enebro de la miera como del común, se usan para aromatizar la ginebra (la similitud entre chinebro y ginebra creo que es clara).


 Pantano de Montearagón con el Salto del Roldán al fondo.  Precioso entorno camino de Chibluco

Juniperus oxycedrus nos lo encontraremos generalmente como arbusto, pero puede hacerse un bonito árbol.  En Chibluco, en los alrededores de Huesca tenemos un bonito ejemplo de arbol "milenario" (que en realidad es centenario), es el conocido como chinebro de Chibluco.  Si queréis acercaros hasta él, clicad en este enlace.


 Chinebro "milenario" de Chibluco. Precioso oxicedro de 6 m de altura

Y es conocido también como enebro de la miera porque destilando su madera se obtenía un aceite negruzco, conocido como miera, que se usaba para desparasitar y también para curar las heridas de las ovejas provocadas al esquilar.  Estas propiedades se deben a diversos sesquiterpenos y fenoles presentes en el enebro.


4 m de perímetro en la base de este centenario árbol.  
Se aprecia su típica madera agrietada, de la que se obtenía la miera

La otra especie que podemos encontrarnos es Juniperus communis, el enebro común, que es más de ambiente eurosiberiano.  Es decir, que en la Península Ibérica lo veremos en lugares más frescos, desde el nivel del mar hasta los 2000 m.  Porque como todas las plantas, puede compensar ambientes más mediterráneos con mayor altura: desde el nivel del mar en lugares fríos hasta cotas más altas en lugares más mediterráneos, subiendo a sitios que el oxicedrus no puede alcanzar.

Juniperus communis subsp alpina, con aspecto achaparrado

Juniperus communis tiene únicamente una banda estomática por el envés, por lo que son inconfundibles con oxycedrus.  Además, sus arcéstidas son de color azul oscuro o negro (los enebros son dioicos, es decir, que hay pies macho y pies hembra, por lo que no encontraremos estas bayas en todos los pies)


Bayas negras de Juniperus communis, usadas en la ginebra

Por último y como habréis podido ver en el enlace sobre los Juniperus, existen distintas subespecies de enebros.

En las zonas más alpinas nos encontraremos Juniperus communis, pero la subespecie alpina, que adquiere un aspecto más achaparrado.  Este porte le permite afrontar mejor los vientos y condiciones térmicas más extremas.

Entorno montañés de esta subespecie


martes, 3 de junio de 2014

Sobre bosques viejos

En las últimas entradas he escrito sobre varias joyas de las que podemos disfrutar en nuestra redolada: Aztaparreta, la Pardina del Señor, etc; así que voy a aprovechar que aún está el tema "caliente" para contaros alguna cosilla más sobre estos bosques.

Cuando alguna vez oímos hablar de "bosques viejos", casi nos los podemos imaginar habitados por antiguos seres mitológicos, como hadas, gnomos, duendes o trasgos.

Estos nombres nos resultan evocadores tal vez porque nuestra historia, la del ser humano, está indisolublemente ligada al bosque.  Porque desde que nos separamos de otros primates hasta prácticamente la actualidad hemos vivido en un bosque.  

Y tal vez también por eso el verbo buscar provenga de ir al bosque.  Porque hasta hace muy poco, si querías encontrar algo, seguro que estaba en el bosque.  Por eso, ibas a buscarlo.
 Esta es la imagen de un bosque viejo: Pies grandes, pequeños, diversidad de especies y madera muerta

Cualquiera que haya estado en un bosque viejo, aún sin saber porqué, se da cuenta de que está en un lugar distinto.  Pero, ¿qué hace que un bosque sea viejo? ¿que características tiene? (más bien, qué características le ha conferido el ser humano, que tiende a ordenarlo todo, ya que el bosque, simplemente, es)

Porque si queremos preservar algo, primero debemos saber qué elementos tiene, para así comprender qué lo puede atacar y por tanto, como podemos protegerlo.  Cómo evitar esos ataques.



Precioso bosque de ribera, con el desborre de álamos y chopos cubriéndolo todo.

Lo primero es recordar que, realmente, en Europa central y occidental es casi imposible encontrar un vestigio de lo que podría ser un bosque virgen, inalterado.  En cambio, sí podemos encontrar aún bosques viejos.

Podemos definir rápidamente un bosque viejo con 3 características:

- Estaremos ante un bosque mixto.  A lo mejor estaremos pensando mayoritariamente en un hayedo-abetal, pero habrá otras especies como tejos, olmos de montaña, arces, etc.
- Habrá pies de todas las edades.  Veremos grandes y viejos árboles, entremezclados aleatoriamente con otros de todas las edades y tamaños.
- Mucha presencia de madera muertaTanto de árboles en pie como caídos, es un buen indicador de este tipo de bosques.  

Tronco muerto convertido en un auténtico "vivero" de todo tipo de plantas, en Añisclo

Esas son las características que otorga la naturaleza a un bosque cuando se la deja hacer, cuando el hombre no interviene con su motosierra o con una carretera.  

También hay que aclarar que un bosque de estas características se encuentra siempre en un equilibrio dinámico.  Es decir, que si paseásemos por un bosque virgen en estado óptimo, en unos años lo veríamos en estado terminal, para pasar al declive total, volver a rejuvenecer y obtener de nuevo una etapa inicial, previa la óptimo.  Entre ambos óptimos pueden pasar 300 años.

 La apertura del dosel permite un mejor desarrollo de las plántulas de eléboro que aguardaban bajo la hojarasca

¿Por qué ocurre ese ciclo?
Como comentamos hace varias entradas, cualquier ecosistema está sometido a perturbaciones.  Pueden ser perturbaciones pequeñas, como el viento, un rayo, un pequeño alud; o grandes, como un incendio o un gran alud.

En cualquiera de estos casos, la caída de árboles provoca aperturas en el dosel, que dejan entrar la luz y permiten el desarrollo de nuevas plantas.  Las plantas heliófilas (amantes de la luz) crecerán, y a su vez, permitirán el desarrollo a su sombra de plántulas umbrófilas (amantes de la sombra).  Estas umbrófilas probablemente acabarán dominando a las primeras y volverán a constituir la cubierta del bosque.

Imaginad este ciclo repitiéndose en distintos momentos y por distintos rodales del bosque, y tendremos un bosque totalmente heterogéneo, como un mosaico.  Así es un verdadero bosque viejo, con pies de todos los tamaños.

Aztaparreta.  Es importante no retirar los árboles muertos caídos.....

En cuanto a la madera muerta y por poner unos números, en Aztaparreta (del que ya hablamos en otra ocasión), hay hasta 127 m3/Ha de madera muerta; en comparación con los 5 m3/Ha que puede haber en un típico bosque gestionado o los 190 m3/Ha que pueden tener los bosques vírgenes de la República Checa.
 
Esta madera muerta no supone ningún problema sanitario que el bosque no pueda solucionar por sí solo.  Es más, precisamente esta cantidad de madera muerta hace que proliferen gran cantidad de organismos que no encontraremos en otro tipo de bosques.

....pero también es importante no retirar los árboles muertos en pie

Porque además de la riqueza inherente a toda la flora mencionada, debemos añadir la fauna específica de los bosques viejos.  Fauna que durante milenios se ha ido especializando en vivir en este tipo de hábitats, y que ha ido desapareciendo conforme ha ido disminuyendo el número de bosques no gestionados.  Principalmente nos referimos a insectos saproxílicos, pájaros carpinteros, murciélagos forestales y algún que otro mamífero.

Los insectos saproxílicos se alimentan de madera muerta en sus distintas formas.  Pese a que los nombres nos suenen extravagantes, son viejos conocidos de los naturalistas: los típicos cerambícidos Rosalia alpina de los hayedos o Cerambyx cerdo de los robledales; lucánidos como el Ciervo volador, cetónidos como Osmoderma eremita y un largo etcétera de escarabajos varios.

 Dos cerambícidos sobre Asphodelus

Otra familia típica de estos bosques son los pícidos (pájaros carpinteros).  Su forma de vida está tan unida a estos bosques que el Pico dorsiblanco prácticamente vive acantonado en hayedos navarros con alguna cita en Ansó.  ¿Quién no se ha quedado parado alguna vez en el bosque a disfrutar del sonido del repiqueteo de estos pájaros en los troncos?

Chopo en descomposición en un bosque de ribera
 

Otros grandes afectados por la disminución de los bosques viejos son los murciélagos (quirópteros), ya que hay varias especies estrictamente forestales (Pipistrellus nathusii, Myotis bechsteinii, Barbastella barbastellus, Plecotus auritus, Nyctalus sp.).   Estas especies usan como refugio los huecos hechos por los pícidos; oquedades provocadas por podredumbres o grietas diversas que podemos encontrar en los árboles.  

Por supuesto, no es lo mismo un tronco caído en un bosque de repoblación de Pinus halepensis en pleno valle del Ebro, que un bosque de hayas en Ordesa; que se asemeja más a un bosque templado.  Aún más, como ejemplo, en las sacas que se autorizan en hayedos navarros, se están empezando a talar hayas vivas, manteniendo la madera de las hayas muertas; precisamente como medida para proteger la fauna especializada en vivir en este tipo de hábitats.


A los pies de un precioso castaño trasmocho, en la Sierra de Gata.  Hay que transmitir el valor de estos bosques a las nuevas generaciones...

Por eso, creo que es necesario concienciar a la gente de que un matorral espeso o un tronco caído en un bosque, no es suciedad que haya que limpiar, sino que forma parte del mismo bosque.  Es decir, que a veces se repite eso de que "el bosque está sucio" sin pensar serenamente qué significa eso.

Lo único de lo que tenemos que preocuparnos es de que la suciedad no la aportemos nosotros, porque en la mayor parte de casos, lo que hay que hacer es tan fácil y tan barato, como simplemente dejar que la naturaleza siga su curso.