jueves, 27 de julio de 2017

P.N. de Timanfaya (y alrededores). Fantasía tolkeniana

Aprovechando el verano y sin salirnos de nuestro Reino Holártico, abandonamos nuestra Región Mediterránea para visitar la paradisíaca Región Macaronésica; nombre bajo el que se incluyen botánicamente las Canarias, Cabo Verde, Azores y Madeira, con numerosos endemismos y características diferentes a nuestra Región.
     
Lo único que eché de menos fue un rato para disfrutar de este paisaje en soledad

Quería compartir con vosotros unas cuantas fotos y comentarios de una visita a Timanfaya, en Lanzarote.  Lugar bonito, diferente, extraño.. y, sobre todo, inspirador; donde me dio la impresión de estar siendo testigo de la vida misma abriéndose paso, transformando a su ritmo un medio inhóspito.


Auténtico derroche visual

El paisaje que se disfruta, a ratos digno de un libro de Tolkien, es consecuencia de una serie de erupciones que sufrió la isla de Lanzarote entre 1730 y 1736, y en 1824.  Así, nuestra visita transcurrirá por una pequeña pista asfaltada en mitad de un inmenso mar de antiguas coladas de lava. 

Las visitas en Timanfaya están muy restringidas

Pero Timanfaya no es únicamente un espectáculo geológico, sino también un auténtico museo de líquenes; organismos pioneros que, gracias a su organización simbiótica, pueden establecerse en lugares de climas o características extremas.  



El motivo es que estos organismos son consecuencia de la simbiosis de un hongo y un alga.  El alga obtiene su alimento mediante fotosíntesis y es parasitada por un hongo que, a través muchas veces de haustorios (similar a como actúa el muérdago), le roba el alimento.  Pero a su vez, el hongo le da protección frente a la desecación, permitiendo al alga colonizar un lugar que por sí sola no podría.  

Antiguos cráteres

Son auténticos expertos en soportar todo tipo de adversidades.  Para ser exactos, el único problema al que no pueden hacer frente es a la contaminación ambiental, ya que no pueden regular la entrada de gases en sus tejidos (por ello, se usan como bioindicadores de la calidad del aire).  ¡Y si de algo van sobradas las Canarias, es de calidad!

Columnas de basalto en "Los hervideros"

Consecuencia de su actividad biológica, los líquenes producen diversos metabolitos (entre ellos, una gran cantidad de ácidos), que con el paso de los años van disgregando la roca y generando suelo.  Una vez establecidos los líquenes, tarde o temprano el resto de organismos se abri paso.


En este caso, la vegetación basal (la del piso altitudinal más bajo y, por su orografía, mayoritaria en Lanzarote) de la región es el llamado cardonal-tabaibal, plantas crasas (cardos y euphorbias) que, con un mínimo de suelo, permiten la existencia y el desarrollo de la vida en este tipo de parajes.

Aeonium lancerottense, endemismo lanzaroteño protegido


En este corte se pueden apreciar las condiciones en que se desarrollan las tabaibas

Conforme las especies de plantas van aumentando en número, el ecosistema se va diversificando y afianzando.


Lagartos....

Incluso el hombre encontró su medio para vivir, a través de la agricultura ...


Viñedos sobre suelo volcánico en La Geria

Ganadería....

Rebaños de cabras en Femés (certifico lo buenos que están los quesos de este pueblo) 

De hecho, hubo un tiempo en que la riqueza en esta floreciente isla provocó el ataque de piratas de costas cercanas y lejanas.  Aún queda alguna edificación que nos hace intuir los sangrientos episodios de aquella época.

Castillo de San Gabriel, en Arrecife

A mi me quedó la impresión de una isla en la que, dentro de su homogeneidad, los paisajes cambian rápidamente de norte a sur y de este a oeste.

La Caleta de Famara, preciosa y ventosa playa

Incluso, al sur, asomaban siluetas instigadoras de nuevos planes...


Vistas hacia Fuerteventura desde el sur de Lanzarote

martes, 18 de julio de 2017

Salinas "viejo". Las historias de la Historia.

La importancia del mantenimiento de la Casa altoaragonesa ha sido ya explicada en multitud de publicaciones.  No obstante, encuentro una bonita historia en “nuestra” zona pardinera que muestra los extremos de lo que estamos hablando; con motivo de una reclamación “de recobro de maravedíes” que presentó José Lasaosa, vecino de Salinas, contra tres hermanos jacetanos, Andrés, José y Lorenzo Torres.

Rebuscando entre la documentación entresacamos datos del porqué de esta reclamación.  Y para ello comenzamos relatando que Fray Pedro de los Dolores, carmelita descalzo y regente por aquel entonces de la Parroquial de Salinas, en el marco de esta reclamación certificaba por escrito que el 25 de enero de 1779 se celebraron en el pueblo dos bodas.


Iglesia de Salinas, donde tuvieron lugar las bodas

En aquel festejo, dos primos hermanos de Salinas (que, por lo visto, vivían en la misma casa), José Lasaosa Mayner y Lázaro Lasaosa Castán; contrajeron matrimonio con dos hermanas, Mª Antonia y Mª Rosa Gella López, que habían llegado a Salinas provenientes de Arto.  Las hermanas estuvieron en la boda acompañadas por sus padres, Alexandro Gella y María López; y actuaron como testigos un vecino de Salinas, Pascual Castán; y el entonces cirujano del pueblo, Agustín Yriarte.  Tras la boda, las dos nuevas parejas siguieron compartiendo la casa. 

Décadas después, ambos matrimonios (José y Mª Antonia; y Lázaro y Mª Rosa) habían tenido ya descendencia, así que pactaron que sus respectivos hijos, primos hermanos por parte de madre y primos segundos por parte de padre, contrajesen matrimonio, solicitando para ello una dispensa.

Para comprender mejor el relato, explicamos que la “novia” de la nueva boda en ciernes (que suponemos, poco habría opinado en esta historia), Mª Bernarda Lasaosa Gella, era hija de José y Mª Antonia y había nacido el 3 de enero de 1783, siendo bautizada por Antonio Lanzeta, natural de Bailo; y actuando como padrinos Pascual y María Castán, también de Salinas y habitantes entonces en Montañano.

Por su parte, el “novio” (que suponemos, habría pintado lo mismo que la novia) Francisco Lasaosa Gella, era hijo de Lázaro y Mª Rosa y había nacido el 17 de febrero de 1787.

Puesto que ambos matrimonios ya vivían en “una misma casa y compañía” y deseando los padres “que los bienes de aquel consorcio de ninguna manera se desmembrasen sacando a cualquiera de los dos a casar fuera de la casa, trataron y convinieron pareciéndoles lo mejor…”.

Vaya, que la mejor solución que encontraron para el mantenimiento de la Casa, fue este pacto.  Por eso, a través de José Solana, vecino de Larués, en 1807 hicieron llegar al rector de Salinas, Francisco Puente, 3270 reales 28 maravedíes de vellón, para la dispensa matrimonial a favor de Francisco y Bernarda.

Pero los meses pasaron y el llamado “breve de dispensa” no llegaba, así que los padres abandonaron la idea y tanto Bernarda como Francisco “se vieron obligados a casarse” con otras personas.  Bernarda, por primogénita, fue nombrada heredera de la casa, casándose el 22 de junio de 1812 con Juan Ramón Viñas.  Por su parte, su primo Francisco hizo lo propio con Joaquina Laín el 18 de febrero de 1819.

Las vidas prosiguieron para estas nuevas parejas, que probablemente intentarían algo similar con sus descendientes.  Pero, de nuevo, os cuento una de estas pequeñas “historias de la Historia”, para ser conscientes de las vicisitudes a las que tuvieron que hacer frente nuestros antepasados para lograr mantener aquella vieja sociedad autárquica.