miércoles, 7 de agosto de 2013

Del Roble Albar, la Sierra de Algairén y la curiosa historia de nuestro calendario

Hoy quería presentaros una especie de roble, proponiendo una excursión y de paso contaros un par de curiosidades que sorprenderán (al que nos las conozca al menos).  ;)

Quercus petraea, el roble albar, es una de las numerosas especies de robles que podemos encontrar en la geografía aragonesa.

En el bosque de la Sierra de Algairén

Para conocer un poco más este árbol podemos realizar una ruta en la Sierra de Algairén (Zaragoza), partiendo del pueblo de Aguarón, en el paraje conocido como "el Santo de Aguarón"; ascendiendo hasta el Pico Valdemadera (1.276 m) y descendiendo por otro sendero hasta el Raso de la Cruz (ya en Cosuenda) y volver al Santo de Aguarón, en una ruta circular.
Por supuesto, existen otras múltiples opciones, con tal vez más ejemplares de roble albar; como la más conocida ruta balizada de Mosomero.  En cualquier caso, es una Sierra en la que podemos encontrar bonita y abundante vegetación.

Hojas silueteadas del roble albar en el bosque

Al igual que en el post dedicado al rebollo, no voy a contar demasiados detalles, ya que en internet se encuentran descripciones más claras y precisas del roble albar de lo que yo pueda contar.

Resumiendo, los albares son grandes árboles caducifolios, de hasta 40 metros de altura y que pueden llegar a vivir más de 800 años.  Para los más técnicos, diré que son monoicos y principalmente alógamos (ver explicación sencilla aquí).  La fecundación es anemófila.

Los robles común (Quercus robur, el conocido "carballo") y albar son los más importantes de las 13 especies de los llamados "robles blancos" que existen en Europa.

Lo que me gustaría que quedara claro es que el problema para identificar este árbol es el mismo que para casi todos los robles: puede presentarse muy hibridado con otras especies de su mismo género (hibridación interespecífica); por lo que los caracteres intermedios que presentan pueden dificultar su identificación.  Es más, existe tanta variación intraespecífica, que el mismo concepto de especie es cuestionado.

Inconfundibles hojas de roble

El lío es tal, que ni los autores no se ponen de acuerdo en las clasificaciones, por lo que según el libro que leamos podemos encontrar distintas denominaciones (en este libro explicación sucinta y clara del tema).  En cualquier caso, para los habituales del Pirineo oscense, el roble principal que nos encontraremos es el llamado Quercus gr. cerrioides.  Es el típico "quejigo" que todos conocemos, pero que dependiendo de la zona, puede estar hibridado o ser confundido con Quercus humilis, o incluso Quercus faginea, o incluso con nuestro Quercus petraea.    

No obstante, y aunque no sepamos bien que Quercus tenemos delante (o encima), podremos disfrutar de un bonito robledal en esta zona, que es a lo que vamos.

Bonito y tupido bosque durante casi toda la excursión

Hoy en día la mayor parte de los robledales que podemos visitar ya se encuentran gestionados.  En Europa quedan pocos robledales prístinos, como el precioso bosque de Bialowieza en Polonia.

Y además de gestionar su famosa madera (a quien no le gusta tener una barrica de esta especie en el trastero  ;-)  ), los robles son conocidos por ser "especies veceras" (un año hay buena cosecha y el siguiente no), y los otoños de buena cosecha en algunos sitios como el País Vasco, aún se usan para engordar a los animales.  Es la conocida "montanera".

En cuanto a la ruta, ésta parte desde detrás del llamado "Santo de Aguarón", en un camino muy marcado.  No perdemos el camino hasta que desemboca en la carretera A-1504, que sube al Puerto de Codos.


Antigua carrasca monumental en "el Santo de Aguarón".
Ahora muerta y "decorada" por algún "artista"

Caminaremos un trocito de carretera (600 metros escasos) hasta la primera curva muy cerrada, donde se ve nuevamente el sendero a nuestra derecha; que se introduce nuevamente en el bosque y sube sin pérdida hasta el pico Valdemadera.


Vista del Pico Valdemadera desde la Cabaña de la Nevera.

El sendero asciende primero por un pinar y después por un bosque mixto con un bonito sotobosque.  Muchas especies para ver, como el curioso rusco (Ruscus aculeatus), con sus falsas hojas o filocladios.  Lo que parecen hojas son tallos aplanados y las verdaderas hojas son minúsculas.  De hecho, las hojas son la única parte de esta planta que no hace la fotosíntesis.


Ruscus aculeatus y sus cladodios


Acer monspessulanum


Sorbus torminalis


Ruscus aculeatus e Ilex aquifolium

Tras andar lo que queramos por el ancho cordal que veremos en la cima, descendemos por el mismo camino hasta el primer rellano, donde veremos unos carteles  (ya hemos pasado por ellos a la subida) que señalan a la izquierda (Norte).  Ahí nos introducimos en un bosquete fresco y bonito, donde podremos observar a nuestro Quercus petraea.

Vistas desde Valdemadera hacia el norte.  La extensa planicie con Aguarón y Cariñena.

Podemos bajar por el llamado Barranco de Valdecerezo hasta que nos topemos con el Raso de la Cruz (un merendero) o acortar por un camino anterior que salga a la derecha (noreste).  


Excepto en pleno verano, cualquier época es buena para recorrer estos caminos

En cualquier caso, iremos a parar a la pista que une el Santo de Aguarón con Cosuenda, con lo que solo tenemos que cerrar el círculo.  Una excursión de unas pocas horas y un desnivel de unos 600 metros.

Extensos pinares de la cara norte de la Sierra de Algairén

Desde la cima de Valdemadera  y mirando hacia el sur, vemos un primer valle, formado por el Río Grío; que separa esta Sierra de Algairén de la Sierra de Vicor.  
Detrás de esta Sierra de Vicor se extienden un montoncito de pueblos serranos.  A pie de sierra y siguiendo la ribera del Río Perejiles nos encontramos con Mara, Miedes, etc.

Por cierto, que si vais y no sois de la zona, os extrañará un gran grupo de antenas y una especie de Observatorio al fondo (se ven también desde la autovía A-2, hacia Madrid, a la altura de El Frasno).

Vistas hacia la Sierra de Vicor.  
Al fondo, radar del Observatorio militar estadounidense

Lo llaman EVA o "Escuadrón de Vigilancia Aérea" y es un radar militar estadounidense.  No me preguntéis qué pinta ahí, pero así es.  El lugar incluye un telescopio-robot del Centro de Astrobiología del CSIC. 

 Escuadrón de Vigilancia Aérea de Inogés (foto extraída de Panoramio)


Y por último, una curiosidad muy poco conocida es el episodio que acabó marcando el inicio de nuestro año en el calendario y que tuvo como protagonista el actual pueblo de Mara.
No sé si habéis pensado alguna vez en el origen del nombre de los meses del año.
Resumiendo, nuestro llamado calendario gregoriano en realidad proviene ya de la época romana, donde originalmente el año tenía 10 meses y comenzaba con el Equinoccio de Primavera en marzo.
Los primeros meses fueron nombrados en honor de alguien (marzo del dios Marte, Julio de Julio César, Agosto de César Augusto...) y los últimos que hacían referencia a un mero ordinal: Septiembre (7º), Octubre (8º), noviembre (9º) y diciembre (10º).  

Después se crearon los meses enero y febrero (para cuadrar) pero el año seguía comenzando en marzo. 

Pues bien, en el actual pueblo de Mara se extendía la poderosa ciudad de Segeda, capital de los celtíberos llamados "Belos".  Tan grande era que la muralla tenía 8 km de perímetro. 


En pleno Sistema Ibérico, escenario de episodios épicos

Roma pactó con Segeda una paz en el año 179 a.C., a cambio de que ésta no ampliase sus dominios; aunque finalmente y después de denuncias de incumplimientos del pacto, Roma declaró la guerra a Segeda.

Tal era el poder de esta ciudad que Roma acabó por implicar a todo el Mediterráneo en la guerra.  Mandó a esta Sierra de Vicor más de 30.000 hombres procedentes de Italia y diversos países aliados y colonias; el doble de lo normal. 

De hecho, en los preparativos Roma tomó finalmente dos decisiones sin precedentes: 
Para dirigir la guerra, en lugar de un pretor (el cargo habitual), designó un Cónsul (el cargo político y militar de mayor rango en la República).
Además, y para preparar con mayor agilidad el ataque, se ordenó que dicho Cónsul tomara posesión inmediatamente.  Como dicho nombramiento solo podía ocurrir a principio de año, Roma no se anduvo con contemplaciones y ordenó directamente cambiar el inicio de año a la fecha más cercana, el 1 de enero, entonces una fecha sin importancia.

Y así fue como Mara y esta Sierra de Vicor entró en la historia de un modo que pocos conocen.

Espero que os haya entretenido la anécdota.  
¡¡Viva San Lorenzo!!

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