miércoles, 22 de agosto de 2012

El Castañar de O Soitu (San Martín de Trevejo, Cáceres)

La especie propuesta hoy es Castanea sativa, el castaño.  Un árbol de hasta 20-30 metros de altura, con un tronco que llega a medir 2 metros de diámetro en los cultivados, siendo más esbelto y menos ramoso en los silvestres, conocidos como regoldos.

En los ejemplares viejos, la corteza es de color ceniza o parduzco, profundamente resquebrajada.  Las hojas son grandes, de entre 10-25 cm de largo y 3-10 cm de ancho, alternas, lanceoladas y profundamente dentadas.
Es una planta monoica: las flores de ambos sexos nacen en amentos verticales de 10-20 cm de largo.  Surgen a finales de junio y hacia el otoño, las flores femeninas se convierten en espinosas bellotas, que contienen dos o más castañas.
Una rama con sus hojas acompañadas de las inconfundibles castañas

Esta especie requiere un clima suave y una humedad adecuada para su crecimiento y la producción de castañas. Es sensible a las fuertes sequías estivales y a las grandes heladas invernales, perjudicándole las tardías de primavera y las escarchas precoces del otoño. Le gustan los terrenos silíceos y no tolera los suelos calizos. Por tanto, es frecuente en el norte, desde el Pais Vasco a Galicia, Cataluña, montañas del centro y occidente (León, Zamora, Salamanca, Avila, Extremadura..) y Andalucía.  En el este y es sudeste es muy escasa.

Típico e inconfundible pie de castaño.


Tanto el castaño como el nogal (Juglans regia) suelen aparecer en el seno de robledales y bosques mixtos.  Los registros polínicos demuestran que estas especies son autóctonas en España, aunque dentro del proceso de "frutalización" que han sufrido nuestros bosques desde épocas antiguas, no hay duda que la mayor parte de castañares y bosquetes de nogales o plátanos han sido, bien favorecidos por el hombre, bien plantados directamente.

La zona que propongo es ideal para observar esta especie, ya que sin ningún problema podremos encontrar castaños por cualquier camino.  Es el Castañar de O Soitu (en mañego, "el soto") o de Ojesto (apellido de su antiguo propietario).
 
Partimos de San Martín de Trevejo, en la Sierra de Gata, Cáceres.  Es el pueblo de mi padre, así que lo conozco bien desde niño.  La Sierra de Gata forma parte del Sistema Central, si bien éste es un término académico que no es compartido por los habitantes de la zona, los cuales se refieren a las diferentes sierras sin tener conciencia de un todo (1).  
 
Calle A Ciai (como se denomina a Ciudad Rodrigo), en San Martín de Trevejo
 
La Senda es la antigua Calzada Romana, que se dirige al Puerto de Santa Clara,  Es el camino tradicional de entrar en Salamanca y actualmente está balizado como GR-10, de Ciudad Rodrigo a Sierra de Gata, dentro de la Red de Senderos del Sistema Central.
En San Martín se habla A Fala (mañego en la versión local), un dialecto cuyas raíces se hunden en el castellano antiguo, portugués, gallego o leonés.

El momento idóneo es cualquier época del año, ya que cada estación aporta su colorido.  Yo he tenido la suerte de disfrutar de un día de niebla y lluvia en pleno agosto, mientras la ola de calor barre la mayor parte de la península.
Helechos y pinar de repoblación de Pinus pinaster, al principio del recorrido

Tras dirigirnos a la parte alta del pueblo, salimos por la Calzada Romana y tras unos minutos entre campos, comienza el castañar.

Impresionante ejemplar de castaño.  Se observan los típicos rebrotes de cepa.

Seguimos disfrutando del camino, pensando en la cantidad de siglos que ha sido transitado.  Desde los romanos hasta el siglo pasado, en que las gentes de estos lugares emigraban a Argentina cruzando el Puerto de Santa Clara, para posteriormente atravesar Castilla y embarcar en Galicia.

Dos tremendos ejemplares de castaño, conocidos como "los abuelos"

La luz se filtra a través de la niebla y el dosel arbóreo

 En ocasiones hay una verdadera alfombra, hecha por las flores caídas de los castaños.

Los castaños van dejando paso a un bosque de rebollo (Quercus pyrenaica)

Musgo, líquenes y helechos posando juntos


En un tramo encontramos esta bonita escena.  La raíz ha ido penetrando a través de las grietas de la roca, hasta que ha podido con ella. Al final, roca, talud y parte del árbol han caído.

La raíz contra la roca

Tras poco más de 1 hora andando, llegamos al Puerto.  Aquí tenemos distintas opciones, muchas de ellas señalizadas: Ascender a Jálama o  a las Torres de Hernán Centeno, girar hacia Eljas, etc.  En cualquier caso, hay que tener precaución y consultar si queremos caminar por la zona, ya que hay ganado bravo y podemos tener algún susto si saltamos algún muro de los muchos que delimitan parcelas. Podemos consultar más bibliografía de los senderos de la zona aquí 

Los helechos tapizan prácticamente todo el suelo desde la salida del pueblo hasta el Puerto.

El cartel de entrar en Cáceres.  
El que veía todos los años antes de que mejoraran los accesos desde Cilleros.

En el mismo Puerto salen varios senderos hacia Jálama.  Hoy es mejor darse la vuelta.


La fotogénica Jálama (o Xálima, en mañego), que con sus 1.492 m es el pico más alto de la Sierra de Gata.

Jálama, vista desde la carretera de El Payo

Al volver a San Martín, podemos disfrutar de un paseo por el pueblo, con un casco antiguo declarado Conjunto Histórico-Artístico; por no hablar de la impresionante gastronomía a base de ibéricos y similares.  Eso sí, recomiendo hacer las excursiones antes de comer.



(1) Para más información sobre rutas, la web de la Red de Senderos del Sistema Central.

lunes, 6 de agosto de 2012

Betula pendula. Piedrafita de Jaca (Huesca)


Betula pendula, el Abedul común, es un árbol caducifolio con una corteza de un blanco puro característico, que en la base del tronco se oscurece y agrieta con la edad. 
Su tronco generalmente es delgado, aunque en algún caso puede llegar hasta los 2 metros de diámetro.


Las hojas son básicamente romboidales, alternas, dentadas y miden unos 6 cm, de los cuales 1/3 es el peciolo. Éste es cilíndrico, lo que le hace distinguirlo con el género Populus.


El género Betula cuenta en Europa con dos especies arbóreas (Betula alba y Betula pendula), que se distribuyen ampliamente por los territorios septentrionales y medios.
En la península Ibérica puede encontrarse bien formando masas o rodales más o menos puros; bien salpicando otras formaciones de tipo eurosiberiano o submediterráneo.  De hecho, soporta bien el frío y también las temperaturas altas en verano, siempre que los suelos mantengan cierta humedad.
Son poco exigentes en cuanto a nutrientes del suelo y prefieren claramente los suelos ácidos.


Es un árbol tremendamente versátil, por lo que en gran parte del centro y norte de Europa forma parte del imaginario colectivo.  En Rusia es protagonista de innumerables canciones, cuentos o refranes, asociado con la pureza, las mujeres, la juventud y la maternidad.  La madera, de fácil trabajar, se utiliza para fabricar objetos tan distintos como esquís a las famosas matrioskas.
Los esquimales se servían de los abedules para confeccionar vestidos, construir piraguas y elaborar cuerdas, pues su corteza se mantiene muy bien por contar con betulina, una sustancia conservante muy potente.  Igualmente, el ácido betulínico se ha descubierto que tiene importantes propiedades en el tratamiento del cáncer.
Las hojas se usaban para ahuyentar moscas y tábanos y actualmente se usan en tratamientos contra la artritis, reuma, caída del cabello, colesterol, obesidad y un larguísimo etcétera.
Y las ramillas, dada su flexibilidad y dureza, fueron muy utilizadas por los maestros como instrumento punitivo.

En cuanto a los bosques, la cobertura del dosel suele ser del 100 %, aunque como el follajes es poco denso, suele haber suficiente iluminación como para que haya un buen estrato herbáceo.  Se encuentra acompañado principalmente de Sorbus aucuparia, encontrando también Acer pseudoplatanus, Salix caprea, etc.


Sorbus aucuparia, el Serbal de Cazadores, con sus característicos frutitos rojos, acompañando a Betula pendula.


En la península Ibérica encontramos principalmente tres situaciones distintas :
- Bosquetes de abedul diseminados en bosques de otras especies:  En este caso, los abedules muestran su papel de pionero en una secuencia, ya que suelen instalarse en zonas donde los robledales, hayedos, pinares o abetales han sido destruidos (incendios, talas, etc).  Podemos encontrarlos así en los abetales pirenaicos, los pinares de Pinus sylvestris, hayedos acidófilos cántabro-pirenaicos, etc.  

- Bosques de abedul estables:  Este caso es el contrario, ya que aquí el abedul no forma parte de ninguna serie; sino que forma parte de la vegetación del ecosistema terminal o climácico (es decir, el ecosistema que podríamos denominar " de clímax", el óptimo).
Suele suceder en el norte de Europa, donde aparecen únicamente Betula alba y Sorbus aucuparia como las únicas especies que pueden acompañar a Picea abies en las condiciones extremas septentrionales.
Aquí en el sur, este tipo de formaciones las encontramos en los llamados bosques finícolas, es decir, los que están en el límite forestal superior.  Por tanto, podemos encontrarlos en Pirineos en combinación con Pinus uncinata.

- Abedules en ambientes ribereños: Es una de las situaciones más típicas en los ambientes eurosiberianos peninsulares.  Suele figurar en los cursos de agua atlánticos junto a alisos, temblones, fresnos, etc

Por su cercanía, propongo una corta excursión donde podemos observar rodales de abedules; complementaria con alguna otra actividad.
En Piedrafita de Jaca, subimos hacia el Parque de Lacuniacha por la pista asfaltada.  En las primeras curvas veremos ya los abedules a ambos lados de la carretera.  La mayoría son pies de poco diámetro, pero nos sirven para observar esta especie en su medio natural. 
En alguno de los ejemplares que vemos cortados o muertos en el suelo, podemos comprobar la facilidad con que se extrae su corteza.  No en vano, de la corteza interna los romanos comenzaron a extraer unos pergaminos denominados librum, que dieron origen a la actual acepción de libro.
Una vez en Lacuniacha, recomiendo varias opciones.
La primera, una visita obligada al Parque Faunístico.  Se pueden ver en régimen de semilibertad muchas especies exóticas, como bisontes o caballos Przewalski.  Una buena opción para un día en familia.
La segunda, muy rápida, una visita al Ibón, a poco más de 1 hora desde Piedrafita.
Y la tercera, continuar por un desvío a la derecha, tras un Paso Canadiense, para ir hasta el Hayedo del Betato y volver a Piedrafita en excursión circular.  Una buena opción.


Bonito ejemplar de abedul con la Sierra de Tendeñera de fondo