martes, 25 de junio de 2013

La Bal de Chistau

La Bal de Chistau es uno de esos rincones en los que aún podemos encontrar autenticidad dentro del, en muchas ocasiones, masificado Pirineo.

 Casa Tardán de Chistén.

Es un valle con pocos pueblecitos, que podemos dividir en dos zonas:

A la entrada del Valle tenemos Saravillo y en un desvío cercano; Sin, Serveto y Señés, denominados popularmente “La Comuna”.

 Serveto.

 Señés.
 
 Señés.
 
Sin.
Al fondo del Valle encontramos Plan, San Juan de Plan y Gistaín (Chistén en chistabín).

 Plan, siempre recordado por su "Caravana de mujeres"

 San Juan de Plan y el Cinqueta, en otoño.

 Gistaín/Chistén.
 
Es un Valle dedicado mayoritariamente a la ganadería y bastante aislado hasta hace relativamente poco tiempo, lo que le ha permitido conservar bastante bien sus tradiciones, incluyendo el chistabín, un dialecto aragonés encuadrado en la zona oriental.  Para saber más, podeis pinchar aquí.

 Trofeo de sarrio, en Plan.

Hay algún otro libro sobre el tema, publicado por uno de los principales estudiosos de la lengua, el inglés Brian Mott

  Niedal

Para una descripción buena de todo lo que podemos encontrar en el Valle, podemos encontrar en la web de la Bal de Chistau.  

 Garra de oso en una puerta de Chistén

Es tanto lo que podemos hacer en estos montes, que recomiendo mirar su web, para planificar algo en función del tiempo o la forma física disponibles.

 Punta Llerga, en la entrada al Valle.

Os pongo fotos hechas a lo largo de varias excursiones por la zona.  Una buena excursión para conocer la zona es dejar el coche en Plan, subir por el camino antiguo hasta Gistaín y de ahí, por un camino a media ladera (camino "por Feneplan"), seguir hasta Serveto.  El día que lo hice fue la vez que más cerca vi un quebrantahuesos.  Pasó justo por encima de mi, volando.  Tan cerca que hasta pude ver sus tremendos ojos amarillos y rojos....Fue el único ser vivo que me crucé (es verdad que era un día de invierno entre-semana, pero de verdad, aún se puede encontrar mucha autenticidad en este valle).

 Gistaín, desde el camino a Serveto.

Ahí, seguir las indicaciones de “A Plan por el Collet”.

 Serveto.  Se ve el camino hacia "el Collet".
 
Seguiremos un senderito que va por encima de la carretera y poco a poco va bajando hasta llegar a Plan.  Alrededor de 3 horas y media y 600 m de desnivel.

 Embalse de Plan d'Escún, bajando a Plan desde "el Collet"

Por supuesto, las opciones son infinitas. La ruta de Gistaín a Serveto podemos hacerla a media ladera, o seguir la ruta que va al Collado de Cruz de Guardia (el camino que une la Bal de Chistau con Bielsa) y antes del Collado desviarnos por un camino que sale a la izquierda (seguimos un tramo con las marcas de la variante GR 19.1) y va bajando poco a poco hasta Serveto.  Aquí el desnivel ya es de unos 1000 metros, y la jornada la ampliamos hasta un par de horitas más.  Depende de la ruta a seguir, podemos valorar hacerla en BTT, ya que hay muchos km de pista en la zona, para disfrutar.

 Bonito merendero, en Gistaín.


 Cabañas de la Poma, en Gistaín.

 Llegando al Collado Cruz de Guardia. Al fondo, Peña Mediodía.


De esta forma conoceremos tanto la zona de Chistén como la de “la Comuna”.

 San Juan/ San Chuan de Plan.


 Escombros de todo tipo, basuras...Mal ejemplo para el turismo.

En cuanto a excursiones por la zona, además del paisaje y el ambiente en general, podemos visitar varios ibones.  El más típico, nombrado en muchos sitios como "el ibón más bonito del Pirineo", es el Ibón de Plan o Basa de la Mora.  Se encuentra escondido detrás de la Peña Mediodía (la omnipresente Peña que preside Plan) y a él podemos acceder desde Saravillo o subiendo por un barranco desde Plandescún.

 Ibón de Plan (foto de Rafael Parrilla, de fotonatura.org)
 
Otro rincón indispensable es ir a las “Granjas de Biadós”, donde podremos ver otro ejemplo de arquitectura tradicional, las Bordas.  Todo ello con el incomparable telón de fondo de la Cresta del Espadas y el Posets.

Desde Biadós (y Tabernés, otro refugio muy cercano) podemos acceder a innumerables ascensiones: Bachimala, Eristes, Posets….De lo mejor del Pirineo.  Eso sí, son tresmiles; que conllevan todo lo que la ascensión a un tresmil implica. 


 Granjas de Biadós.  Al fondo, Posets y Cresta del Espadas

 La "Silla de montar", en la Cresta del Espadas

 Vista de los Eristes, desde el Pavots

Cima del Gran Eriste

Otros enlaces interesantes para saber más sobre temas varios chistabinos (genealogía, historia, etc):



Por último, un relato con una visión auténtica de lo que era la vida en la Bal.  Lo leí hace años y me gustó: "Las zagueras trafucas de Marieta"

lunes, 10 de junio de 2013

El pinar de Pinus pinaster de la Virgen de Herrera (Zaragoza)

Pinus pinaster o pino rodeno, es uno de los típicos pinos que podemos encontrar en muchos de los bosques de repoblación que encontramos por toda la geografía española.
 
 Vista del pinar de Herrera

Como todos los pinos y al menos por mi, no es fácil de identificar, ya que existen múltiples factores que hacen que las características "estándar" que aparecen en los libros acaben por no ser tan claras en la realidad.  
Incluso siendo la misma especie, puede haber gran diferencia entre un pie que encontremos en un bosque "natural" y un cultivar plantado "artificialmente" en un bosque.  Ejemplo: No tienen nada que ver los ejemplares que podemos ver en Albarracín, en el conocido Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno; con un ejemplar aislado plantado en un jardín. 
La edad del ejemplar también influye, ya que los años van variando las características (corteza, etc) y el porte del árbol (como en los humanos, por otra parte..).

El lugar en el que encontremos el árbol también es de gran importancia.  Puede ser en una cresta venteada, que le dé un porte tortuoso; o en una zona de umbría,  que haya creado un microclima local.  Estos microclimas, provocados entre otras cosas por la orientación de la ladera, pueden hacernos encontrar árboles en lugares que no esperemos ni por altitud ni por latitud.  
Un ejemplo de ésto puede ser el pequeño hayedo del Peiró (Huesca).  Por cierto, en este blog podéis ver como se puede malograr un entorno natural como el hayedo del Peiró con un ánimo presuntamente "naturalista".  Tirar el dinero por intereses ocultos o vaya usted a saber porqué.

Pero volvamos a lo que nos interesa, es decir, la naturaleza.  A modo de resumen, si os encontrais con un pinar en la Península Ibérica, la forma general de reconocerlos es:
1.- Las acículas en los pinos no van insertadas directamente sobre la rama, sino envainadas y agrupadas en hacecillos (si las acículas nacen de 1 en 1, directamente de la rama, serán abetos, píceas, abeto de Douglas o tejos.  Si salen en grupitos, al final de pequeños tallos llamados braquiblastos, son cedros o alerces).  Ver ejemplo de diferenciación  


Ejemplo de braquiblastos en Cedro.  Del blog amigosdehesa.blogspot.com

Fijaos en el número de acículas que van en cada grupo: Si son grupos de más de 2, serán árboles, digamos, no autóctonos.  Si las acículas van en grupos de 5, es Pinus wallichiana (Pino llorón del Himalaya).  Hay algunos ejemplares plantados en la Sierra de Guadarrama.
Si van de 3 en 3 y son acículas no muy largas (de 8-15 cm), con piñas muy asimétricas en la base; puede ser Pinus radiata (Pino de Monterrey), muy habitual en reforestaciones en la zona navarra.  Si las acículas son mayores y las piñas prácticamente simétricas, puede ser Pinus canariensis (acículas muy finas) o Pinus ponderosa (acículas más gruesas).


2. Lo más habitual serán las acículas agrupadas de 2 en 2, los pinos autóctonos.
En este caso, se pueden diferenciar dos grupos a simple vista:
2.1. Si las acículas son cortas y rígidas (2-8 cm), son ejemplares típicos de montaña:
    2.1.1. Si la corteza es anaranjada en la parte superior del tronco, es Pinus sylvestris, el Pino silvestre.  Una descripción la encontramos en esta entrada del blog.  Se encuentra siempre en cotas más bajas de la montaña que nuestro siguiente protagonista, el Pinus uncinata.
    2.1.2. Si la corteza en la parte superior del tronco es grisácea, el color de las acículas más oscuro y las piñas tienen el dorso de las escamas inferiores provisto de un escudete ganchudo; es Pinus uncinata, el Pino negro, típico de la alta montaña.

2.2. En cambio, si las acículas son claramente más largas:
     2.2.1. Si son de color claro, la corteza de las ramillas es cenicienta y las piñas son pedunculadas (generalmente un pedúnculo bien desarrollado), estamos ante el típico Pinus halepensis, el Pino de Alepo o Pino carrasco.
      2.2.2. Si la copa es redondeada, en forma de parasol (en ejemplares adultos), es Pinus pinea, el Pino piñonero.
      2.2.3. Si tiene hojas de hasta 25 cm, rígidas, y piñas muy grandes (hasta 22 cm de largo), que suelen pinchar al cogerlas; es Pinus pinaster, el caso que nos ocupa.
      2.2.4. Por último, si las acículas son un poco más pequeñas (hasta 16 cm) y más flexibles, la corteza del árbol de color ceniciento y las piñas bastante más pequeñas (unos 6 cm); es Pinus nigra, el Pino laricio o salgareño.  

Todo este resumen es, ya digo, sobre el papel.  Y en ejemplares grandes será más fácil,  pero en ejemplares más pequeños se complica bastante la cosa.  Al menos para un aficionado como yo, que armado con mi clave dicotómica, empiezo a ver que ni las piñas del P.uncinata son tan picudas, ni como de flexibles deben ser las acículas para diferenciar P. pinaster de P.nigra, etc.

En cualquier caso, el pino rodeno ha sido de gran importancia en muchos lugares serranos, ya que es el pino del que tradicionalmente se ha extraído la resina. 

 Extracción de la resina (foto de elnaviero.com)


 Extracción de la resina  (foto de elbosquemitago.blogspot.com)

Este pino es típico por sus largas acículas, de hasta 20 cm y su corteza anaranjada y gruesa y profundamente agrietada en la base. 

 Pinus pinaster y Juniperus oxycedrus

 Las piñas son también muy grandes, de hasta 20 cm, muy buenas para encender el hogar  ;).

En este caso propongo una visita curiosa, a la Virgen de Herrera.  Lógicamente, el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno es algo más que recomendable y algo que recomienda todo el mundo, así que por hacer algo distinto y porque está más cerca de mi casa, propongo esta excursión.

La excursión se puede realizar totalmente en coche (aunque hay también senderos).  Parte de la carretera que une Herrera de los Navarros con Villar de los Navarros, ya en el límite entre las provincias de Zaragoza y Teruel.  

 Desvío hacia la Virgen de Herrera

La recomiendo hacer fuera de verano, ya que aunque es una zona fresca y venteada, el sol pega fuerte.  Eso sí, hay un restaurante en la cima, así que se puede consultar fechas de apertura si pretendemos comer de plato con buenas vistas (no abre todo el año).

 Enebro, llegando a la cima

El paisaje, flora y fauna son los típicamente mediterráneos.  Y al llegar, seremos recompensados con una más que bonita vista.  Se ve desde el Pirineo hasta las pistas de esquí turolenses, pasando por la mayoría de sierras zaragozanas o de Teruel.  También, por cierto, recomiendo las tortas de nueces de la panadería de Villar..   ;)

 Cima de la Virgen de Herrera

Ya digo, un lugar que no te esperas, con una vista imprevista.

martes, 4 de junio de 2013

Sobre los pueblos y los olvidados


Como ya comenté, las entradas sobre pueblos abandonados que voy insertando en mi blog proceden (aunque más ilustradas) de mi anterior blog “Burnau”. 

Este fin de semana me compré un libro curioso y recomendable, “Espiga”, de José Damián Dieste; sobre Refranes agrarios del Alto Aragón.  En el prólogo, Severino Pallaruelo expone el fondo del trabajo de José Damián, es decir, el de dejar constancia de numerosas expresiones que, sumadas, nos perfilan un estilo de vida que ya, prácticamente, no está.

Me gustó porque me recuerda lo que pretendía, aunque más humildemente, con mi blog. Salvar alguna historia del olvido, con un cierto sentimiento de urgencia.  Urgencia porque poco a poco nos van dejando las personas que vivieron ese estilo de vida y no habrá nadie que nos pueda traspasar conocimientos atávicos, que han sobrevivido a siglos de diferentes culturas, pero no han podido afrontar el choque de nuestra revolución industrial. 

 Garra de oso en una puerta de Gistaín/Chistén

Extrayendo párrafos de su prólogo, Severino Pallaruelo nos relata…

Hay un pozo profundo y oscuro –el del olvido- al que va cayendo todo lo que deja de tener una función útil.  Allí se acumulan prendas que un día fueron elegantes, muebles en cuya ejecución se esmeró el artesano, herramientas con las que se realizaban tareas consideradas primorosas, vajillas….Todo acaba en el mismo pozo, hasta las palabras: idiomas enteros y culturas elaboradas.
En el pozo oscuro cae todo y cabe todo, nunca se llena.  Calla, recibe sus tributos sin ruido, no parece reclamar nada pero sabe que le pertenecerá todo.

Cada día vemos caer cosas a la soma insondable del olvido.  Se marchan, sin que nadie las mire, a perderse para siempre en la oscuridad de lo que ya no es.  Todas las generaciones han podido ver como desaparecían en el precipicio gran parte de las costumbres, de las palabras y de los objetos entre los que se desenvolvió la vida de sus padres y la suya propia.  Los que ahora rondamos los sesenta años y nos criamos en las montañas de España hemos visto caer en ese pozo todo un mundo, como si una gigantesca riada arrastrara hacia el abismo oscuro el entorno donde crecimos.  Todo, todo fue arrastrado: las herramientas, los trabajos, los animales, las casas, las familias, los campos, los caminos, las aldeas, las costumbres, las fiestas, la forma de hablar…No quedó nada.

A veces, mirando la magnitud de la masa oscura que se precipitaba hacia el pozo del olvido, hemos tenido la sensación de que no podía albergarlo todo en su seno, de que rebosaría y algo se salvaría. Pero no es así: todo se ha sumergido en la oscuridad del pozo que se tragó antes civilizaciones enteras.  Hemos hecho esfuerzos por salvar lo que más amábamos. Otros lo hicieron antes que nosotros.