jueves, 16 de mayo de 2013

Jánovas (Huesca)

Los datos de este texto están extraídos del completísimo libro “Jánovas. Víctimas de un pantano de papel”, de Marisancho Menjón Ruiz.  Lo preparé hace ya tiempo, cuando leí que ya estaba concluida la redacción de los planes de rehabilitación de Jánovas, Lavelilla y Lacort; pueblos expropiados hace más de 50 años para la construcción de un teórico pantano, que nunca se llegó a hacer. 
 
Jánovas sigue esperando

El pantano de Jánovas, que no es más que el proyecto del aprovechamiento hidroeléctrico del río Ara, nació alrededor de 1911, cuando un alto representante de la burguesía catalana solicita dos concesiones de caudales del río Ara: una en el T.M. de Fiscal y otra en los TTMM de Albella, Jánovas, Boltaña y Aínsa, para producir energía.  Tras varios cambios de titular, y ya en 1917 constituida en Sociedad, “Aplicaciones Industriales”, obtiene la aprobación de estos saltos (salto es el lugar de donde se obtiene la energía), sumados a otros dos en el Cinca: el de Escalona y el de Laspuña.  La intención de la empresa era el aprovechamiento conjunto de los dos ríos, ya que desde el principio se consideró que únicamente el Ara no sería rentable, por haber poco desnivel. 

El Ara en Jánovas.  Precioso entorno que iba a servir de cerrada de la presa

Por otro lado, y aquí surge el problema, en 1915 surge la Ley de Riegos del Altoaragón, donde el Estado daba, con carácter preferente, la explotación de todas las aguas de las cuencas del Gallego y el Cinca.  Así que eran dos los intereses que se enfrentaban, ya que no suele coincidir el momento en que las hidroeléctricas y los regantes necesitan desembalsar, debido a que el consumo de electricidad es mayor en invierno, mientras que los campos precisan el agua principalmente en verano.

Los desacuerdos entre ambas pretensiones originan que el proyecto sea continuamente modificado por “Aplicaciones Industriales”, aumentando cada vez más la altura de la presa para generar más electricidad y compensar las pérdidas por el agua de riego.  En 1929 otra nueva solicitud era ya la de una presa de 55 m, que inundaba por tanto Jánovas, Lavelilla y Lacort. 

El Estado seguía sin ver clara la rentabilidad de la presa, por lo que “Aplicación Industriales” desiste y vende su concesión a una nueva empresa creada, Iberduero.
Iberduero se pone rápidamente manos a la obra y aumenta la altura de la presa (de 55 m se pasa ahora a 90 m) y el volumen embalsado.  Con esta nueva y potente hidroeléctrica comienzan los problemas, ya que el Estado declara el proyecto de Utilidad Pública en 1951, “a efectos de expropiación forzosa de terrenos y bienes afectados”. 

 Vistas de Jánovas

Aún con todo, Iberduero no estaba contento con el Estado, ya que seguía teniendo que compartir el uso con los regantes, que estaban creando nuevos regadíos en los Monegros.  Por ello, decide ampliar nuevamente el proyecto, cambiando el “Salto de Fiscal” por el “Salto de Javierre”, proyectando un nuevo pantano en Sarvisé.  Así pues, en 1952 el Estado da otro nuevo plazo a Iberduero para un nuevo proyecto.

Para complicar más el tema, en 1955 otra hidroeléctrica, ENHER, redacta el proyecto del pantano de El Grado, complementario de Mediano.  Cuanto más alta fuera la presa de Mediano, menos desnivel tendría Jánovas para generar electricidad, por lo que se decide retrasar el inicio de las obras una vez más.  Al final, en 1963, Iberduero compra las concesiones para ser el único con derechos sobre las aguas del Ara  Entonces empezaron los problemas.

Los primeros afectados directos fueron los 14 pueblos de la llamada “Solana de Burgasé”.  En 1961 se les obliga a desalojar para repoblación forestal, ya que, resumiendo, la erosión que se produce en esos terrenos acaba aportando tierra a la zona del embalse. 

 La Solana, toda reforestada

Para evitar papeleos y tiempo con la expropiación, Iberduero fue comprando terrenos.  Es relativamente sencillo dividir y convencer a la gente, cuando le adviertes que de todas formas, la vas a echar, aparte de lo que supone meterte en juicios con una hidroeléctrica (imaginad en el año 60).  Tras varias visitas a abogados en Zaragoza, varias familias empezaron a vender.  Las primeras, como siempre, las más pudientes, que empezaron una nueva vida en Barcelona, Zaragoza…pero, ¿y los que no tenían propiedades, más que un oficio, un pequeño huerto y unos animales?, ¿A dónde ir?.  
 
 Tricas, uno de los pueblos de la Solana; también desalojado por el embalse "de papel"

Este era el caso de los Buisán y los famosos Garcés.  Ellos notaban que algo raro sucedía, ya que lo normal es que la presa se haga con el pueblo aún vivo, como en Barasona, Tiermas, Fayón (famosas imágenes de la gente, que no se había querido marchar, saliendo en barcas por los balcones), o Mediano.  Pero en Jánovas no.  Iberduero compraba, pero la obra no empezaba.

Frescos de la Iglesia.  
Si hay un Dios, no hay duda que lo vio todo. Tal vez al final haya justicia

Como en Jánovas la gente tampoco se iba, Iberduero decidió empezar a dinamitar las casas de la gente que había marchado, sin avisar y para “convencer” de que iba en serio.  Debido a las barbaridades que se produjeron, hasta la Guardia Civil actuó y se prohibió seguir dinamitando con la gente dentro del pueblo.
Otro episodio traumático fue el cierre de la escuela.  Ya que aún había niños en Jánovas, desde el Ministerio en Huesca no se permitía el cierre de la escuela, aunque el edificio era ya de Iberduero.  Para lograrlo, consiguieron echar a la maestra; trajeron otra, que también marchó.  La tercera sustituta ya debió cabrearlos, por lo que el 4 de febrero de 1966, Jesús Alonso González, empleado de Iberduero, se presentó en la escuela, de una patada tiró la puerta, entró jurando e insultando, agarró a la maestra por los pelos y la sacó fuera.  Detrás, a patadas y empujones, salieron todos los críos.  El problema de la escuela había quedado resuelto, pues nadie quiso volver.  

 Triste imagen de la escuela, con la pizarra esperando a algún niño

En los siguientes años, los empleados de Iberduero se dedicaron a de todo un poco: labrar los campos sembrados por la gente, romper acequias, destrozar el molino (que abastecía de electricidad a toda la Solana y el Valle de Vió), etc (ya que por otra parte, todo era suyo).  También llegaron y cargaron en un tractor todo lo de la iglesia, santos, campanas, pila bautismal...dejandolo como uso para corral de cabras. 

 La iglesia, en una foto reciente

En aquella época, las dudas de Iberduero sobre la rentabilidad eran ya enormes y se decide ampliar nuevamente el proyecto de embalse.  Tantos años llevaban de estudios, que el plazo de presentación se les acabó en 1967.  Aún así, presentaron una solicitud de prórroga en 1971, por estar “en estudio”.  ¡Y la prórroga se admitió! (ya que justo entonces vencía el plazo legal, por llevar 20 años, desde 1951, sin hacer nada).
Iberduero presenta un nuevo informe, en el que solicita ampliar nuevamente la presa, hasta los 120 m de altura, embalsando 548 Hm3 (el mayor de Aragón), para que resultase económico (seguían teniendo que compartir el agua con los regantes).  La nueva solicitud inundaba tres pueblos más, Santa Olaria, Ligüerre y Javierre, y los términos de San Felices, Borrastre, Planillo, Albella, San Juste, Arresa y Fiscal.  Aún con esas cifras, tenía duda de la rentabilidad (con que imaginad con la que tenía concedida, de “solo” 189 Hm3). 
 
 Javierre de Ara, otro de los lugares que vio su historia cercenada por el pantano

A esas alturas había emigrado ya todo el mundo, excepto el matrimonio de los Garcés (y los Buisán, que iban para verano).  Debido a ello, comienzan las presiones.  Desde Patrimonio Forestal, donde trabajaba, le llega una carta de despido.  Por tres veces les taparon el puente de acceso al pueblo, cruzando raíles, echando cemento, quitando los maderos (el Estado impedía tirarlo)…Como dice Emilio Garcés, “cuantas más putadas nos gastaban, más ganas teníamos de quedarnos.  No iban a poder con nosotros”.   De todas formas, como ni al Estado ni a Iberduero le corría mucha prisa, ninguno de los dos se atrevía ni a seguir para adelante, ni a desechar todo el proyecto.

Debido al paso del tiempo, y según la Ley de Expropiación Forzosa, si 5 años después de la expropiación, no se han comenzado las obras, se deben revertir todas las tierras a sus propietarios.  Los vecinos solicitaron la reversión 2 años antes de acabar el plazo (según la ley), así que fue pasando el tiempo y el día antes de vencer el plazo para revertir, el 29 de diciembre de 1982, la empresa colocó un cartel por obras en la entrada del pueblo, llevó dos palas mecánicas y se levantó acta notarial.  La empresa disponía ahora de nuevos plazos. 

Después de todo ésto...¿hacemos como si nada hubiera pasado?

Iberduero redacta un nuevo proyecto en 1983, y consigue por fin que surjan efectos las presiones.  Los Garcés; “acompañados” por 14 Guardias Civiles, el Gobernador Civil de Huesca y un empleado de Iberduero, “acceden” a marchar del pueblo a Campodarbe, donde les dan una casa y tierras.  Al llegar se dan cuenta que tales tierras no existen y la casa está espaldada, por lo que vuelven rápido a Jánovas, pero ya es tarde.  Durante el trayecto la empresa ha tirado su casa.

Avisados los Buisán, vuelven a su casa, para defenderla del desahucio, aunque de nada sirvió. La Guardia Civil llegó, entró, tiró por la ventana todos los enseres de la casa, muebles, vajilla… y picó suelos y paredes, hasta dejar solo el tejado y los muros.  Eso sí, les sacaron el puchero del fuego y se lo dejaron en la era.  “Por si quereis comer”, les dijeron.  Ya no hubo más vida en Jánovas, aunque hoy en día la presa siga sin hacerse.

Debido a los continuos desmanes, el primer Justicia de Aragón, Emilio Gastón, decide intervenir solicitando informes a la CHE (Confederación Hidrográfica del Ebro) y la DGA.  Lo que le contestan está bien claro, la obra sigue sin hacerse porque Iberduero es contrario a los caudales ecológicos impuestos por ICONA y a compartir la presa con los regantes.  Si el Estado no cofinancia las obras, Iberduero considera inviable la obra.  Finalmente, la CHE remite el expediente a Madrid recomendando denegar el proyecto.
Finalmente, llegan a un acuerdo: El Estado expropiaba la concesión a Iberduero, y hacía la obra con dinero público, ofreciendo luego a la empresa su aprovechamiento hidroeléctrico.  De esa forma, desde el primer céntimo serían ganancias para la empresa.  Así, la obra se incluyó en el Pacto del Agua de 1992 y en el Plan Hidrológico de la Cuenca del Ebro (con los informes negativos de la CHE, la Abogacía del Estado y la Comisaría de Aguas).
Además, en 1991 los vecinos había vuelto a solicitar la reversión, ya que habían transcurrido otros 20 años sin hacer ni una obra.  Esta vez fue además el Defensor del Pueblo el que les dio la razón.  Reconocía a los afectados el derecho a restituirles las tierras.

Pese a ello, Iberdrola (ya no era Iberduero), presenta otro proyecto para evitar la nueva reversión justo a tiempo, por lo que en 1995 se deniega nuevamente la reversión.  Para entonces, Iberdrola había vendido los derechos a ERZ (grupo ENDESA).  La historia se había vuelto a repetir.

En los últimos años un montón de instituciones han entrado en el problema: COAGRET (Coordinadora de afectados por grandes embalses), el COMENA, SEPRONA, Asociación ARA…y comienzan las disensiones dentro del propio MIMAM (Ministerio de Medio Ambiente), con opiniones claramente en contra del embalse, por muy diversas razones.

Curiosamente, fue un político de vacaciones en Ordesa, secretario general del MIMAM, el que fue convencido para “hacer las cosas bien y dejar trabajar al técnico responsable.  Que se firmaría lo que el técnico dijese”.  El caso es que su actitud le costó el puesto (en esa época estaba de Secretario de Estado de Aguas Benigno Blanco, recien llegado de la Directiva de Iberdrola), pero logró publicar en el BOE de 10 de febrero de 2001 el informe real, la Declaración de Impacto Ambiental del Salto de Jánovas: Negativa, por lo que no se considera pertinente su construcción.

Ascaso, desde lo alto, testigo de todo este sinsentido

Además, en 2003 la Audiencia Nacional obliga a la CHE a tramitar el expediente de caducidad de las concesiones del Cinca y el Ara (92 años después de su inicio, sin haber empezado las obras!).

Y en eso se resumen los últimos 100 años en Jánovas: se tuvieron en cuenta los intereses de acá, de allá, de esta empresa, de la otra; pero nunca a las personas. Es el relato de lo que sigue ocurriendo hoy en día, cuando los intereses de particulares chocan contra los de una gran empresa: Lograron expropiar 17 pueblos y mantener las obras sin empezar durante un siglo sin que pase nada.  Así funcionan las cosas en esta sociedad.

Debido a que tarde o temprano empezarán las obras (según la noticia ya han desbrozado todo el pueblo), es totalmente recomendable una visita a este pueblo sobrarbense, para ver un ejemplo de lo que nunca debió haber sido. 

 Famoso "reló" de sol de Ascaso





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