martes, 24 de noviembre de 2015

Pardina de Lanzaco

Cuando hablamos de pardinas no siempre nos referimos a enclaves habitados (al menos en los últimos siglos).  Muchas veces la única infraestructura que existía era algún corral para alojar el ganado o refugiarse los pastores que pasaban.

Pero el paso del tiempo todo lo borra y muchos ya no saben si tal o cual pardina estuvo habitada.  Eso me sucedía con Lanzaco.  Pese a los mapas (que muchas veces son erróneos), no veía ni rastro de la casa y en algún libro leí que eran "corralizas dispersas en torno a Ena".  ¿qué quería decir eso?.  ¿Lanzaco fue entonces una pardina como Legriso o Búbal, que solo disponía de corrales?


 Ena, en su solanera
  
Hace poco tuve la suerte de pasar una tarde en agradable conversación con Robustiano Lafuente y su mujer.  Robustiano nació en Lanzaco hace 88 años, y aún me supo dar ricos y variados detalles de aquella pardina mientras guisaba en el fuego un jabalí (o al menos un buen trozo de él).  

Sus abuelos llegaron a Lanzaco únicamente con un burro y una vaca, con los que de alguna extraña manera, lograrían hacer una junta para labrar.  Ahí nacieron 6 hijos, que iban al colegio a Triste, a una hora y media de distancia.  Hubo penurias pero también alegrías, que compartían con los Lasaosa, los pardineros de la contigua Ordaniso, con los que se llevaban como hermanos.
  
Pardina de Legriso.  Al fondo San Juan de la Peña


Los años pasaron y la situación de la familia mejoró bastante.  Con trabajo, eso sí.  El padre de Robustiano era ahora el cabeza de familia e incluso trataron la compra de la pardina con el propietario, un cura de Ena hermano del dueño de la Pardina Camparés.  Corría el año 1927 y Robustiano era un recién nacido.

Ese año el padre de Robustiano bajó, como era costumbre, a las Ferias de Ayerbe.  Una hora y media andando hasta coger el tren en La Peña y de ahí hasta Ayerbe, donde solía estar un par de días.  Cuentan en Ayerbe que esos días los porches de las dos plazas estaban llenos de gente durmiendo, además de los que se repartían entre casas de conocidos y hostales.

Corrales en la Pardina de Búbal, escondidos entre el ocre del boj y el gris de los artos



Aquella mañana, mientras el padre estaba en las ferias y la madre en la masadera amasando el pan, comenzó el incendio.  Dos criados que estaban preparando un campo cercano vieron el humo y volvieron corriendo, pero ya no pudieron salvar la casa.  El fuego se la comió entera.  

Aún así, los Lafuente seguían con idea de comprar la pardina.  Se fueron a vivir a Ena y todos los días bajaban a Lanzaco a seguir con los animales y los campos, o incluso alguna noche se quedaban a dormir en el corral.


 Saliendo de Ena camino de Ordaniso y Lanzaco


Pero estamos ya en 1928 y el organismo que años más tarde sería la Confederación Hidrográfica del Ebro está haciendo grandes compras en esta zona.  Se pretende reforestar la zona y reducir así la erosión de los montes, que provoca grandes arrastres de sedimentos hacia el joven pantano de La Peña (para más detalles sobre la compra, consultad el infalible remedio para los esmemoriáus)

La dueña de Ordaniso vende y el de Lanzaco también; por lo que todos los pardineros se verán obligados a marchar.  Aún aguantarán un par de años tras la venta, pero la plantación de los pinos complica enormemente el pastoreo de los animales, y las multas no son pequeñas.


Preciosa Pardina de Ordaniso


Muchos años antes del desmantelamiento generalizado de nuestra sociedad rural tradicional, esta zona sufrió ya un revés irreversible.  En Ordaniso aún humearía la chimenea muchos años, por la llegada de los De Mingo, los guardas, pero la brecha estaba abierta.

El boca a boca de que existía un mundo exterior donde había infraestructuras, servicios y la idea de tener mejores condiciones de vida con un horario limitado provocó una sangría humana imparable.  Hoy en día los parajes y el ambiente continúan siendo impresionantes pero todo lo demás ha cambiado.  

Como dice la canción, no se puede vivir aquí, "si no yes butre, o rabosa u chabalín"

2 comentarios:

  1. Con una historia íntima y pequeña cuentas muchas cosas de la vida rural tradicional que les fue robada a nuestros antepasados y de la que nos quedan pocos testimonios... Como moradora de una pardina ya me gustaría saber una mínima parte de lo que han oido estas piedras, no lejos de un molino y en el paso de una calzada...
    Un abrazo y mil gracias por la lectura!!

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    1. Hola Virginia!
      No sabía que vivieras en una casa de este tipo... Pues sí, ya puedes asegurar que esas paredes callarán muchas cosas.... Personalmente me encantan los sitios con tanta historia, así que disfrútala tú que puedes! Otro abrazo para ti y muchas gracias por tu comentario!

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