jueves, 24 de marzo de 2016

Pardina de Casablanca

La Pardina de Casablanca la encontramos en un magnífico paraje, semiperdida en esos desconocidos montes que se extienden por detrás de los Mallos de Riglos, hacia la sierra de Loarre.

Nuevamente subimos a Pequera desde Sarsamarcuello, pero al llegar a las ruinas de la pardina escogemos el camino de la derecha, que va a salir al saso de la Garoneta a través de la Foz.

Tras subir un colladito llegamos a esta recoleta hondonada, con todos los ingredientes de una sierra mediterránea.  Eso sí, el trajín que habría en este paraje hace unas décadas ha sido sustituído por el vuelo de los buitres y el silencio absoluto.

Pardina de Casablanca.  Al fondo Oroel


Al seguir el camino nos dirigimos hacia las únicas edificaciones que se divisan, un corral, un casetón y unas ruinas.  Y la inevitable pregunta, ¿como sería este lugar hace medio siglo?  Hasta las mismas ruinas parecen aquí querer escapar por el hueco de la puerta.  Porque la historia siempre es la misma; el expolio y alguna gotera que aprovecha una teja rota o robada acaban tirando por la borda siglos de historia.


Lo que queda de la casa

El motivo de este pequeño homenaje era contaros que hace medio siglo, estas míseras ruinas de las que os hablo, eran el lugar donde posan para la foto la familia Ena Lafuente.
  
Rafael Ena Artieda y Vicenta Lafuente Prado se habían casado en Anzánigo, de donde ella provenía.  Se fueron a vivir a Bolea y Rafael estuvo de guarda en el Castillo de Anzano, marchando posteriormente de pardineros a la serrana Casablanca.  Aquí vivieron con sus ocho hijos; trabajando los campos y con algo de ganado. 

La familia Ena Lafuente en Casablanca

La familia Ena eran gente alta.  Tenían que serlo, porque en Linás queda el recuerdo de ver a dos hombres muy altos que bajaban de Casablanca a bailar en fiestas.  Esos hombres altos eran Esteban y José Ena Lafuente, dos de los hijos del matrimonio.

Rafael, Vicenta y sus hijos estuvieron desde aproximadamente el año 1946 hasta 1960, cuando abandonaron la pardina y se fueron a Asturias.

Pequeño refugio de cazadores y restos de la casa

Ahora únicamente veremos en pie un pequeño refugio de cazadores rodeado de pastos y artos, pero en este desconocido paraje una vez se trabajó la tierra, se segó la mies, se trilló el grano y se vivieron muchas vicisitudes, ya que especialmente en la posguerra la redolada de Marcuello estuvo repleta de maquis.

Un joven Primitivo Ena Lafuente luciendo un precioso caballo


Pero esa es otra historia.  Espero que este pequeño esbozo sirva para que, al pasar, veáis con otros ojos este silencioso lugar.




Nota: Mis disculpas por posibles errores u omisiones y mi agradecimiento a José Luis Albacar Ena, por las fotos y la amable información.

3 comentarios:

  1. Fernando Albacar Ena25 de marzo de 2016, 22:13

    Muchas gracias a todos los que os lo habeis currado por la información.

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  2. Fernando Albacar Ena25 de marzo de 2016, 22:15

    Muchas gracias a todos los que os lo habeis currado. Algo precioso, recuerdos de la familia que quedan aquí recogidos.

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    1. Muchas gracias a vosotros, por haberme permitido conocer los detalles de quienes aquí trataron de buscarse un futuro. Al menos, eso, que quede recogido y no se pierda. Salud para ti

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