viernes, 1 de agosto de 2014

Las plantas son alucinantes

Todos nosotros, en mayor o menor medida, conocemos las infinitas utilidades que desde el inicio de los tiempos nos han proporcionado las plantas.  Nos hemos vestido con algodón o lino, calzado con cáñamo, calentado con leña, alimentado con frutos y hortalizas, construido viviendas con troncos y un larguísimo etcétera.

 Ecballium elaterium, el Pepinillo del diablo.  Cucurbitácea purgante, abortiva y tóxica muy potente, que puede ocasionar hemorragias internas e incluso la muerte.  Ribazo en Juslibol (Zaragoza)

Los usos farmacológicos de las plantas también son milenarios y en muchos casos han quedado “fosilizados” en el nombre científico.  Hay gran cantidad de plantas con el apellido officinalis (literalmente “que está en la officina"), los antiguos almacenes de los monasterios donde se guardaban las plantas de uso medicinal.  Así tenemos el Romero (Rosmarinus officinalis), la Valeriana (Valeriana officinalis) y un largo etcétera.  


Solanum dulcamara.  Venenosa para el hombre pero no para los pájaros, que gustan de comer sus tomatitos y esparcir así las semillas.  Soto de Cantalobos (Zaragoza)

Siempre me maravilló la transmisión oral desde tiempos inmemoriales de todos estos conocimientos.  Cómo, al igual que los animales, el hombre iba observando qué plantas servían para unos usos y cuales para otros.
 
Helleborus viridis.  Pertenecientes a las Ranunculáceas, los eléboros son altamente tóxicos.  
Hayedo del Valle de Tena (Huesca)


Ciertamente, en muchos casos eran erróneos, como la “Teoría de las Signaturas”, que hacía pensar que el propio aspecto de la planta te avisaba de “para qué servía”.  Es decir, que si las hojas tenían forma de hígado, servían para curar las afecciones del hígado.

Hepática nobilis, llamada así por su uso para curar problemas del hígado.   
Hayedo del Valle de Tena (Huesca)




Pero, supongo, siguiendo de manera intuitiva el sistema “ensayo-error”, se ha llegado a lo que tenemos en la actualidad.  Y en este sentido, una familia que siempre me ha sorprendido son las Solanáceas.


Se podría decir que esta familia alberga las especies más venenosas y también las más consumidas por el ser humano.  Son solanáceas todas las plantas conocidas por su uso en brujería: El estramonio, el beleño, el beleño negro, la belladona, la mandrágora…. ; pero también lo son cultivos tan extendidos como la patata, el tomate, la berenjena o el tabaco.


Datura stramonium, el estramonio, planta "alucinante" por excelencia.  Erial en la Depresión del Ebro.



Este veneno lo proporcionan gran cantidad de alcaloides como la solanina, la nicotina, la escopolamina o la atropina.  De hecho, en el Renacimiento se consideraba un rasgo de belleza los ojos grandes, por lo que las mujeres usaban la atropina de las bayas de la belladona para que se les dilatasen las pupilas, de ahí el nombre común de belladona.  Huelga decir el porqué de las alucinaciones y "vuelos" de las brujas tras consumir estas plantas, aunque la manera en que consumían estos ungüentos y la idea que tenemos de verlas "montadas" en escobas proviene de un curioso origen.

En la naturaleza nada es gratis, por lo que lógicamente las plantas invierten energía en generar estos compuestos para sus propios usos.  Como el tabaco (Nicotiana tabacum), que produce la nicotina como elemento neurotóxico para los insectos (y de hecho, durante mucho tiempo se usó la nicotina como insecticida).

Típicas hojas, flor y fruto del estramonio.  Dentro del fruto están las semillas que se consumen.

Pero lo que más me sorprende es la transformación de otras plantas como la patata (Solanum tuberosum), la berenjena (Solanum melongena) o el tomate (Solanum lycopersicum) en plantas consumidas por el ser humano.  Y no es que muchas de estas plantas no contengan estos alcaloides, sino que nosotros consumimos la parte en la que no hay.  


Bryonia dioica, la nueza negra.  Cucurbitácea sumamente tóxica.
Soto de Cantalobos (Zaragoza)

La mayoría de estas plantas provienen de Suramérica, aunque no entro en detalles porque el origen y evolución es distinto en cada una.  El tomate, por ejemplo, ya era conocido por los aztecas como xītomatl, fruto con ombligo.  La patata, por su parte, era conocida en el altiplano andino hace ya 7000 años con el nombre quechua de papa; al ser importada a la Península, se lió el nombre entre papa y batata (también importada en esa época) y salió este vocablo patata, mal dicho pero aceptado.  

En fin, que como en la mayoría de cultivos, lo que ahora consumimos procede de la domesticación de sus ancestros silvestres, de los que generalmente se ha mejorado el tamaño del fruto (o lo que nos haya interesado), se ha homogeneizado la fecha de maduración, se ha intentado reducir la toxicidad, se han quitado pepitas "molestas".....

Tomateras en Lalueza (Huesca).  Las solanáceas domesticadas

Como veis, éste es un tema, por definición, alucinante.  Miles de años cultivando y transmitiendo el conocimiento nos contemplan mientras nos comemos tranquilamente un tomate.

2 comentarios:

  1. Hola decirte que me maravillan tus fotos, primero fué Belagua y ahora el Pepinillo del Diablo, planta que quería conocer.
    Dices que puede ser abortiva, tal vez, pero en la dosis adecuada yo creo que es limpiadora, eso si preparada por manos expertas. Maria

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    1. Hola María!
      Muchas gracias por los halagos, así da gusto... Con respecto a lo que dices, sí, los compuestos de las plantas tienen determinadas propiedades, y como en cualquier compuesto químico, depende de la dosis. Todas estas plantas tan letales que he comentado (el beleño, el estramonio....) tienen muchos usos farmacológicos. Otra cosa es que las cojas tú en el campo y decidas darle otro uso. Pero sí, depende de la dosis. Gracias por tu comentario y un saludo!

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