miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Por qué cambia el color de las hojas en otoño?

Un espectáculo que no deja a nadie indiferente es el cambio de color de las hojas de los árboles en otoño.  Y muchas veces se oyen comentarios sobre los motivos, los pigmentos.... pero, sobre este cambio de color ¿se sabe por qué sucede?.  Mejor dicho, ¿para qué sucede?.

Pues tengo que decir que a ciencia cierta no se sabe.  Y no lo digo yo, claro, sino voces expertas en la materia.

 Los chopos se van volviendo invisibles conforme avanza el otoño.  
Río Carabantes (Sistema ibérico zaragozano-soriano)

Primero, hay que entender que este cambio de color sucede en especies caducifolias, es decir, que pierden la hoja.  Estamos en vísperas del invierno, un periodo muy desfavorable para la planta por bajas temperaturas o incluso escasez de agua (no olvidemos que si se hiela el agua del suelo, la planta tampoco va a poder absorberla), por lo que las especies (cada una a su manera) se empiezan a preparar para aguantar hasta que lleguen momentos más favorables, es decir, que llegue la primavera.

La estrategia de los árboles es entrar en parada vegetativa (¡ojo, también las coníferas!), una especie de hibernación en la que se paraliza su crecimiento y se minimizan sus funciones.  Para evitar perder agua a través de las hojas y puesto que no las va a necesitar para realizar la fotosíntesis, cuando nuestra planta caducifolia comprueba que los días se van acortando, decide tirar sus hojas.

 Los colores son distintos según la variedad de la vid

Pero antes de tirarlas y ya que en la naturaleza nada es gratis, reabsorbe toda la clorofila que hay en ellas.  Al desaparecer la clorofila de la hoja (que usa para alimentarse y que le da el color verde), quedan al descubierto unos pigmentos secundarios que protegen a la hoja del sol y que normalmente están enmascarados por la clorofila.  Son los carotenoides (xantofilas y carotenos), de colores amarillo y naranja.  

Nota: no es que los pigmentos tengan colores.  Nosotros vemos la clorofila de color verde, porque absorbe todas las longitudes de onda (todos los "colores") que forman la luz blanca del sol, excepto el verde.

Viñas en Paniza (Zaragoza)

Así pues, se pensó que el motivo del cambio de color era ese, el ahorro de energía.  Pero se descubrió que no todo eran pigmentos que ya estuviesen en la planta, sino que había especies que fabricaban pigmentos ex profeso.  Son los árboles que, debido a las antocianinas, se tornan rojos en otoño; como la hoja de arce de la bandera de Canadá. 

Pero ¿para qué va una planta a gastar energía en fabricar algo si lo va a tirar a los cuatro días?  Se piensa que la antocianina, entre otras cosas, actúa como anticongelante y protector contra el sol, permitiendo a la hoja permanecer más tiempo en el árbol y acabar así de extraer todos los azúcares y sustancias que guarda.
 
Camino de Oturia, Pirineo oscense.  Al fondo, montañas del Valle de Tena.

Y se empezó a considerar que el color rojo era un aviso para los insectos.  Los pulgones ven el color y saben que esas hojas están llenas de antocianina, un producto tóxico para ellos, por lo que en lenguaje químico es una especie de "¡ten cuidado conmigo!".

 Hermoso sauce en la laguna de Gallocanta (Zaragoza)

Había una curiosidad que avalaba esta hipótesis.  Porque puestos a pensar en estos pigmentos rojos, ¿cuantos árboles véis de tonos rojos en otoño? Si lo pensáis, la mayoría de árboles pasan del verde al amarillo: álamos blancos y negros, sauces, hayas, abedules....

 Cornus sanguinea, el cornejo, con su bonito color otoñal morado

¿y cuantos se tornan rojos? Así, de bote pronto, recuerdo el serbal de cazadores, el cerezo, los arces, la tremoleta.... Y es que en Europa no son tan habituales esos árboles rojizos de los paisajes japoneses o del Noreste de Estados Unidos.  

Entrada a Bentué de Rasal, Prepirineo oscense.  Al fondo, Sierra Caballera.

De hecho, han calado tanto estos paisajes en el imaginario colectivo, que en Massachusetts se estiman en unos 800.000 los visitantes anuales solamente para ver la estación otoñal; los llamados leaf-peepers (algo así como "los observadores de hojas").

Así pues, ¿en América los árboles se tornan mayoritariamente rojos como aviso para los insectos pero en Europa no?  ¿Por qué?

Camino de Zuriza (Pirineo oscense)


Pues la hipótesis es que, básicamente, porque en su día no lo necesitaron.  Y es que ya se sabía, por anteriores investigaciones, que en Europa las extinciones masivas ligadas al frío habían sido mucho mayores que en América.

Ello fue debido a la orientación de las montañas, ya que mientras en Europa las cordilleras están orientadas en dirección este-oeste, en América lo están en norte-sur.  Así, en las distintas glaciaciones, los insectos americanos pudieron emigrar al norte o al sur, según les convenían las temperaturas; mientras que en Europa se topaban con las cadenas montañosas, lo que provocó la extinción de muchos de ellos.

Con el paso del tiempo, los árboles europeos (los que habían resistido a las glaciaciones, claro) dejaron de gastar energía en producir este color, ya que no tenían este problema de plagas que combatir.

Manchas de caducifolias en el pinar, Diazas (Torla, Pirineo oscense)

Y de momento estas son las últimas hipótesis sobre el cambio de color otoñal.  Publicadas en el Journal New Phytologist, pero hipótesis al fin y al cabo.  Es posible que como siempre, sea una mezcla de todo, o también es posible que realmente se haya dado con la solución, o incluso que dentro de unos años algún descubrimiento le dé la vuelta a todo.

Mientras tanto, me puedo contentar con pensar en todo en casa, porque probablemente cuando vuelva a salir al monte y contemple absorto la paleta cromática de nuestros bosques, se me volverá a quedar la mente en blanco y bastante tendré con saber por dónde he venido.


 Sobrepuerto (Pirineo oscense)

viernes, 21 de noviembre de 2014

O Puen d'as Crabas

Hace algún tiempo ya escribí todo lo que opinaba sobre un territorio tan particular como Sobrepuerto.  Y con la cantidad (y calidad) de gente que escribe sobre él, no tengo mucho más que añadir.

Simplemente perfecto

No obstante, estuve este fin de semana dando una vuelta por la zona y lógicamente, quedé encantado (casi literalmente) por los colores, olores y sensaciones varias que se perciben en un otoño de Sobrepuerto; así que os comparto algunas fotos, para que entendáis de qué hablo.

 Señalización a seguir en Bergua

El llamado Puen d'as crabas es una pequeña joya que descubriremos si remontamos el río Forcos, una arteria de Sobrepuerto que desagua en el Ara.  Es una ruta sencilla, que parte de Bergua, baja a cruzar el río y sigue en dirección a Escartín hasta una bifurcación. 

 Río Forcos

Hacia arriba seguiríamos a Escartín y hacia abajo continuamos remontando el río (está todo marcado) en dirección Basarán y Otal.  Solamente nos resta estar atentos en un pequeño esbarre, donde una piedra marca "Puen" a la izquierda, por lo que nos salimos del camino y descendemos a través de 3 o 4 exiguas fajas, ya abandonadas, hasta llegar a hasta este recoleto rincón. 

 Un día perfecto para visitar este lugar

De hecho, en esta ruta remontaremos el río por su margen izquierda, que es la ladera de solana, lo que notaremos en los quejigos que nos acompañan.  Pese a ello, el ambiente parece todo menos mediterráneo y ello se nota especialmente ahora, con una explosión de colores según veamos pinos, hayas, arces, avellanos, sauces o el sinfín de especies que nos rodean.

 Quejigos en la ladera de solana

Aprovecho esta excursión para hablar de un elemento que llama la atención en el paisaje: la alternancia de estratos duros (arenisca) y blandos (arcillas) en las rocas.  Es el Flysch, muy característico del Pirineo central (que es el que más conozco).  De hecho, a ambos lados del Sobrepuerto tenemos dos exponentes de este paisaje donde observarlo a la perfección:  el barranco de Sorrosal en Broto y el barranco d'os Lucars en Orós Bajo.

 Barrancos excavados en flysch

No obstante, aquí en Sobrepuerto podemos fijarnos en cualquier barranco o talud descarnado que nos crucemos.  Lo más interesante es pensar como se ha formado esa alternancia de estratos de arenisca y arcilla, ya que fueron creados cuando este lugar aún no era cordillera, sino fondo del mar.


Detalle de la alternancia de estratos en el Flysch

Eran sedimentos arrastrados por corrientes, que caían al fondo marino desde taludes también submarinos, y al reducirse la pendiente se depositaban.  Lógicamente, al perder fuerza en su caída, se depositaban primero los materiales más gruesos (arenas) y posteriormente, en una capa superior, los más ligeros (arcillas).  Por eso, por ser sedimentos arrastrados por corrientes de turbidez, son también conocidos como turbiditas.

El paso de los milenios provocó la sedimentación y compactación de numerosas de estas capas alternas.  La arena se transformó en arenisca dando este paisaje tan típico de aquí.

 Exhuberancia en el paisaje

El sotobosque de esta ruta es dominado por el boj, pero acompañado por multitud de otras especies como rusco, lianas varias, helechos y un largo etcétera.  Se ven también multitud de hepáticas (ojo, Hepática nobilis es una ranunculácea, no tiene nada que ver con las hepáticas parientes de los musgos).

 Lengua de ciervo (por su formaal pie del murete y del arroyo

El amante de los helechos también podrá disfrutar de varios tipos.  Además del habitual polipodio (Polypodium vulgare), veremos sardinetas (Asplenium trichomanes) o incluso el más raro lengua de ciervo (Phyllitis scolopendrium).

Alguna planta parásita (se admiten ideas)

La excursión en sí no nos llevó más de 3 horas entre ida y vuelta, contando paradas para disfrutar del paisaje.  Un muy buen día en muy buena compañía.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Donde muere el Matarraña

Todos hemos visto algún reportaje sobre el nacimiento del Matarraña en los Puertos de Beceite, con su famoso Parrisal; pero pocas veces se habla sobre su desembocadura.

El Matarraña es un río con un marcado trazado sur-norte hasta su tramo final, donde gira al este y empieza a fluir en meandros, perdiendo fuerza y depositando gravas, justo antes de su unión con el gran Ebro.


Sauces bordeando la orilla del curso bajo del Matarraña

Esta es una de las zonas más cálidas y a menor altitud de Aragón.  De hecho, el antiguo pueblo de Fayón, el que desapareció bajo las aguas del embalse de Ribarroja, estaba a cota 50 m de altitud.  Este clima se caracteriza por unas temperaturas muy altas en verano, una bajísima precipitación (menos de 350 mm/año) y una altísima insolación anual (horas de sol/año).  
Ambiente de pinar en toda esta zona, que aparece en los mapas como Serra de Ribers

Estas condiciones hacen que el déficit hídrico que tienen que soportar las plantas sea altísimo, por lo que solamente las especies más adaptadas, las llamadas termófilas, pueden sobrevivir.  Es el Piso Termomediterráneo, es decir, prácticamente el "escalón" más cálido del área mediterránea peninsular.   

Aspecto enmarañado del sotobosque de muchas laderas

Gran parte de la Sierra por la que desciendes desde el norte hasta el curso bajo del río, está dominada por pinar de Pinus halepensis, el más adaptado a esas condiciones de sequedad.  El sotobosque de este pinar es un buen muestrario de estas plantas termófilas, predominando el lentisco, madroño, enebro de la miera, etc.  Se trata generalmente de plantas esclerófilas, y una de las estrategias que adoptan para sobrevivir es el desarrollo de hojas coriáceas (generalmente siempreverdes), cubiertas por una gruesa cutícula que reduce la pérdida de agua por transpiración.

 Globularia alypum

Muchas otras zonas son lentiscares, es decir, monte bajo en el que predomina el lentisco; acompañado de diversas plantas.  Una muy bonita es la Globularia alypum, una especie también de hojas coriáceas, que seguro dará un bonito aspecto a estas laderas cuando florezca, a finales de invierno, su bonito capítulo azul.


 Pistacia lentiscus, el lentisco, mostrando sus frutos

También abunda el madroño, que estos días podemos ver en flor y en fruto.  Esta es otra de las peculiaridades de estas especies tan resistentes.  Las condiciones de sequedad son tan importantes que las especies tienen un comportamiento muy lento, e incluso pueden tardar un año en madurar el fruto.  Por eso vemos, a la vez, la flor de este año y el fruto maduro del año pasado.


Arbutus unedo, el madroño, recién florecido

Si seguimos curioseando por el monte pronto encontraremos cornicabra, una prima hermana del lentisco, que he visto usada como patrón en plantaciones de pistacho (otro familiar).  En este caso la planta es de hoja caduca y no sé la razón, pero podría ser porque las hojas esclerófilas que hemos mencionado son caras de producir energéticamente hablando; por eso, tal vez esta especie haya elegido la estrategia de ahorrar energía en producir esa hoja.  A cambio, pierde más agua y gasta en producir hojas cada año.

Pistacia terebinthus, la cornicabra, cambiando el color

Otras especies que veremos, famosas por su dureza, son varios Juniperus (el enebro de la miera y la sabina negral); la coscoja (Quercus coccifera) y el aladierno (Rhamnus alaternus) o el pinchudo escambrón (Rhamnus lycioides).  No en vano, aquí podemos encontrar topónimos como "Tozal de los Escambrones", "Barranco del Escambrón", etc.


 Juniperus phoenicea, la sabina negral

Por supuesto, siempre que hablamos de pisos bioclimáticos y similares, hablamos siempre de generalidades.  La vegetación cambiará si entramos en un barranco, una ladera con una orientación norte, un manantío, etc.  Es decir, que también podremos toparnos con especies que requieran de más precipitación, o menos temperatura.

 Encontré este cráneo en un barranco, con grandes colmillos y hocico corto 
¿puede ser algún perro de presa para el jabalí?

Por esta zona pasa el GR-99, que sigue el curso del Ebro, aunque os podéis inventar las rutas que queráis, porque hay numerosos carteles de rutas para BTT y marcas de PR.  No obstante, como siempre, basta con salirte del camino y meterte monte a través, sin prisa, para conocer bien los entresijos de un lugar.


 Punica granatum, la granada o minglana.  Qué bueno está su fruto con una escarola...

Cerca ya del río hay vegetación más ligada al hombre, ya que hay huertos cercanos.  Así encontramos la granada (Punica granatum), tristemente conocida ahora por otras cuestiones menos botánicas (Operación Púnica).  Por supuesto, higueras y frutales varios; el litonero, tan querido por los pájaros, y un largo etcétera.


 Celtis australis, el almez o litonero

El Matarraña se topa de golpe con la cola del embalse de Ribarroja (200 Hm3), construído aguas abajo del de Mequinenza (1500 Hm3).  Estos embalses se construyeron en los años 60, como tantos otros de la Cuenca del Ebro y aunque quizá sea menos conocido que los casos pirenaicos, también comportó la evacuación de población.

 Rhamnus lycioides, el escambrón

Si visitais el actual pueblo de Fayón, veréis que tiene una arquitectura similar a los pueblos de colonización que todos conocemos; y es porque el pueblo antiguo yace bajo estas aguas.  En 1967, con el embalse construído y con los vecinos negándose aún a salir de sus casas, cerraron compuertas y empezaron a llenar el embalse.

 Orobanche sp, el jopo.  Planta parásita, como delata su falta de clorofila 

Si subís hasta el Mirador del Ebro, en el mismo pueblo de Fayón, tendréis una preciosa vista del Embalse de Ribarroja, una tremenda lámina azul rodeada de escarpes áridos; también de la desembocadura del Matarraña y también de una pequeña construcción que se eleva de entre las aguas.

Dyospiros kaki, el caqui, también con colores otoñales

Porque si hoy por hoy todos sabemos como funciona la relación entre gobernantes e hidroeléctricas, es fácil comprender y deducir el estilo de ejecución de las regulaciones hídricas del pasado.

Antiguo pueblo de  Fayón


Como en tantos otros lugares, el campanario de Fayón parece que nos mire, con su único ojo abierto de par en par, atónito todavía por lo que le hicieron.
 
Qué rápido se entiende el "bien común" cuando la casa que se inunda es la de otros