miércoles, 27 de marzo de 2013

El Hospital de Bujaruelo/Buxargüelo

Los pueblos abandonados es un tema que siempre me ha apasionado.Creo que es un tema imposible de describir sin acabar viéndote involucrado.
Este post y otros similares son un pequeño homenaje a otras formas de vida que quedaron atrás.  Sociedades que no pudieron con la gota que colmó su vaso, la expansión industrial de mediados del siglo pasado; pero también sociedades que fueron desapareciendo a lo largo de muchos siglos, ya que por multitud de causas que iremos relatando, han sido muchos los pueblos que se han visto obligados a desaparecer.

El post de hoy va a estar dedicado a uno de aquellos antiguos “Hospitales”.  El gran número de viajeros que por uno u otro motivo cruzaba el Pirineo hacía necesaria la existencia de albergues en los pasos más complicados, bien para coger fuerzas antes de cruzarlo, bien para reponerse después de haberlo hecho.  Eran los llamados “Hospitales”.  Aún ahora podemos encontrarnos con los restos, rehabilitados o no, del Hospital de Benasque, de Tella, de Gistaín, de Parzán, etc.
Para hacernos una buena idea de cómo eran los lugares en la época, una lectura muy recomendable es “El Pirineo antes de Briet”.  Una recopilación de textos que escribieron grandes pirineistas como Louis Ramond de Carbonnieres, Russell, Chausenque y un largo etcétera.  Ahí encontramos minuciosas descripciones, que delatan cómo condiciones de vida que nos parecen propias del medievo, se alargan en nuestro Pirineo hasta bien entrado el siglo XIX.

El río Ara

En este caso encontramos a Ramond de Carbonnieres, primera persona en hollar oficialmente el Monte Perdido y en cuyo honor el Pico Añisclo pasó a denominarse Soum de Ramond,  cruzando por Gavarnie y llegando a Bujaruelo.
A los franceses les sorprende que la parte española está mucho menos poblada, siendo mucho más salvajes, según su opinión, tanto el terreno como sus pobladores.
Dejaos transportar por su relato, imaginándoos en su compañía y viniendo de Francia a través del Col de Boucharo, a lomos de caballerías, un jueves 8 de septiembre de 1792, mientras trata (según dice, con poca fortuna) de tomar notas con su pluma:

El hospital aparece por fin (…).  Un arco abovedado que cruza el torrente, el hospital, una capilla, dos casas de criados y un molino bien construido; dos campos apenas desbrozados son los únicos vestigios de la presencia del hombre.
El hospital, sucio, incómodo, mal abastecido, es, sin embargo, el mejor de la región.  La caballeriza es el habitáculo más bonito (…).  Como de costumbre, la cocina no es más que una vasta chimenea donde el humo circula libremente antes de escaparse por lo alto de la techumbre (..). El hogar está al menos guarnecido por un tronco enorme que arde y la luz no falta.
Aquí se usa profusamente la raíz de pino, más resinosa cuanto más expuesta está al sur, y es más abundante aquí que en Francia.  Los que van y vienen por la casa la recorren armados de teas hechas con esta raíz.  Las mujeres están ennegrecidas por el hollín; las habitaciones también.  Los moradores pasean su antorcha en medio de los torbellinos de humo que circulan.

 Camino del Hospital de Bujaruelo

La descripción que hace de la comida que le dan y la “cama” que le ofrecen es aún peor, por lo que no tarda en marchar de dicho Hospital.  No obstante, ya comenta que es el mejor de la región, pues muchos Hospitales de la época constan de una única habitación, con idéntica ancha chimenea en la que el humo circula libremente.  A su alrededor se come y a su alrededor se duerme, en montones de paja y tapados con una manta.
El malestar añadido para Carbonnieres es la desconfianza con la que se miraba a los transeúntes.  Según su relato, en Hospital de Bujaruelo se encontraba relativamente a salvo, ya que había un buen puñado de montañeses del valle de Barèges; mientras que si bajaba a Torla las cosas podían empeorar.
Torla lo considera un lugar grande, donde los franceses están en minoría y donde los oficiales públicos de vez en cuando se toman su revancha.  Es una época en la que tampoco funcionan las cosas igual, ya que poco antes de su visita, montañeses de Gavarnie habían entrado al asalto en la carcel de Broto para sacar a un par de paisanos.

Se puede destacar sin embargo la buenísima impresión que le causan “los más bellos bojes que haya visto jamás y que forman encantadores grupos junto a unos magníficos tejos”.

El nombre de Bujaruelo o Buxargüelo, aunque parece hacer mención del boj, hace referencia al bujaruelo o buxargüelo, un arbusto rastrero más conocido como gayuba (Arctostaphyllos uva-ursi).

 Un habitante del valle

Hoy en día podemos fácilmente imaginarnos esta escena cuando estemos sentados tomando el sol al pie de ese “arco abovedado que cruza el torrente”, observando el antiguo Hospital y la capilla.
Y eso sí, quedarnos a comer y disfrutar del menú de judías blancas y ternera del valle que nos ofrecerán.

Nota: Podéis consultar un interesante artículo que apareció en la revista Serrablo sobre "Bujaruelo en la Guerra de Independencia".

Para más consultas, el Refugio de Bujaruelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada