viernes, 19 de septiembre de 2014

Por la Sierra de Santo Domingo

Hace pocos días leí la noticia de que la Sierra de Santo Domingo iba a ser declarada Paisaje Protegido, una figura prevista dentro de los Espacios Naturales Protegidos de Aragón.  Y qué casualidad, pocos días después tengo la oportunidad de visitar su vertiente norte.  


Al fondo, el Portillón que comunica la Bal d'Onsella con Biel y Luesia

Si vienes a esta zona desde Zaragoza o Navarra, para llegar a Longás hay que pasar Sos del Rey Católico, Navardún y atravesar la Bal d'Onsella; lo que ya te hace comprender que estamos en un valle un tanto alejado del mundanal ruido.  La Bal d'Onsella (que parece tener la misma etimología que Bal d'Onsera, es decir, "valle donde hay osos") es una larga y tranquila bal; excavada por el río Onsella, que nace en Longás y desemboca en Sangüesa.   

Las opciones desde Huesca son llegar al Puerto de Santa Bárbara y meterte por una pista de 13 km (los últimos 4 o 5 "asfaltados").  Es decir, que en cualquier caso, no es un acceso cómodo.

 Bonito color de las badinas del río Onsella

Precisamente una de las mejoras que seguramente se obtendrán de esta figura de "Paisaje Protegido" es una nueva carretera.  Me contaban que hace unos 30 años se explanó el antiguo camino para hacer una pista transitable y unos 5 años después se "regó", es decir, que le echaron algo de asfalto para convertirla en carretera.  Y por el aspecto que presenta, así se ha quedado hasta el presente.

  Bal d' Onsella.  Una línea sutil a la izquierda es la carretera

Al llegar a Longás y ver todo el monte que rodea el pueblo, destacan hacia el sur la figura del Pico de Santo Domingo (1.525 m) y el Portillón cercano, que permite traspasar las rallas calizas para ir hacia el sur. 

Y precisamente al otro lado, al sur, están los otros dos pueblos que formarán junto a Longás este Paisaje Protegido, es decir, Biel y Luesia (conocido éste último por su famoso Pozo Pígalo).

 Entorno serrano de Longás

Por cierto, que si vas desde el Puerto de Santa Bárbara tendrás la oportunidad de pasar por dos antiguas Pardinas, de las que hablé en otra ocasión.  La Pardina Pequera está al pie de pista y aún tiene algún edificio en pie.

 Pardina Pequera

La Pardina Jabarraz en cambio está un poco elevada sobre la pista y tapada por el pinar de repoblación, así que habrá que estar pendiente del mapa.  Tras pasar unas pocas líneas de pinos salimos a una zona aterrazada, que denota su uso agrario de otros tiempos.  Ahí, comida por las barzas y ortigas, encontramos la que en otro tiempo fue morada de gentes atareadas en todo tipo de labores agrícolas, forestales y pastoriles.  De estos lugares conservaba una letanía que me recitaba un pastor de Agüero: "Mira si he corrido tierra, que he i estao en Jabarraz, Nueveziercos y Pequera y en la Pardina del Chaz 

 Pardina Jabarraz

Entre toda la vegetación que rodeaba las ruinas, había más de una gabardera (rosal silvestre) que presentaba tumores.  Así como ya vimos que los robles desarrollaban una agalla que algunos confundían con el fruto (y que mi padre cuenta que usaban cuando eran pequeños para jugar a las canicas); los rosales, al ser atacados por determinados insectos, desarrollan como defensa este otro tipo de agallas, que parecen musgosas.  Pero es lo mismo, es la manera que tienen las plantas de defenderse de un ataque, desarrollar un tumor que envuelve al insecto.


 Tumor en gabardera (Rosa sp)

Por cierto, que a pie de pista me encontré también con un artilugio que asemejaba un buzón de los habitantes del bosque.  Bajé del coche esperando encontrarme cartelitos del tipo "Señor Tejón", "Señora Rabosa"...; pero me encontré que dentro asomaban varias bolsitas de feromonas.

Yezgo (Sambucus ebulus), saúco herbáceo muy fácil de ver por la zona


Como ya sabréis, los machos de todas las especies podemos llegar a obnubilarnos (por llamarlo de alguna manera) ante un estímulo sexual.  Estas trampas consisten en unas bolsitas que emiten feromonas sexuales, las mismas feromonas que emite la hembra de la plaga que se pretende controlar.  Cuando el macho detecta la feromona, vuela hasta la bolsita y se queda pegado; por lo que en función de la cantidad de machos que encontremos, podemos deducir el momento óptimo para tratar.  En este caso, si no me equivoco, son trampas para Ipslos barrenadores de coníferas.

 Trampa sexual.  Es como una discoteca para las plagas


Una vez en Longás, es ineludible subir al Pico de Santo Domingo.  Yo estuve dando bastantes vueltas por la zona pero no subí hasta la misma cima, aunque prácticamente se puede acceder a ella en Todo Terreno.  No obstante y como lo interesante es hacerlo andando, aquí tenéis una idea de ruta.

 Quitameriendas (Merendera montana), llamada así porque florece cuando acaba el verano y ya no se merienda en el campo

Cuando te vas acercando al Portillón va cambiando la vegetación.  Los Pinus nigra y Pinus sylvestris plantados con las repoblaciones van dejando paso a un bosque mixto con gran cantidad de especies, como hayas, arce campestre, fresnos, Sorbus aria....  Esta zona está escasamente a unos 1.300 m de altitud, pero su disposición este-oeste de seguro hará frenar más de una nube que vaya hacia el sur, por lo que en esta cara norte podemos encontrarnos incluso con grandes árboles de espino albar y acebo (que generalmente los vemos como arbustos, pero si las condiciones son propicias, pueden alcanzar el porte y tamaño de un bonito árbol)

 Tilo (Tilia platyphyllos).  Destaca detrás el verde brillante de las hayas.

Otra de las especies que vi fue el tilo, fácil de identificar por las curiosas y llamativas brácteas que protegen la inflorescencia (y después el fruto, claro).  Es un árbol muy conocido por la infusión que se obtiene de sus flores, la tila; aunque también tiene muchos otros usos.

Si habéis caminado por un paseo de tilos en flor, habréis notado que emite un perfume muy intenso.  Posiblemente por eso el tilo atrae tanto a las abejas y de ahí la "miel de tilo".  De hecho, dicen que se pueden obtener dos cosechas de miel al año; en junio del néctar de las flores y en verano, de la savia (en forma de gotitas muy dulces) que segregan las hojas que han sido picadas por los ácaros.


 Fruto del tilo protegido debajo de esta especie de lengua alargada

Y de la misma manera que el roble está muy ligado a la mitología celta, el tilo lo está a la germánica.  En el Anillo de los Nibelungos, se cuenta que Sigfrido murió de un lanzazo dado en el único punto débil que tenía.  Al estilo del "talón de Aquiles", Sigfrido tenía un punto débil en su espalda, que había quedado tapado por una hoja de tilo cuando se bañó en sangre de dragón para hacerse invulnerable.
Supongo que por esta leyenda y muchas otras, será que el más famoso bulevar berlinés, el que lleva a la Puerta de Brandeburgo, es el paseo  Unter den Linden (literalmente "Bajo los tilos").

Un poquito más cerca, en el Paseo Independencia de Zaragoza por ejemplo, también son tilos todos los árboles plantados.  Ya veis que hay que vigilar que no nos caiga encima ninguna hoja de tilo al caminar....

Trabajos de antaño.  Las terrazas bajan por la ladera hasta el mismo pie de Lobera de Onsella

Y otra curiosidad que pude ver por la zona y que a lo mejor habéis visto en alguna ocasión y no habéis reparado, es un prado con rocas dispersas. 

Si os acercáis, veréis que son rocas de sal, y es porque la dieta a base de pastos en el monte provoca carencias de sales en los rumiantes.
Si los animales se crían estabulados, tienen todas las necesidades cubiertas, ya que a la vez que se les da el pienso compuesto, hay correctores que se dejan a libre disposición del animal, que pasa por el comedero y coge de la tolva.  
Pero los animales criados en semiextensivo, en la época que están en puerto, la única manera de corregir las carencias de sales es dejando estas rocas en las eras.

 Roca de sal

Resumiendo, que me gustó acercarme por la zona, principalmente porque iba a ser declarada Paisaje Protegido.  Pensé ¿qué valores tendrá? ¿etnológicos? ¿arquitectónicos? ¿de biodiversidad? ¿que estado de conservación?.  

Desde luego, en el Pirineo y Prepirineo podemos disfrutar de numerosos lugares que podríamos definir como "auténticos", pero la Bal d'Onsella y la zona de la Sierra de Santo Domingo que visité, merece un día de atención.  Además de disfrutar llegando a nuestro destino, la cima; siempre se puede aprender si observamos con atención a nuestro alrededor durante el "viaje", así que aquí os dejo la idea.

Paisaje de rallas en la Sierra

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las Torres de Hernán Centeno

Por una u otra razón, prácticamente todo el mundo conoce los valles que conforman el límite norte de Cáceres:  La Vera, el Jerte, las Hurdes...

Al oeste de las Hurdes se extiende la Sierra de Gata, comarca natural que teniendo los mismos o más alicientes que los valles mencionados, sigue siendo una gran desconocida.

San Martín de Trevejo, de noche

Creo que siempre que os he hablado de esta Sierra os he recomendado conocerla, pero además, debo deciros que el pueblo que más merece una visita es........ el pueblo de mi padre, San Martín de Trevejo.

Ya está, ya lo he dicho.  Lo dijera como lo dijera, iba a parecer poco imparcial; así que os lo recomiendo claramente.


San Martín de Trevejo, de día

He estado de nuevo este verano por aquí, disfrutando de familiares, paisajes, gastronomía y otros. Iba a decir disfrutando del clima, pero más de un día el tema del frío y el viento se les había ido de las manos. Aún así, hemos disfrutado igualmente, para qué negarlo.

Tras un corto rato subiendo vemos claramente nuestro objetivo, Las Torres

En otras ocasiones he dado a conocer diversos lugares de la zona, así que esta vez quería acercarme hasta las llamadas Torres de Hernán Centeno, conocidas localmente como As Torris (Las Torres); y para ello seguiremos el camino marcado como “Puerto de Santa Clara”, común con la subida a Jálama.

Detalle del abundante codeso (Adenocarpus complicatus).  Se aprecia la Calzada Romana


La litología de toda esta zona es principalmente granítica, es decir, que la roca madre es granito; por lo que al meteorizarse ésta, se han creado suelos compuestos de sílice, lo que en la práctica llamamos suelos ácidos. El suelo condiciona la vegetación, así que podremos descubrir especies (llamadas “acidófilas”) que no vemos habitualmente si frecuentamos el Pirineo y Prepirineo, que es mayoritariamente calizo y, por tanto, básico.

Los viñedos adquieren un aspecto muy particular al crecer sobre suelos silíceos tan someros.  
De la tradición vinatera serragatina da fé el mismísimo Cervantes, que nombra los vinos de Descargamaría en "El licenciado Vidriera"
  
La ruta hacia Santa Clara comienza entre campos y pastizales, mejorando el paisaje conforme vamos ganando altura (por cierto no hagáis ningún caso a las señales que marcan 5 horas hasta arriba). En este primer tramo, orientado al sur, el camino está flanqueado de abundante vegetación, entre la que podremos observar el enmarañado codeso (Adenocarpus complicatus) y abundante torvisco (Daphne gnidium).

Torvisco (Daphne gnidium) 

Este último lo conocía de la preciosa película “Entre lobos”, cuando enseñaban al niño a encontrar y reconocer plantas, usando la naturaleza como botiquín, como se hizo desde tiempos inmemoriales. El torvisco es una planta muy tóxica, aunque antaño se usaba incluso como cauterizador de heridas, introduciendo un palito de madera de torvisco tras agujerear las orejas a las niñas para poner el pendiente.  También usaban sus propiedades los pastores, para facilitar los partos a ovejas y cabras.

Durante un buen trecho nos rodean arbolitos de zumaque


Posteriormente pasamos por un tramo con abundante zumaque (Rhus coriaria), planta que adquiere un bonito color en otoño. Dioscórides, el famoso cirujano de los ejércitos de Nerón, describe el uso de esta planta para curtir cueros; por lo que se cultivaba abundantemente en los alrededores de las tenerías.

Detalle de Rhus coriaria, el zumaque

Poco a poco entramos en el Castañar de O Soitu, del que poco más se puede añadir. La orientación de esta ladera y las abundantes precipitaciones provocadas por el choque de los vientos atlánticos en la Sierra, hacen que de golpe te internes en un bosque oscuro, húmedo, fresco y lleno de preciosos ejemplares de castaño, helechos, acebos, olmos de montaña y un largo etcétera.

Entrando al Soto


En el último tramo antes de la frontera con Salamanca, domina el rebollo (Quercus pyrenaica), llamado aquí simplemente "roble".  Al llegar al Puerto y sin cruzar la carretera, traspasamos una cancela que tenemos a nuestra izquierda y nos dirigimos hacia un cordal que sale claramente hacia el oeste, las Torres de Hernán Centeno.

Las hojas de los castaños cubren por completo la Calzada 

El nombre proviene de un personaje que habitó estos parajes en torno al s.XV.  Hernán Centeno provenía de una familia noble de Ciudad Rodrigo que entre otros, eran señores de Peñaparda y sus peripecias comienzan cuando estando en San Martín de Trevejo, fallece sin descendencia Diego Centeno, el entonces primogénito de esta larga familia.  Allí mismo Diego hizo testamento, legando el Castillo de Rapapelo a su hermano Hernán.

El camino se jalona de varios impresionantes castaños  

El Castillo de Rapapelo era una fortaleza levantada en lo alto de la Sierra, a 1270 m de altura; posiblemente, sobre un antiguo castro romano y en lo que ahora son Las Torres.

Actualmente no quedan más que restos diseminados de piedras, sin forma alguna; pero aún en 1641, cuando las huestes del Duque de Alba acudieron a rescatar la villa de Eljas de los portugueses, se resguardaron en las ruinas del Castillo.

Bonita y antiquísima fuente en mitad del camino 

Se dice que su nombre, Rapapelo, viene de su brutal exposición a los cuatro vientos (y doy fé que el viento puede ser potente).  El caso es que Hernán Centeno, desde aquí, se acabó haciendo con el Castillo de Eljas, el de Trevejo y otros varios.

Vamos llegando al Puerto de Santa Clara 

Era aquella una época en la que, según está escrito y al decir de entonces, cada uno hacía lo que quería y andavan a ¡viva quien venze!

La historia de la toma del Castillo de Eljas es curiosa.  Por lo visto, apresó al hijo del Comendador de Eljas, que había salido a visitar a una religiosa del Convento de Sta María del Llano, de la que estaba enamorado.  Hernán Centeno lo apresó y pidió al padre el Castillo a cambio.  Al final, según se cuenta, se quedó con el hijo y con el castillo.  De este episodio queda un viejo romance:

Yo me salí de las Heljas
en ora que no devía,
yva a ver a mis amores
questán en Sancta María,
Prendióme Hernán Centeno
¡que los malos años biva!
desque me tuviera preso
desta manera decía
Si no me das a las Heljas
de aquí no te sacaría”
Mi Padre no tenía otro,
yo dado se los avía.
Desque se los uve dado
hizome gran villanía
mandóme sacar los ojos
con puntas de escrivanía.
Hasta que punto todas las leyendas son ciertas no sé si alguien lo sabe, pero el caso es que debió estar un buen tiempo cometiendo tropelías por toda la zona, hasta que los Reyes Católicos pacificaron la zona.  

Desde el Puerto vemos nuestro objetivo, al que llegaremos tranquilamente siguiendo la alambrada


Retomando el tema de nuestra excursión, para llegar hasta las antiguas ruinas de Rapapelo, tras cruzar la cancela y seguir unos metros el camino que baja hacia Eljas, nos desviamos para seguir cerca de la alambrada.

La alambrada no marca el límite interprovincial como he leído y oído por algún sitio, ya que el término de Eljas se extiende todavía unas hectáreas al norte (derecha) de la alambrada.  


Curioso (a mi parecer) límite norte de Eljas, ya que los arroyos de la parte alta acaban desaguando al río Águeda.  Se ve el Puerto de Santa Clara (llamado aquí "de San Martín").  Fuente: SIGPAC

Pero es curioso pensar que (al menos en teoría), la lluvia que caiga a la izquierda de la valla, irá a parar al Tajo; mientras que la que caiga a la derecha, irá a parar al Duero.  Es decir, que mirando el mapa yo diría que la valla es divisoria de aguas.

Mi padre y mi tío metidos entre escoberas (y resoplando por dentro, y más que iban a resoplar)

Por cierto que veréis las Torres sí son límite entre Cáceres y Salamanca, pero la frontera viene desde un pico llamado “Teso de la Nave”.  Teso es un topónimo muy habitual en la zona, que según el DRAE significa “colina baja con alguna extensión llana en la cima”. 
La definición casa a la perfección con este paisaje, ya que son montañas creadas en la Orogenia Hercínica.  Al ser montañas tan antiguas están muy desgastadas por la erosión, lo que da este relieve suave tan característico.

Mancha de helechos entre la sequedad de las escoberas.  Marcan un afloramiento de agua.  

La excursión en sí lleva poco tiempo. Una hora y poco hasta el Puerto, otra hora y poco hasta la primera Torres y ahí podemos seguir por el cordal, pasando por todas las Torres y bajar hasta Eljas, volviendo a San Martín en una ruta circular de unas 5-6 horas (totalmente aproximado).

Mostajo, aquí llamado mostaxeiru, del cual se comían los frutos.  Yo diría que es Sorbus latifolia, un híbrido entre Sorbus aria y Sorbus torminalis (éste último, si no me equivoco, también he visto por aquí). 

Nosotros elegimos volver hacia el Puerto y coger el camino que va hacia Eljas a media ladera, desviándonos monte a través para bajar a la Divina Pastora y retornar a San Martín a tiempo para una jarra helada en la Plaza.

Por cierto, que de la Divina Pastora también se pueden contar infinitas historias. Si os ha gustado ésta, en cuanto encuentre un momento, os contaré alguna.

Plaza de San Martín de Trevejo, con su torre del reloj (antigua cárcel) 



* Las historias de los Centeno están sacadas de la Biblioteca Virtual Sierra de Gata y del Centro de Estudios Mirobrigenses.

martes, 2 de septiembre de 2014

Ruta botánica por Ayerbe: La Fontaneta y L'azud

Las vacaciones con pequeños no dan tanto de sí (mejor dicho, son distintas), así que he aprovechado para conocer mejor lugares que, por cercanos, solemos tenerlos infravalorados.

 Torre de San Pedro, del s.XII

He estado dando vueltas por Ayerbe, en el Prepirineo oscense, y he redescubierto rincones que me han gustado, así que hoy os voy a proponer algo distinto. Se trata de una pequeña ruta botánica por "La Fontaneta" y "L'azud", sin desnivel y alrededor de un kilómetro de distancia, recorriendo un pequeño bosque de galería que se extiende aguas arriba y abajo de  la zona conocida como “La Fontaneta”.


Gabardera, rosal silvestre, escaramujo o tapaculos, típica planta de sotobosque


Sorbus domestica, el serbal común, con sus frutos en forma de perita


Al ser una ruta botánica no hay duración fija, ya que cada uno se puede explayar lo que quiera reconociendo especies. Os la cuento, por si alguien quiere descargársela y aprovechar estas fiestas de Santa Leticia para ver el lugar con otros ojos.


La hiedra devora totalmente árboles completos

Cualquier bosque cambia dependiendo de la época en que la visitas, así que os voy a hablar casi en exclusiva de árboles y arbustos. Porque me gustan más, los conozco mejor y podemos disfrutar reconociéndolos en primavera, verano, otoño y muchos también en invierno.


Estas pequeñas galerías permiten estar fresquito incluso en excursiones a pleno sol

En cuanto a la ruta en sí, y aunque lógicamente no me hago responsable de ningún percance que pueda sufrir nadie que visite estos lugares, no presenta problemas para realizarla, aunque digamos que está más bien poco “arreglada” para la visita. Y digo poco arreglada porque en parte discurre por caminos muy transitados y en parte está un poco abandonada. Hay una especie de “quitamiedos” de obra en 3-4 metros que discurren junto a un cortado, pasa la vía del Canfranero y hay un par de pasos incómodos para personas mayores o muy niños. Lógicamente, cualquier persona acostumbrada a caminar por el monte, desde niños de 6-7 años, puede hacer el recorrido sin ningún problema porque se trata de eso, de un camino.


Los paisajes en los bosques de ribera nunca defraudan

Resumiendo, el primer tramo es un camino que discurre entre huertos, por lo que nos encontraremos especies tradicionalmente ligadas al ser humano, aparte de típicas trepadoras de tapiales.


Phoeniculum vulgare, el hinojo

En la segunda parte el camino se interna en el bosque de ribera (de estos bosques hablé hace algún tiempo), por lo que encontraremos las especies ligadas a estas condiciones; y en la tercera parte, una vez llegamos al final del recorrido, podemos volver por la otra orilla, que discurre ya por la parte alta y cerca de campos, fuera ya del soto.


Aligustre (izquierda) y majuelo (derecha), presentes por toda la ruta.

La ruta (track descargable aquí) comienza en el camino llamado “La Canal”, que parte del final de la Plaza Alta (Plaza Aragón) a la derecha, cerca de la Torre de San Pedro y justo al lado del nº 37 de dicha Plaza.
Unos 50 metros y en la bifurcación tomamos el camino de la derecha, que bordea un Centro Transformador para pasar junto a un pequeño estanque y sigue otra recta. Justo en esta curva veremos un edificio que llama la atención en semirruina; se trata de un antiguo horno cerámico (fabricaban pucheros, platos y similares), que pertenecía a dos hermanos y dicen que eran de los mejores artesanos de Aragón.


Restos del antiguo horno cerámico

El comienzo de nuestra ruta transcurre entre huertos, con tapiales comidos por la vegetación; el derecho por hiedra y el izquierdo por sabuquero o saúco (Sambucus nigra).


Inicio del camino de "La Canal"

La hiedra es una trepadora que nos es muy familiar y que presenta dos hojas claramente distintas: las romboidales corresponden a los brotes fértiles, donde observaremos flores; y las palmeadas de brotes estériles.


Hiedra con sus dos tipos de hojas, romboidales (izqda) y palmeadas (dcha)

El sabuquero, muy conocida en el medio rural, será fácilmente reconocible en estas fechas por sus rácimos colgantes. Su hoja es imparipinnada, es decir, es compuesta y tiene un número impar de foliolos (varios pares y uno terminal).


Hojas imparipinnadas y frutitos negros del saúco

Pasamos también junto a otras especies típicas de los alrededores de los pueblos, como una higuera (Ficus carica) o un nogal (Juglans regia). También podremos observar entre la hiedra, Rubus ulmifolius, la zarzamora; y otra típica trepadora, la betiquera (Clematis vitalba).


Aspecto del Asparagus acutifolius, una especie de espárrago silvestre

La clemátide, hierba de los pordioseros o petiquera es una vieja conocida en el mundo rural, ya que antiguamente se fumaban sus tallos, el famoso “tabaco de petiquera”. Es también conocida como hierba de los pordioseros porque el contacto con la planta puede producir llagas, y se dice que antiguamente los pordioseros (los que iban pidiendo una limosna “por Dios”) se frotaban con esta planta para producirse llagas y dar más pena.


Clematis vitalba, la clemátide o petiquera

Giramos la curva y seguimos observando más especies: Un laurel (Laurus nobilis), cañas (Arundo donax) y auténticos fósiles vivientes sobresaliendo de entre la hiedra del murete de la izquierda: son Equisetos, las plantas superiores más antiguas que se conocen, y usados para gran cantidad de aplicaciones debido, entre otras cosas, a sus tallos ricos en sílice.  Desde propiedades diuréticas hasta usado como limpiaplata.


Equisetos.  Las "marcas" negras son las hojas

Otro arbusto muy habitual de la zona es Cornus sanguinea, el cornejo. Lo reconoceréis porque presenta unas hojas con un reborde ondulado muy característico. Para otoño coge un color rojo muy bonito, aunque el término sanguinea hace referencia al color de sus ramas.


Cornus sanguinea, el cornejo.  Se aprecia el margen ondulado de sus hojas

Llegamos al final de esta curva, observando al fondo a la izquierda los Mallos de Agüero. Delante tenemos pequeños ailantos (Ailanthus altísima, del que ya hablé en "Especies invasoras") y más especies típicas de estos lugares tan humanizados (higueras, laureleros, etc)

Conforme nos vamos internando en la ribera, van desapareciendo estas especies y van apareciendo las típicas de ribera: Chopos (Populus nigra) y olmos (Ulmus minor).


Las vistas hacia el dosel asemejan a veces a un cuadro

Es curioso que el nombre que daban los romanos para definir a los chopos y álamos sea el mismo que para definir un pueblo: Populus.  Posiblemente sean los árboles más habituales en los pueblos desde antaño, pero no tengo claro el origen.

En cuanto al olmo, antaño tan habitual en nuestros pueblos, desapareció casi por completo debido a la grafiosis, una enfermedad producida por un hongo que obstruye los vasos y hace que se sequen las hojas.


Ulmus minor, el olmo común

Llegaremos a una zona en la que hay un grupo de varios espinos albares de gran tamaño, unos 4-5 metros de altura. El majuelo (Crataegus monogyna) es otro de nuestros antiguos acompañantes en los bosques, del que ya hablé en esta otra entrada


Enorme espino albar casi al comienzo de la ruta

Pasamos por debajo de uno de estos enormes y bonitos majuelos, una pequeña subida y llegamos al lugar donde acabará la ruta (a la vuelta). Aquí vemos unas escaleras que bajan hacia “La Fontaneta”, descendemos y podemos seguir encontrando especies nuevas. Robinia pseudoacacia es otra de las especies “invasoras” de las que ya hablé y que encontramos naturalizadas en muchos sitios.


Bajada que va a dar de bruces con este gran espino albar

Enfrente veremos una chopera que plantaron los escolares de Ayerbe hace unos 57 años, en el Día del Árbol, bonita tradición (de la que se habla profusamente en este buen blog) que ya se ha perdido. Los niños plantaron estos árboles e incluso les daban una especie de escritura, ya que se tenían que hacer cargo de su cuidado.


Chopera plantada en aquellos memorables "Día del árbol" escolares

Pasamos la Fontaneta y seguimos por el camino (hay 3 caminos, el de la izquierda baja decididamente a cruzar el río, el de la derecha sube al camino por el que volveremos; nosotros cogemos el del centro).  Este camino al principio está a tramos anegado, por las diversas fuentes que manan. Convendría desaguar estos manantiales, para evitar que el camino se estropee.


Viburnum lantana


Fraxinus angustifolia, el fresno de hoja estrecha

En el bosque de galería seguiremos encontrando nuevas especies, como el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia) y el almez o litonero (Celtis australis). El litonero es otro conocido de los “viejos” niños, ya que solían comer sus frutos para usar los huesos como proyectil de cerbatana.


Escaramujo al fondo y litonero en primer plano

En los claros del bosque podremos encontrar especies más mediterráneas, como el boj (Buxus sempervirens), la coscoja (Quercus coccifera) y la carrasca (Quercus ilex).


Quejigo con una agalla, tumores consecuencia de la picadura de un insecto

De estas especies poco más se puede decir, pero os cuento una aplicación que igual alguno no conoce. Cualquiera que haya tenido hijos sabe de los problemas de irritaciones que tienen los bebés en el culete, especialmente cuando les salen los dientes, algo que para muchos es un verdadero calvario. 


Paisajes relajantes toda la ruta


Siempre hay una planta que da un toque de color

Me han contado que hay un remedio que es mano de santo, hirviendo corteza de carrasca en agua. Yo no probé a hacerlo, pero me han contado que si lo queréis intentar, hacedlo en una cazuela a la que tengáis poco apego, porque se tiñe de rojo y no se puede quitar. Si tenéis el problema pero no queréis liaros a hacer pruebas, sé que hay farmacias que comercializan “Agua de carrasca”.


Eléboro fétido.  Ranunculácea extremadamente tóxica



Incluso en un mediodía cálido de verano se puede disfrutar de esta ruta

Bueno, nosotros a lo nuestro. Cruzamos el río a la otra margen, seguimos por un claro y pasamos por debajo del puente de la vía. El camino sigue y las especies continúan apareciendo, como eléboros (Helleborus foetidus)Euphorbia characias, aligustre (Ligustrum vulgare) o hinojo (Phoeniculum vulgare). Este último os sonará por la gran cantidad de usos en cocina.


Euphorbia characias

Nos acercamos al final del camino

Al llegar al final de la ruta podemos acercarnos al azud, que antiguamente fue usado como piscina natural, hasta que una gran tormenta anegó el embalse. Hay un gran y viejo sauce (Salix sp) en el recinto, otro típico representante de las especies de ribera.  Se ven grandes rocas de toba (llamadas aquí tosca), creadas a partir de la precipitación de las sales que el agua lleva disueltas.


L'azud.  


Adiantum capillus-veneris, helecho típico de rocas donde rezume agua

Tras ver el azud, subimos por el camino donde en esta época podemos ver achicoria (Cichorium intybus), cuyas raíces tostadas fueron usadas como sustitutivo del café en tiempos de escasez y sus hojas tiernas consumidas en ensalada. También encontramos un almendro, probablemente amargo (del que hablé aquí) resistiendo solo.


A finales de verano l'azud se encuentra seco



Cichorium intybus, la achicoria.

Volvemos por el camino y si nos fijamos aún podremos encontrar especies no mencionadas, como las muy venenosas Solanum nigrum Solanum dulcamara (hablé de ello aquí)el aladierno (Rhamnus alaternus), madreselvasalfalfa silvestre o el enebro de la miera (Juniperus oxycedrus, del que también he hablado ya). 


Solanum dulcamara



Solanum nigrum, los tomatitos del diablo

El arbusto predominante en muchos lugares es Osyris alba¸ que sin ser de la familia de las retamas, es también conocida como retama loca. Esta especie crece parasitando las raíces de las plantas que le rodean.


Osyris alba, la retama loca.

Y conforme nos acercamos al final del camino podemos fijarnos en especies plantadas como pinos (Pinus halepensis), cipreses (Cupressus sempervirens), negundo (Acer negundo) o una zona donde, si nos fijamos en lo alto, veremos grandes masas de muérdago (Viscum album, del que comenté algo aquí), alimentándose de varias robinias y chopos. 


Acer negundo, otra de las especies invasoras más extendidas, aquí plantada


Viscum album, el muérdago.  Se ven las pequeñas bolitas con las que se hacía el "besque"

Faltarán muchas especies del sotobosque que yo no habré comentado y muchas flores de las que no he hablado. Incluso ahora, fuera de temporada, aún vemos Viborera, Gordolobo, Asteriscus spinosus y un largo etcétera.


La belleza está siempre presente.  Solo hace falta mirar con ganas de encontrarla.

Como vemos, en un sitio tan cercano, con pocos conocimientos y en tan poco tiempo, habremos reconocido en torno a 40 especies de plantas. Si nos damos cuenta de toda esta riqueza, valoraremos más nuestro entorno y disfrutaremos más de los paseos.

 Leyendo en plena naturaleza.  ¿se puede pedir más?


Nota: En estos tiempos estamos ya muy acostumbrados a ver el monte lleno de cartelitos, paneles interpretativos, señales, etc, así que tal vez no veáis claro como hacer esta ruta.  Independientemente de que en plena crisis es complicado encontrar financiación, si alguno tiene ganas de hacer la ruta, basta con encontrar ese alma de explorador que seguro todos tenemos dentro.  Por si vais justo de instinto explorador, os he puesto el track, aunque hecho a mano, porque se perdía la señal del GPS.  Recomiendo apuntarse todas estas especies en una hoja e ir tachando conforme las encontreis.  Seguro que no os defraudará.