viernes, 8 de abril de 2016

Caminando en voz alta

Cuanto puede dar de sí un buen paseo por la mañana, si uno trata de ir con todos los sentidos bien abiertos.

Subiendo a un pequeño pico del entorno de Arguis tuve varios encuentros que quería compartir.  Tras las últimas lluvias, el pinar de pino silvestre rezumaba humedad y todos los pájaros se dedicaban a canturrear, supongo que contándose cotilleos de sus respectivos oteaderos.
 
Prímulas

Tras superar el pinar el camino cruzaba por una glera, donde reparé en un grupo de tres o cuatro carboneros garrapinos que rebuscaban por entre las oquedades, sin preocuparse por mi presencia.  Así que probé a sacar el móvil y buscar en youtube un canto de garrapinos. 
 
 Hepáticas

Los carboneros, al oír la llamada, comenzaron a cantar a todo trapo, saltando por entre las rocas y los arbustos; incluso uno llegó a ponerse delante, a medio metro escaso de mi mano, mientras trinaba con toda desfachatez, buscando la respuesta.  Salía volando a internarse en el pinar y regresaba a los pocos segundos, volviéndose a posar a mi lado.
 
Arctostaphylos uva-ursi, la gayuba o uva de oso

Estuve un rato disfrutando del espectáculo y seguí hacia arriba.  Cuando voy solo por el monte suelo ir como el camello, el único animal que, según dicen, es capaz de rumiar mientras camina.  Me enfrasco en pensamientos y me pierdo todo el espectáculo del que disfruté hoy, así que me decidí a permanecer con los sentidos bien abiertos.

Las lluvias han limpiado el bosque

Y es que la primavera está acorralando al invierno hasta los últimos pacos de estas montañas, donde incluso las yemas de las hayas se están dando por vencidas.  A sus pies, prímulas y hepáticas van dando un toque de color al humus de hojarasca vieja.  Hasta la humilde gayuba mostraba sus florecitas a los abejorros, aprovechando que no había romeros cerca que, nunca mejor dicho, le hiciesen sombra.

En la cima

Carboneros, pinzones, petirrojos e incluso un pequeño mito me fueron entreteniendo el camino, así que llegué antes de lo pensado.  En la cima, el Pirineo escasamente se deducía tras el telón de nubes, por lo que me puse a observar la red de sierras y pequeños lugares que se extendía a mis pies.  


 Belsué y Pardina de Ascaso. Se intuye Santa María y la subida hacia Orlato.

Es bonito comprobar su disposición optimizando el aprovechamiento de los recursos y las fajas escalonadas labradas en el fondo del valle; todo ello vigilado por Gabardiella, Guara y el lejano Turbón.

Narcisos

Volví por otra ruta ya en la solana, la típica sierra de buxeras, buitres sobrevolando y, salvo algún narciso, ningún compañero nuevo de viaje.  En poco menos de cuatro horas, volví al coche con las pilas completamente recargadas y reafirmándome en qué fácil es disfrutar de la vida si ponemos un poco de nuestra parte.  Pensando cuantas veces nos sentimos ahogados y damos vueltas y vueltas tratando de buscar la felicidad.  Así que me despido con la idea de que, en muchas ocasiones, tal vez tengamos una percepción errónea de la realidad.

 ¿y si no estamos mirando en la dirección correcta?

2 comentarios:

  1. Oscar,
    Te entiendo perfectamente. Estas rutas tranquilas intentando percibir lo que nos rodea son muy gratificantes, yo cada vez las disfruto más (y hago menos de las que me gustaría).
    Pasear siendo testigo mudo del entorno.
    Para lograrlo plenamente hay que ir solo, y uno vuelve renovado.
    Salud, y a seguir disfrutando de estos vicios tan baratos que compartimos!

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  2. Gracias David! Pues sí, uno de los trucos es ir sólo. Una buena terapia para todo. Salud!

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