viernes, 27 de septiembre de 2013

Sierra de los Blancos (Zaragoza)



Encontramos este pequeño pueblo abandonado muy cerca de Ayerbe, en la carretera que va hacia Ejea y en el término de Ardisa.
Entra dentro de la categoría de lugares que me han sorprendido, porque después de dar muchas vueltas por pueblos abandonados lejanos, descubro en un mapa o alguien me da una referencia de un pueblo muy cercano que me había pasado desapercibido.

Sierra de los Blancos fue siempre un pueblecito pequeño, que a mediados del s.XIX contaba aún con 8 casas y 33 habitantes y que como tantos otros,  fue despoblado a mediados del s.XX.

El lugar consta de cinco o seis casas derruidas, de arquitectura popular de sillares de arenisca; y una iglesia construida bajo la advocación de Santa Águeda.   
Desde su altozano tiene unas bonitas vistas de toda la redolada y el hecho de que sea accesible incluso en coche, por una pista de 1,5 km en buenas condiciones; hace que nos podemos dar una vuelta en días que tengamos poco tiempo disponible.


Pocos datos encontramos de este lugar, que no aparece en el Fogaje de 1495 y que posteriormente suele aparecer ligado, junto con las Casas de Esper, a Ardisa.

Con respecto al Santuario de Santa María de Miramonte, levantado en el actual término de Ardisa, refería el Padre Faci en 1739, “Dista de la villa de Murillo tres leguas, siendo los parroquianos de este templo las Casas de Esper, pueblo de ocho casas, distante como media legua, y el lugar llamado Sierra de los Blancos, de cinco casas, sito a algo más de media legua; antiguamente había otro lugar llamado Isarre, a medio cuarto de legua, que quedó destruido hace siglos, por la peste, y olvidado de los hombres”.

Además, por aquella época colgaban de las paredes del templo muchos exvotos, de las que el Padre Faci cita dos ofrecidos por Cecilia y Quiteria Marco, de las Casas de Esper, agradecidas por su curación, que estimaban milagrosa; y lo mismo Leticia Torralba, tía de aquellas, de la Sierra de los Blancos, que ofreció en agradecimiento por haber recuperado la salud, las coronas de plata que ostentaban la Virgen y el Niño.

En los Expedientes de Infanzonía Santiago Broto Aparicio también nos ofrece que el Concejo de Sierra de los Blancos el 24 de junio de 1737 reconoce a Joseph Visús como verdadero Infanzón de sangre y naturaleza.  Por cierto, que no sé el nombre de más casas, pero la casa más fuerte del lugar era Casa Visús.

Finalmente, ya en el diccionario geográfico de Madoz encontramos el pueblo como delimitante de la provincia de Huesca, ya que dice que el límite de Huesca “continua por entre Sta. Olaria y Sierra de los Blancos, a pasar por el E. de Fuencalderas y Biel; toma el origen de los r. Arba y Oncella…”.
En el s.XX quedó finalmente despoblado, pasando una familia a vivir a Ardisa y el resto a otros pueblos o a ciudades como Zaragoza.
 

En la foto, paredes de azulete que como en tantos pueblos, en otros tiempos vivieron el trajín de personas y animales pasando a su lado.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Ascensión a Jálama (Sierra de Gata)

Aproveché las vacaciones para subir a un pico que hay en San Martín de Trevejo, el pueblo de mi padre.  Será la enésima descripción sobre una ascensión a Jálama,  pero aprovecharé para de paso contar alguna curiosidad sobre la zona.

La máxima altura de la Sierra de Gata es el pico de Jálama (Xálima en la lengua local), que con sus moderados 1.492 m de altura, te permite disfrutar de unas vistas tremendas y a media mañana estar tomándote una jarra de cerveza helada en la plaza.


 Vista desde la cima de Jálama / Xálima (1.492 m)

Jálama y la Sierra de Gata son el último esfuerzo por elevarse que hace el Sistema Central antes de caer definitivamente en Portugal; además, la zona a visitar ofrece mucho más de lo que nadie pudiese esperar en el tiempo que vivimos: autenticidad.

Todo el conjunto serragatino, de naturaleza silícea, procede fundamentalmente de la Orogenia Hercínica.  Por ello, y debido a su antigüedad, hoy en día la Sierra de Gata es un conjunto montañoso de suaves formas, constituidas por las viejas superficies de erosión, elevadas posteriormente por la Orogenia Alpina.


 Jálama, omnipresente en San Martín de Trevejo


En la Sierra se pueden observar tres batolitos bien diferenciados: La unidad granítica de Béjar-Plasencia, la unidad plutónica de Santibáñez y Jálama  y la unidad plutónica de Gata.  La intrusión de estos batolitos en la Sierra además ha generado un metamorfismo de bajo grado, lo que explica la abundancia de cuarcitas, pizarras (más típicas en las Hurdes) y otras rocas similares.   
En cuanto al suelo, puede considerarse pobre, más en las zonas graníticas que las pizarrosas.  Lógicamente, la dificultad de meteorizar el granito provoca que en muchos taludes veamos a los árboles prácticamente enraizados sobre la roca madre.  No obstante, la frondosidad de las masas forestales provoca la existencia de un buen horizonte de humus. 





San Martín de Trevejo.  Bonito pueblo para pasear de día o de noche


Nuestra ascensión parte de San Martín de Trevejo, aunque hay otras opciones desde Acebo, Villamiel o la cara norte.

San Martín de Trevejo está en el límite provincial de Cáceres y Salamanca, a escasos kilómetros de Portugal y enclavado en el llamado Val de Xálima. 



 Chozos, construcciones tradicionales de origen celta y usadas como vivienda pastoril hasta hace pocas décadas.

El ser zona fronteriza ha marcado la vida de estos lugares.  Históricamente la zona sufrió mucho las guerras entre España y Portugal, lo que acabó arrasando completa y literalmente todos los pueblos en alguna ocasión.  Y económicamente, la raya, como se denomina aquí a la frontera creó un entramado comercial, de portugueses y españoles que traían y llevaban de acá para allá café, tabaco, aceite, paños y un largo etcétera.

Desde el blindaje de la frontera el comercio tradicional quedó restringido, lo que creó la figura del macuteiru o contrabandista.  El estraperlo era un medio de complementar las reducidas rentas, y los montes se llenaron de caminos por los que ambos, macuteirus y carabineros jugaban a un peligroso juego del gato y el ratón, principalmente por la noche.  Unas veces llegaban a su destino, otras se veían obligados a tirar el macuto y salir corriendo... En fin, muchas historias para escuchar.

Monumento a os macuteirus en EljasUn medio y modo de vida en la época de mis abuelos

En los tres pueblos del valle se habla una lengua (a fala) mezcla de gallego, portugués, leonés y castellano antiguo (resumiendo, para no entrar en controversias).  La variante de San Martín se denomina mañego.


A fala, la lengua típica de este valle, O Val de Xálima

La primera parte de la excursión sigue la misma ruta que la descrita en el post del Castaño.   Nos introducimos en el Soto, o Soitu, un precioso bosque que por la orientación de la ladera y la propia disposición de la Sierra tiene una gran influencia atlántica, lo que permite descubrir un bosque que nadie espera.  De hecho, además del hermoso robledal y castañar por el que pasamos, hay una gran cantidad de árboles que hacen de este Soto un espacio único: alisos, mostajos y una sorpresa: Este Soitu de San Martín de Trevejo es el lugar con mayor número de olmos de montaña de todo el Sistema Central.


 Los helechos cubren la mayor parte del sotobosque


 Internándonos en el Soto


Distribución del olmo de montaña en el Sistema Central





Ulmus glabra, el olmo de montaña, con sus grandes hojas



Una vez salimos del Soto llegamos al Puerto de Santa Clara, límite de las provincias de Cáceres y Salamanca.  Nosotros elegimos subir por el cortafuegos, hasta un camino a la izquierda que sale justo cuando acaba.  Ya solo tenemos que seguir los mojones, que siguen un rato el camino y se desvían a la derecha (bien indicado con una flecha hecha en el suelo), ya fuera de sendero.



La Divina Pastora. Población aislada de cabreros con más que curiosas historias


Las Torres de Hernán Centeno, as Torris, fueron hogar de "traviesos" personajes

Metidos entre el brezo, el piorno y las escoberas seguimos los mojones que se dirigen claramente a lo alto del cordal.  Pasamos por una nevera o pozo de hielo, evitamos alguna vaca cuernilarga y finalmente llegamos a la cumbre, todo en menos de 3 horas.  Se ve la provincia de Salamanca al norte, la Sierra de Gata al este, Portugal al oeste y la provincia de Cáceres al sur.   Realmente bonito.  Al bajar nos encontramos con una excursión que venía de Aldeia do Bispo (Portugal) y un abuelete con muchas ganas de hablar nos estuvo explicando la última vez que pasó por ahí, escapando de carabineros, agazapado entre el brezo.  En fin, curiosas historias de otros tiempos en los que faltaban muchas cosas y sobraba hambre.

Bajamos por la misma ruta dando un pequeño rodeo para estar a la hora del vermú en la plaza.




El embalse del Prado de las Monjas en primer plano.  Al fondo se siluetea La Almenara de Gata

Como curiosidad para los mañegos que pasen por aquí y hablando de las historias que han ocurrido por estos montes.  En “Memorias de un hombre de acción”, una novela corta de Pío Baroja sobre la vida de Juan Martín “el empecinado”, a partir del capítulo XIX (página 111), Juan Martín y sus compinches pasan por la zona.




Mi padre quiso acompañarse en esta ocasión