martes, 26 de abril de 2016

Pardina Miranda

Una vez más nos dejamos guiar por el instinto y éste, como era de esperar, nos vuelve a llevar monte adentro, hasta un lugar olvidado dentro de un valle olvidado.

La pardina Miranda la encontramos en término de Bagüés, aunque accedemos a ella desde Pintano.  Desde el cruce de Larués hasta aquí, conforme vas avanzando en el espacio vas retrocediendo en el tiempo.  Es otra de esas carreteras de las que se han debido perder los expedientes y nadie se acuerda que convendría adecuarlas al s. XX (ya no pido al s. XXI). 


Miranda Baja o Torrazo

Una vez en Pintano, nos dirigimos a la restaurada ermita de Arguiraré y seguimos remontando barranco arriba, hacia la nada.  Únicamente la humilde Sierra Nobla nos separa por el norte de la fértil ribera del Aragón y la cola del embalse de Yesa, con su trasiego de turistas y esquiadores; pero por lo que vemos y oímos, podríamos estar solos en el mundo.

Ermita de Arguiraré y el bonito Pintano, emplazado en lo alto de su pueyo

Miranda tiene su origen en un poblado medieval y se divide en Miranda Sarriet o Alta (42º 31’ 4’’ N / 0º 57’ 10’’ W) y Miranda Baja o Torrazo (42º 31’ 31’’ N / 0º 57’ 54’’ W).  Desconozco el origen del "apellido" Sarriet, pero es una denominación antigua, ya que en fecha tan lejana como 1368 el rector de Miranda era D. García de Sarriet.  

Mapa de los años 20.  Hay una interesantísima herramienta de mapas en el CNIG, que nos acerca a la geografía de la época.

Ya convertido en pardina fue propiedad de las Hermanas Benitas de Jaca, encargándose el Cabildo de Jaca de cobrar los tributos.  En Miranda Sarriet existía, además, derecho de alera por parte de Bagüés.  



Verónica.  La belleza está en las cosas pequeñas

En el s. XIX Madoz nos contaba que en Miranda se producía grano y que existía un caserío y un pequeño bosque de pino en el que se criaban lobos y zorros.  Pocos años más tarde y según la contribución de 1859, era propiedad de Martín Dieste y Domingo Pozo.

Ya en el s. XXI, paseando por estas sierras tan duras a uno se le puede acostumbrar la vista a esta aparente monotonía de bojes y cajicos, pero os muestro un par de fotos de nuestra flora holártica, que al descubrirlas hacen más agradable si cabe la visita.

Grama de enebro (Arceuthobium oxycedri) sobre enebro de la miera.  
Curiosa y bonita planta hemiparásita, similar en comportamiento al muérdago pero con apariencia de sabina

Al llegar a Miranda subo una pequeña faja que descubro llena de Lamium purpureum.  Una bonita planta que, como la ortiga y otras, gusta de vivir en lugares donde hay abundante abono en el suelo.     
En realidad se trata una planta nitrófila (es decir, amante del nitrógeno, es decir, amante de los lugares donde hubo ganado), pero me gusta pensar que son la avanzadilla del bosque.  Tan pronto comprueban que ha cesado el trasiego humano; ortigas, zarzas y demás cohorte salen de su escondrijo bajo la alfombra de gramíneas que cubre el suelo y comienzan a colonizarlo todo, preparando el terreno para el resto de plantas.


Lamium purpureum

Refitoleo un buen rato por los lugares donde en los años 20, hace ahora casi un siglo, vivió José Martínez Vera, el pardinero que finalmente dejó Miranda para marchar a América.  La pardina fue entonces adquirida por el Estado y repoblada, entre los años 1930 y 1935, antes incluso de que comenzara su labor el Patrimonio Forestal del Estado.

Miranda tuvo en aquella nueva etapa sus propios Guardas Rurales, como Marcelino Laplaza Martínez, natural de Pintano; o Francisco Hernanz Martín, natural de un pueblo de Segovia (este último ejerció desde 1928 hasta finales de los 60).

Alrededor de 1960 un tornado derribó la casa de la Pardina y un buen número de pinos, lo que terminó de desfigurar la zona.  Actualmente es propiedad de la Confederación Hidrográfica del Ebro y, además de algo de ganado, los únicos que podemos encontrar campando por aquí a sus anchas son buitres, jabalíes y algún que otro perdido como yo.

Miranda Alta


Nota: Para todo tipo de datos sobre la zona, el libro del que he sacado los datos de las personas que habitaron Miranda.  "Historias de Bagüés", de Javier Lafuente.

viernes, 8 de abril de 2016

Caminando en voz alta

Cuanto puede dar de sí un buen paseo por la mañana, si uno trata de ir con todos los sentidos bien abiertos.

Subiendo a un pequeño pico del entorno de Arguis tuve varios encuentros que quería compartir.  Tras las últimas lluvias, el pinar de pino silvestre rezumaba humedad y todos los pájaros se dedicaban a canturrear, supongo que contándose cotilleos de sus respectivos oteaderos.
 
Prímulas

Tras superar el pinar el camino cruzaba por una glera, donde reparé en un grupo de tres o cuatro carboneros garrapinos que rebuscaban por entre las oquedades, sin preocuparse por mi presencia.  Así que probé a sacar el móvil y buscar en youtube un canto de garrapinos. 
 
 Hepáticas

Los carboneros, al oír la llamada, comenzaron a cantar a todo trapo, saltando por entre las rocas y los arbustos; incluso uno llegó a ponerse delante, a medio metro escaso de mi mano, mientras trinaba con toda desfachatez, buscando la respuesta.  Salía volando a internarse en el pinar y regresaba a los pocos segundos, volviéndose a posar a mi lado.
 
Arctostaphylos uva-ursi, la gayuba o uva de oso

Estuve un rato disfrutando del espectáculo y seguí hacia arriba.  Cuando voy solo por el monte suelo ir como el camello, el único animal que, según dicen, es capaz de rumiar mientras camina.  Me enfrasco en pensamientos y me pierdo todo el espectáculo del que disfruté hoy, así que me decidí a permanecer con los sentidos bien abiertos.

Las lluvias han limpiado el bosque

Y es que la primavera está acorralando al invierno hasta los últimos pacos de estas montañas, donde incluso las yemas de las hayas se están dando por vencidas.  A sus pies, prímulas y hepáticas van dando un toque de color al humus de hojarasca vieja.  Hasta la humilde gayuba mostraba sus florecitas a los abejorros, aprovechando que no había romeros cerca que, nunca mejor dicho, le hiciesen sombra.

En la cima

Carboneros, pinzones, petirrojos e incluso un pequeño mito me fueron entreteniendo el camino, así que llegué antes de lo pensado.  En la cima, el Pirineo escasamente se deducía tras el telón de nubes, por lo que me puse a observar la red de sierras y pequeños lugares que se extendía a mis pies.  


 Belsué y Pardina de Ascaso. Se intuye Santa María y la subida hacia Orlato.

Es bonito comprobar su disposición optimizando el aprovechamiento de los recursos y las fajas escalonadas labradas en el fondo del valle; todo ello vigilado por Gabardiella, Guara y el lejano Turbón.

Narcisos

Volví por otra ruta ya en la solana, la típica sierra de buxeras, buitres sobrevolando y, salvo algún narciso, ningún compañero nuevo de viaje.  En poco menos de cuatro horas, volví al coche con las pilas completamente recargadas y reafirmándome en qué fácil es disfrutar de la vida si ponemos un poco de nuestra parte.  Pensando cuantas veces nos sentimos ahogados y damos vueltas y vueltas tratando de buscar la felicidad.  Así que me despido con la idea de que, en muchas ocasiones, tal vez tengamos una percepción errónea de la realidad.

 ¿y si no estamos mirando en la dirección correcta?