miércoles, 10 de septiembre de 2014

Las Torres de Hernán Centeno

Por una u otra razón, prácticamente todo el mundo conoce los valles que conforman el límite norte de Cáceres:  La Vera, el Jerte, las Hurdes...

Al oeste de las Hurdes se extiende la Sierra de Gata, comarca natural que teniendo los mismos o más alicientes que los valles mencionados, sigue siendo una gran desconocida.

San Martín de Trevejo, de noche

Creo que siempre que os he hablado de esta Sierra os he recomendado conocerla, pero además, debo deciros que el pueblo que más merece una visita es........ el pueblo de mi padre, San Martín de Trevejo.

Ya está, ya lo he dicho.  Lo dijera como lo dijera, iba a parecer poco imparcial; así que os lo recomiendo claramente.


San Martín de Trevejo, de día

He estado de nuevo este verano por aquí, disfrutando de familiares, paisajes, gastronomía y otros. Iba a decir disfrutando del clima, pero más de un día el tema del frío y el viento se les había ido de las manos. Aún así, hemos disfrutado igualmente, para qué negarlo.

Tras un corto rato subiendo vemos claramente nuestro objetivo, Las Torres

En otras ocasiones he dado a conocer diversos lugares de la zona, así que esta vez quería acercarme hasta las llamadas Torres de Hernán Centeno, conocidas localmente como As Torris (Las Torres); y para ello seguiremos el camino marcado como “Puerto de Santa Clara”, común con la subida a Jálama.

Detalle del abundante codeso (Adenocarpus complicatus).  Se aprecia la Calzada Romana


La litología de toda esta zona es principalmente granítica, es decir, que la roca madre es granito; por lo que al meteorizarse ésta, se han creado suelos compuestos de sílice, lo que en la práctica llamamos suelos ácidos. El suelo condiciona la vegetación, así que podremos descubrir especies (llamadas “acidófilas”) que no vemos habitualmente si frecuentamos el Pirineo y Prepirineo, que es mayoritariamente calizo y, por tanto, básico.

Los viñedos adquieren un aspecto muy particular al crecer sobre suelos silíceos tan someros.  
De la tradición vinatera serragatina da fé el mismísimo Cervantes, que nombra los vinos de Descargamaría en "El licenciado Vidriera"
  
La ruta hacia Santa Clara comienza entre campos y pastizales, mejorando el paisaje conforme vamos ganando altura (por cierto no hagáis ningún caso a las señales que marcan 5 horas hasta arriba). En este primer tramo, orientado al sur, el camino está flanqueado de abundante vegetación, entre la que podremos observar el enmarañado codeso (Adenocarpus complicatus) y abundante torvisco (Daphne gnidium).

Torvisco (Daphne gnidium) 

Este último lo conocía de la preciosa película “Entre lobos”, cuando enseñaban al niño a encontrar y reconocer plantas, usando la naturaleza como botiquín, como se hizo desde tiempos inmemoriales. El torvisco es una planta muy tóxica, aunque antaño se usaba incluso como cauterizador de heridas, introduciendo un palito de madera de torvisco tras agujerear las orejas a las niñas para poner el pendiente.  También usaban sus propiedades los pastores, para facilitar los partos a ovejas y cabras.

Durante un buen trecho nos rodean arbolitos de zumaque


Posteriormente pasamos por un tramo con abundante zumaque (Rhus coriaria), planta que adquiere un bonito color en otoño. Dioscórides, el famoso cirujano de los ejércitos de Nerón, describe el uso de esta planta para curtir cueros; por lo que se cultivaba abundantemente en los alrededores de las tenerías.

Detalle de Rhus coriaria, el zumaque

Poco a poco entramos en el Castañar de O Soitu, del que poco más se puede añadir. La orientación de esta ladera y las abundantes precipitaciones provocadas por el choque de los vientos atlánticos en la Sierra, hacen que de golpe te internes en un bosque oscuro, húmedo, fresco y lleno de preciosos ejemplares de castaño, helechos, acebos, olmos de montaña y un largo etcétera.

Entrando al Soto


En el último tramo antes de la frontera con Salamanca, domina el rebollo (Quercus pyrenaica), llamado aquí simplemente "roble".  Al llegar al Puerto y sin cruzar la carretera, traspasamos una cancela que tenemos a nuestra izquierda y nos dirigimos hacia un cordal que sale claramente hacia el oeste, las Torres de Hernán Centeno.

Las hojas de los castaños cubren por completo la Calzada 

El nombre proviene de un personaje que habitó estos parajes en torno al s.XV.  Hernán Centeno provenía de una familia noble de Ciudad Rodrigo que entre otros, eran señores de Peñaparda y sus peripecias comienzan cuando estando en San Martín de Trevejo, fallece sin descendencia Diego Centeno, el entonces primogénito de esta larga familia.  Allí mismo Diego hizo testamento, legando el Castillo de Rapapelo a su hermano Hernán.

El camino se jalona de varios impresionantes castaños  

El Castillo de Rapapelo era una fortaleza levantada en lo alto de la Sierra, a 1270 m de altura; posiblemente, sobre un antiguo castro romano y en lo que ahora son Las Torres.

Actualmente no quedan más que restos diseminados de piedras, sin forma alguna; pero aún en 1641, cuando las huestes del Duque de Alba acudieron a rescatar la villa de Eljas de los portugueses, se resguardaron en las ruinas del Castillo.

Bonita y antiquísima fuente en mitad del camino 

Se dice que su nombre, Rapapelo, viene de su brutal exposición a los cuatro vientos (y doy fé que el viento puede ser potente).  El caso es que Hernán Centeno, desde aquí, se acabó haciendo con el Castillo de Eljas, el de Trevejo y otros varios.

Vamos llegando al Puerto de Santa Clara 

Era aquella una época en la que, según está escrito y al decir de entonces, cada uno hacía lo que quería y andavan a ¡viva quien venze!

La historia de la toma del Castillo de Eljas es curiosa.  Por lo visto, apresó al hijo del Comendador de Eljas, que había salido a visitar a una religiosa del Convento de Sta María del Llano, de la que estaba enamorado.  Hernán Centeno lo apresó y pidió al padre el Castillo a cambio.  Al final, según se cuenta, se quedó con el hijo y con el castillo.  De este episodio queda un viejo romance:

Yo me salí de las Heljas
en ora que no devía,
yva a ver a mis amores
questán en Sancta María,
Prendióme Hernán Centeno
¡que los malos años biva!
desque me tuviera preso
desta manera decía
Si no me das a las Heljas
de aquí no te sacaría”
Mi Padre no tenía otro,
yo dado se los avía.
Desque se los uve dado
hizome gran villanía
mandóme sacar los ojos
con puntas de escrivanía.
Hasta que punto todas las leyendas son ciertas no sé si alguien lo sabe, pero el caso es que debió estar un buen tiempo cometiendo tropelías por toda la zona, hasta que los Reyes Católicos pacificaron la zona.  

Desde el Puerto vemos nuestro objetivo, al que llegaremos tranquilamente siguiendo la alambrada


Retomando el tema de nuestra excursión, para llegar hasta las antiguas ruinas de Rapapelo, tras cruzar la cancela y seguir unos metros el camino que baja hacia Eljas, nos desviamos para seguir cerca de la alambrada.

La alambrada no marca el límite interprovincial como he leído y oído por algún sitio, ya que el término de Eljas se extiende todavía unas hectáreas al norte (derecha) de la alambrada.  


Curioso (a mi parecer) límite norte de Eljas, ya que los arroyos de la parte alta acaban desaguando al río Águeda.  Se ve el Puerto de Santa Clara (llamado aquí "de San Martín").  Fuente: SIGPAC

Pero es curioso pensar que (al menos en teoría), la lluvia que caiga a la izquierda de la valla, irá a parar al Tajo; mientras que la que caiga a la derecha, irá a parar al Duero.  Es decir, que mirando el mapa yo diría que la valla es divisoria de aguas.

Mi padre y mi tío metidos entre escoberas (y resoplando por dentro, y más que iban a resoplar)

Por cierto que veréis las Torres sí son límite entre Cáceres y Salamanca, pero la frontera viene desde un pico llamado “Teso de la Nave”.  Teso es un topónimo muy habitual en la zona, que según el DRAE significa “colina baja con alguna extensión llana en la cima”. 
La definición casa a la perfección con este paisaje, ya que son montañas creadas en la Orogenia Hercínica.  Al ser montañas tan antiguas están muy desgastadas por la erosión, lo que da este relieve suave tan característico.

Mancha de helechos entre la sequedad de las escoberas.  Marcan un afloramiento de agua.  

La excursión en sí lleva poco tiempo. Una hora y poco hasta el Puerto, otra hora y poco hasta la primera Torres y ahí podemos seguir por el cordal, pasando por todas las Torres y bajar hasta Eljas, volviendo a San Martín en una ruta circular de unas 5-6 horas (totalmente aproximado).

Mostajo, aquí llamado mostaxeiru, del cual se comían los frutos.  Yo diría que es Sorbus latifolia, un híbrido entre Sorbus aria y Sorbus torminalis (éste último, si no me equivoco, también he visto por aquí). 

Nosotros elegimos volver hacia el Puerto y coger el camino que va hacia Eljas a media ladera, desviándonos monte a través para bajar a la Divina Pastora y retornar a San Martín a tiempo para una jarra helada en la Plaza.

Por cierto, que de la Divina Pastora también se pueden contar infinitas historias. Si os ha gustado ésta, en cuanto encuentre un momento, os contaré alguna.

Plaza de San Martín de Trevejo, con su torre del reloj (antigua cárcel) 



* Las historias de los Centeno están sacadas de la Biblioteca Virtual Sierra de Gata y del Centro de Estudios Mirobrigenses.

4 comentarios:

  1. Quedo a la espera del siguiente capítulo, a pesar de haber hecho la ruta varias veces seguro que la próxima reparo en detalles diferentes!Gracias

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    1. Gracias a ti por leerlo y comentar!. En cuanto pueda, cuento algo más de San Martín, que hay mucho por andar y aprender en ese lugar. Lo bueno de ir conociendo plantas es que cualquier camino se hace ameno. Para un experto, pasear por el Soto es como ir por un Museo! Gracias de nuevo y saludos!

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  2. Me he dado un buen paseo hasta Las Torres ahora que con 83 años no puedo visitarlas, pero al estar escribiendo algo relacionado con el tema me llamó la curiosidad. Gracias por el buen relato del amplio paseo.

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    1. Gracias por tu comentario Emilio. Es un lugar muy bonito, así que los relatos salen solos. Me alegro que lo hayas disfrutado. Un cordial saludo!!

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